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Autor Tema: Chantilly, capital ecuestre.  (Leído 1196 veces)
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« : Lunes 21 de Mayo de 2007, 04:21 »

Chantilly, capital ecuestre

@Ana Victoria Suárez/El Confidencial.com

Sábado, 19 de mayo de 2007


 

Cada capital importante tiene localidades ‘satélites’ a su alrededor que suelen albergar secretos contagiados de su grandeza. Lo vimos en Orvieto con respeto a Roma y, en esta ocasión, nos dirigimos a cuarenta kilómetros al norte de París. Hablamos de Chantilly, cuyo castillo y Grandes Caballerizas dejan atónito a aquel que se atreve a acercarse dejando a un lado, por un día, la magnificencia de Versalles o de la propia Ville de la Lumière.

Una de las grandes novelas que encandilan desde la infancia es la historia de Los Tres Mosqueteros, de Alexandre Dumas. El camino hacia Chantilly desde París revive increíblemente las imágenes generadas en nuestra imaginación a lo largo de tan insigne lectura. Tanto la arquitectura de las antiguas posadas, hoy hostales, restaurantes y casas habitadas por afortunados, como los caminos que se cierran a lo lejos entre una espesa vegetación. Caminos que se entrecruzan e invitan a recorrerlos a pie o en bicicleta. Y, por qué no, a caballo, como lo hicieron D’ Artagnan, Athos, Porthos y Aramis en su misión de salvar el honor de la reina Ana de Austria.

De hecho, Chantilly está muy ligada al mundo ecuestre. Allí se encuentran las Grandes Caballerizas, las más bellas del mundo, y el Museo Vivo del Caballo donde disfrutar cada día hacia las tres de la tarde de una exhibición ecuestre. Ligado a estas instalaciones existe en las inmediaciones un centro de entrenamiento para caballos de carreras y un enorme club de polo. El museo viviente se hace patente por el olor nada más entrar. Sin embargo, esa sensación a priori algo desagradable se olvida inmediatamente cuando comienza el cara a cara con los equinos: rocines, percherones, potros, ponys e, incluso, entrañables asnos.

Además, muestra los entresijos de la equitación académica a través de las colecciones de coches, calesas, jaeces, monturas, cuadros ecuestres... y una curiosa sala más propia de veterinarios cuya exposición puede levantar el estómago a quienes no soporten la visión de ciertas interioridades orgánicas.

Este centro forma parte de las reformas y ampliaciones que el Duque de Borbón, jefe de la familia Condé, artífice del palacio que se contempla desde la gran entrada de las caballerizas. El castillo de Chantilly es más conocido por el museo Condé y su colección pictórica privada, la mayor de Francia y la segunda de cuadros antiguos por detrás del mismísimo Louvre. El museo tiene ‘joyas’ de Rafael, Van Dyck, Delacroix así como una colección de manuscritos de la época del Duque de Berry. Un placer para los amantes del arte pictórico más exquisito y, por supuesto, del arquitectónico.

Un camino empedrado conduce con una leve cuesta hacia le château de Chantilly. Muy leve, porque la bella edificación y sus jardines conforman una enorme llanura inabarcable con la vista. Se trata de un edificio autónomo de una planta con pabellones laterales construido entre 1721 y 1736 emulando Les Invalides de París. Todas sus estancias son espectaculares: las galerías de pinturas, la biblioteca, los apartamentos privados, la capilla... y, por supuesto, los parques en los que toparse con el templo de Venus, el puente de los grandes hombres, la casa de Sylvie, y el cercado de canguros. Además, los espacios de agua tienen gran protagonismo y se puede realizar una visita en barco.

Su encanto no ha escapado, por ejemplo, a personajes como Ronaldo que eligió este lugar para su especie de boda con la modelo Daniella Cicarelli, pero también a numerosos cineastas cuyas películas tienen como escenario estos muros. La última ha sido Marie Antoinette de Coppola.

Hoja de ruta:

Cómo llegar: Desde París, en automóvil coger la A1 Autoroute du Nord. Por comodidad, se recomienda alquilar un vehículo para visitar Chantilly. Si el viaje es concertado, las agencias de viajes pueden programar la visita.

Dónde comer: Para no alejarse demasiado de los recintos más turísticos, las Grandes Caballerizas albergan un restaurante donde disfrutar la mejor cocina francesa. Y muy cerca de la zona de aparcamientos se encuentra el bar L’etrier, donde tomar un primer tentempié. Dado el carácter campestre, también se recomienda comprar previamente la comida y disfrutarla en los espacios abiertos adecuados para ello.

Más información:

http://www.chateaudechantilly.com/
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