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Autor Tema: Un día con Cáritas Diocesana Canarias  (Leído 3417 veces)
gaia
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« : Lunes 25 de Mayo de 2009, 05:37 »

Cara a cara con la pobreza

Cáritas Diocesana Canarias es, sin duda, una de las organizaciones que más están haciendo por apoyar a los desfavorecidos en estos difíciles momentos económicos; hemos compartido un día con ellos

        

 

 

[24/05/2009]


MIGUEL F. AYALA 06.00h laprovincia.es Saludo



Poca laca y pocos alzacuellos, sotanas y hábitos en el día a día de la sede de Cáritas, y menos aún a las seis de la mañana, cuando comienza el trajín en el patio del edificio de la avenida de Escaleritas, en Las Palmas de Gran Canaria. En la cocina a esa hora ya se preparan el desayuno y el almuerzo para las personas acogidas en el Hogar Mafasca, una treintena larga de hombres y mujeres en situación de desamparo que pernoctan allí mismo, en la planta alta del edificio. "Se desaloja una plaza y ya hay otro para ocuparla", chiva una de las amables cocineras. "La cosa está mal", explicará unas horas más tarde casi sin pestañear Ana Margarita Rivero, coordinadora de los programas de Acción Social en la provincia de Las Palmas. Tiene 35 años, es una de las máximas responsables técnicas de Cáritas Diocesana de Canarias y por sus manos pasan desde los programas de apoyo familiar a los de inmigración, empleo o mujer... "Después de diez años en esta casa", dice, "las situaciones que nos llegan continúan sorprendiendo. Cáritas es una escuela de humildad". La crisis económica, por ejemplo, le preocupa "porque son los más pobres quienes peor lo están pasando", pero reconoce que "antes de que se hablara de la crisis aquí había mucha gente que necesitaba ayuda y no se ha previsto que pudiera suceder algo así. Hemos vivido unos años boyantes, de gran riqueza, y sin embargo no ha disminuido la población vulnerable, aquellos que llegan mal a fin de mes y, por lo tanto, no pueden ahorrar. Para ellos", explica, "quedarse sin empleo supone quedarse sin nada". Mientras, en el patio ya desayunan los beneficiarios del programa de atención a Personas Sin Hogar e Inmigrantes junto a los educadores. Huele a café en el edificio mientras la ciudad comienza a bullir.

08.02h Ana no está sola. A las ocho de la mañana ocupan sus puestos de trabajo los 120 empleados y los 80 voluntarios, que son el día a día de esta organización religiosa donde parecen más preocupados por ayudar y solventar problemas que en lanzar proclamas religiosas. Sólo algún crucifijo nos recuerda en algún momento del día que Cáritas es parte de la Iglesia. En la recepción del edificio, sin ir más lejos, se encuentra uno colgado muy cerquita de un tablón de anuncios repleto de carteles. Absolutamente todos son de personas que buscan empleo. Y en uno se lee "me ofrezco para lo que sea". Quizá lo haya colgado allí uno de los hombres de entre 40 y 50 años que esperan sentados en el hall o el patio con la mirada clavada en el suelo. "Claro que ha aumentado el número de solicitudes de ayuda en Cáritas, lo que sucede es que nosotros siempre estamos a tope, con mucho volumen de trabajo y casi no nos damos cuenta de ese crecimiento. Pero existe, lo notamos sobre todo en las parroquias", cuenta Ana Rivero. Como ejemplo pone luego una trabajadora social la iglesia del Espíritu Santo, junto al Pepe Gonçalves: en todo 2008 se solicitaron 34 ayudas de familias necesitadas; en sólo un mes de 2009 han sido 72 las familias que han acudido en busca de comida, ropa, medicinas o un poco de dinero. No muy lejos de allí Margarita León Armas, voluntaria de Cáritas, acompaña a un joven africano "a buscar piso". Cada uno ayuda con lo que puede y Margarita colabora con lo que le pidan, por eso se disgusta mucho cuando se entera de que "el piso que fuimos a ver", cuenta luego, "no se lo alquilan al chiquillo por ser negro".

09.45h A diez minutos del paseo de Escaleritas, en la calle Molino de Viento, las prostitutas aguardan en la puerta del Centro Lugo, una iniciativa del Programa Mujer de Cáritas dirigida a la población femenina que ejerce esta profesión. "Detrás de cada prostituta hay una dramática historia pero se solapan con el dinero que les pagan quienes acuden a ellas. Estas mujeres se dedican a esto por factores diversos y se acaban atando. Cuando hablamos con ellas", cuenta Asun Bartolomé, trabajadora social del Centro Lugo, "nos expresan lo más duro de la vida. Hay historias que no salen en los periódicos o la televisión pero por eso no dejan de existir. Es un clamor que esto suceda aún hoy porque a la prostitución se llega por la falta de oportunidades", añade. Los clientes pululan por las puertas de las casas de citas. Acera arriba, acera abajo. Las que no están trabajando, arreglan papeleo con la abogada del centro o charlan con la psicóloga o la administrativa. Un percal parecido tiene lugar en Telde, en Jinámar, donde el Proyecto Mujer, uno de los más veteranos de Cáritas con acciones en San José, La Isleta y La Pardilla, entre otros lugares, cuenta con el centro Malena de apoyo a mujeres maltratadas y la reinserción laboral. "En las instalaciones de Jinámar tratamos con mujeres entre 16 y 60 años", explica Lola Ávila, directora del Programa Mujer. "El perfil de la prostituta que acude a nosotros es de extranjera entre 25 y 40 años y sí que hemos detectado ahora que han vuelto algunas de las habían abandonado la calle. La mayoría trabajaba en labores domésticas y se han visto afectadas por los recortes en el gasto familiar", añade. No lleva Lola muchos años en Cáritas pero la experiencia acumulada le permite afirmar que, "igual que la mujer es la primera afectada en situaciones como las de esta crisis, por ejemplo en la tasa de desempleo, también es cierto que ellas son el principal motor de la familia".

10.30h El edificio de Escaleritas rebosa de gente. Aunque en algún despacho se echan unas risas, la maquinaria no para. Un señor viene a solicitar una ayuda, una señora quiere saber cómo acceder al comedor, un chico marroquí se ata los zapatos en el patio hablando con otros chicos, esperando para comer. Natanael García, responsable de prensa "aunque realmente yo soy informático", revela orgulloso, recuerda decenas de veces al fotógrafo que las fotos en el interior de Cáritas "están prohibidas por respeto a los usuarios". Es sencillo entender que los hombres y mujeres que están allí no deseen airear sus miserias en el periódico aunque alguno, más tarde, se ofrece voluntario a contar cómo el destino le acabó sentando a la mesa de la caridad. En la puerta del edificio de Escaleritas comienza a formarse la cola para comer. A esta hora son apenas 20 pero en un rato serán casi 200. 200 vecinos de la estupenda ciudad que se ve desde las ventanas de Cáritas, azul brillante, verde, fresca, próspera... Si es verdad lo que hay escrito en uno de los carteles del pasillo -"no tener hogar significa mucho más que estar sin techo"; significa vivir "sin afecto, sin tranquilidad, sin orden, sin compañía, sin familia, sin información, sin luz, sin recuerdos..."- quienes hacen cola para comer ni se habrán percatado del maravilloso día que luce Las Palmas de Gran Canaria.

11.00h Daniel no retira los ojos de la pantalla del ordenador. "Estamos actualizando un sistema nuevo para tener registrados a los beneficiarios de Cáritas de toda España", cuenta en el despacho que acoge los servicios de Comunicación e Imagen. Sólo en la provincia de Las Palmas Cáritas asistió el año 2007 -el último actualizado- más de 4.520 ayudas, por lo que parece lógico que exista un registro nacional con el fin de distribuir mejor los programas y las ayudas y conocer con más detalle las demandas, demandas que, por cierto, Ana Margarita Rivero adelanta que "han aumentado". Dentro de unos días se darán a conocer los datos referentes a 2008 en una rueda de prensa pero viendo la cara que pone la joven, parece que las cifras no son optimistas. "¿Qué pasará con esta situación de crisis? En primer lugar", dice sobre los responsables políticos en general, "no se pueden crear situaciones de alarma. Sabemos que es un momento malo pero lo que hay es que trabajar para ver qué se puede hacer en apoyo de los colectivos vulnerables y en situación de exclusión ante situaciones de este tipo a corto, medio y largo plazo. Creo que es el momento de cambiar el orden actual de algunas cosas", asevera, "porque por ejemplo, esos fondos que han surgido y que se denominan de emergencia ya existían, el dinero estaba pero parece que las administraciones en general no han sabido canalizar esos fondos hacia los servicios sociales municipales antes de que estallara esta situación. Aparte de que la solución no es sólo dar dinero, sino articular unos mecanismos que creen empleo. No basta con capacitar y formar si no les ofreces luego un puesto de trabajo". La joven, sentada en una sala de reuniones repletas de ficheros hasta el techo, recuerda entonces que "lo que no puede ser es que Cáritas o cualquier otra asociación como ésta realice un trabajo que deben hacer los ayuntamientos, los cabildos y los gobiernos. Nosotros recibimos subvenciones", 2.579.131 euros en 2008, "pero no es cuestión sólo de dinero, sino de responsabilidad. Hay que diferenciar lo que es una competencia legal con una opción moral, que es lo que hacemos en Cáritas Diocesana".

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« : Lunes 25 de Mayo de 2009, 05:37 »

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« Respuesta #1 : Lunes 25 de Mayo de 2009, 05:38 »

11.45h Ya son unos 200. Algunos conductores frenan en Escaleritas, sorprendidos por la ordenada fila para entrar al comedor de Cáritas. "Hoy hay caldito de papas, pollo asado y arroz blanco, y de postre bombones", cuenta la cocinera. "Llevo muchísimos años trabajando aquí y creo que es la época en que más personas veo pasar por el comedor. Además, son los mismos. Antes iban cambiando porque conseguían trabajo y venían otros; ahora no". Entran los primeros, con su bono y una sonrisa que dice mucho. El comedor, los periodistas ni pisarlo durante los dos turnos de comida "por respeto" a los usuarios. No es adecuado entrar a la casa de nadie cuando están comiendo, si no te han invitado, claro. Y Cáritas no está para invitar a nadie.

12.10h En el patio hay una señora, de pelo negro, sentada sola, con el bolso sobre las rodillas. Es la primera vez que veo a María del Carmen García. Una planta más arriba, Pino Cardero, responsable del programa de Apoyo Familiar, habla de la labor que, junto a 40 voluntarios de los cerca de 1.000 con que cuenta Cáritas en Las Palmas, desarrolla en apoyo de los mayores, "la gente más agradecida del mundo", cuenta Cardero. La labor de sus colaboradores se centra en la zona de Schamann y los alrededores del Gonçalves "y encontramos a muchas personas mayores, solas, con pensiones muy pequeñitas y alguna dependencia física o psíquica". Lo que cuenta aterra: asisten a personas que llevan 10 ó 12 años sin salir de su casa "porque viven en un cuarto piso sin ascensor y no pueden ya casi andar". Eso sucede "en cualquier barrio de la ciudad", dice, "y en la mayoría de los casos son mujeres sin familia. Hay mucha soledad", asegura la coordinadora. "Les visitamos, les atendemos sanitariamente y en algún caso les hacemos algún apañito en la vivienda porque en ocasiones están muy estropeadas", añade sin dramatismo. Como si fuera una soldado que cumple órdenes: ésta es su misión y no pierde ni un segundo en lamentaciones. Le pregunto a Ana Margarita Rivero si "hay siempre este trajín en el edificio" y ella responde agitando la mano con un significativo "¡buff!"

12.58h En la segunda planta se sitúa el despacho de Sebastián Acosta, coordinador del Programa de Juventud. Hay mucho que hacer, según explica, en materia de educación con los chicos y chicas. Como trata con "jóvenes de familias desestructuradas y estigmatizadas, que se desarrollan en ambientes de paro y consumo", opina que "la actual crisis no les afecta demasiado". Trabaja con cinco personas más en Jinámar y La Paterna. Es joven, y seguro que conecta rápido con los muchachos y muchachas. Es directo, cercano, va en vaqueros, lleva barbita recortada, camiseta... "¿Dónde están los curas?", me pregunto otra vez. En el despacho de al lado se encuentran Asun Bartolomé y Lola Ávila ojeando algo en Internet, y a 15 minutos en coche, en Lomo Blanco, están también que no paran con un proyecto de recogida de ropa que se llama Tabita. "Parte del género que nos donan, aquel que no se quedan las parroquias para sus usuarios -Ropero Parroquial lo llaman-, las sometemos a un proceso de lavado y las arreglamos, si hiciera falta, para venderlas después en el mercadillo a uno o dos euros en un proyecto donde trabajan personas necesitadas y de difícil inserción laboral", explican.

14.20h Ya se ha dado de comer a todo el mundo. Los voluntarios se han ido largando poco a poco. El edificio se vacía pero en el almacén continúa liado Manolo Martel, su responsable, que ordena cajas de bombones Lindt. "Se han portado muy bien y nos han enviado muchísimos", dice contento rodeado de latas de remolacha, bolsas de lentejas, garbanzos, judías, cajas de plátanos, naranjas y puerros, botes de Cola-Cao, rollos de papel, garrafas de agua... Todo es fruto de las donaciones y la verdad es que se hace poco. Llega un señor de Mafasca, donde pernoctan los usuarios más desfavorecidos, a buscar manzanas para los acogidos. Se saludan cordialmente pero sin dejar de trabajar: uno cargando y el otro ordenando cajas. Los ruidos de cacharros y los grifos son la señal de que el comedor está vacío de gente, sólo queda el personal. Las sillas verdes están ya colocadas sobre las grandes mesas. Todas menos una. En ella está sentada María del Carmen García, la señora de pelo negro que observé antes desde la planta alta del edificio, y no sólo cuenta su historia, sino que se deja fotografiar "a ver si así alguien me ayuda".

15.05h En la puerta de Cáritas, seria pero nerviosa, asustada incluso, Mari Carmen se deja fotografiar. "He trabajado toda la vida pero ahora no tengo ni para comer". Su relato emociona. La van a echar a final de mes de la pensión donde vive, en La Isleta, "porque Cáritas no me la puede seguir pagando". Creo que realmente no es la organización religiosa quien se la paga, pero eso no importa porque esta mujer de 42 años a la que he visto únicamente dos veces, ese día, comienza a llorar como una niña, haciendo incluso pucheros. Somos unos desconocidos pero nos cuenta que está sola. "Estoy asustada porque nunca he dormido en la calle y no me va a quedar otra opción". Sigue llorando más y más. La abrazo porque la situación me desborda y ella se me agarra con fuerza, buscando mi pecho para esconderse de mí, de la gente que pasa y nos mira, y quién sabe si también de la vida. Todo me supera. A mí y al fotógrafo, Santi, que como gesto de respeto guarda la cámara de fotos ya sentados ante un café. ¡Cuántas lágrimas habrán regado esta acera de Escaleritas! "Soy de Tacoronte, viví en Madrid hasta el año pasado, que murió mi hija de 22 años en un accidente de tráfico. Mis padres también murieron y estoy separada desde hace más de 15 años. No tengo nada. No tengo a nadie. No tengo dinero. No tengo trabajo". No tengo, no tengo, no tengo... María del Carmen no para de llorar y seguro que su historia no es la más dura de las que inundan Cáritas cada día, cada hora. Le digo a Maricarmen que si tiene un número de teléfono, para llamarla por si alguien quisiera ayudarla y darle un trabajo al leer este reportaje. Entonces llora otra vez. Dice que le da vergüenza. Que no tiene dinero ni para recargar su móvil. "Yo cuando se me murió mi hija quise envenenarme y ahora lo voy a hacer otra vez". Lo cuenta entre lágrimas y a dos personas que no conoce. "Por favor, ayúdeme". El director de mi periódico quería ponerle cara a la pobreza y yo la tengo delante. Es Mari Carmen García, llorando, sin un puñetero duro en el bolso pero sujeta a él como si fuera lo único que tiene, que quizá sea así. Nadie lo diría si la viese por la calle, pero es ella. ¡Qué bonito está el cielo en Las Palmas de Gran Canaria!

17.00h Lo dijo Ana Margarita, una de las responsables de este espectacular engranaje que es la asociación, cuando nos vimos por la mañana: "Las parroquias son el motor de Cáritas". Lo compruebo por la tarde con Ana Suárez, otra de las técnicos. Estamos en la plaza de la iglesia del Espíritu Santo, un pequeño templo semiescondido en Schamann. Ella me cuenta que "existen alrededor de 120 grupos de Cáritas parroquiales que están formados a su vez por pequeñas parroquias. Cada zona cuenta con determinadas iglesias y una coordinadora o coordinador para cada una de las zonas. Tú vas a hablar con una de las mejores: Belinda Estévez Navarro", dice segura. Me sorprende cuando me encuentro con Belinda porque es voluntaria y conozco a por lo menos una decena de chicas de su edad que un jueves a esa hora de la tarde están tiradas en Las Canteras. Tiene treinta y pocos años, se acaba de casar y allí está, junto a Margarita León Armas, la voluntaria que acompañó al chico africano a buscar piso, y Yolanda Santana, una mujer cariñosa que abraza como una madre cuando te besa. Un enorme Cristo crucificado escucha a Belinda explicar que "la demanda está aumentado en todas las parroquias" de las que ella es responsable. "Vienen a pedir de todo: ropa, alimento, dinero para pagar la luz o el agua, para comprar unas gafas, para medicinas... Pero no podemos atenderlos a todos, así que también les prestamos un poco de asesoramiento, les indicamos a dónde dirigirse..." Entonces se ríen las tres, el Cristo casi que también, cuando recuerdan cómo llegaron unas chicas "desviadas por los Servicios Sociales del Ayuntamiento de la ciudad". La competencia legal y la opción moral que antes decía Ana Margarita vuelven a salir a relucir.

18.15h Ese día en la parroquia hay cola. Una decena de personas esperan en el pasillo a que Belinda, Margarita y Yolanda les atiendan. Hay una chica mexicana, otra ecuatoriana, un chico árabe y algunos canarios. "Las parroquias son el verdadero termómetro, porque es a donde acude la gente a buscar ayuda y la verdad es que ahora todo indica que la situación está caliente", cuenta una voluntaria. Por cierto, que como esa maquinaria que es Cáritas no duerme, recibo a esta hora un correo electrónico de Mª Jesús Rodríguez Gil, coordinadora del Programa de Voluntariado: "El 89,54 % de las personas que trabajan en Cáritas Diocesana de Canarias son personas voluntarias. Las características del perfil del voluntariado es mujer, hay un incremento de personas jóvenes, con estudios y con identidad clara por un trabajo a favor de una justicia social. La mayor participación de los voluntarios es desde el territorio, en las parroquias, donde la proximidad con las personas que se atienden da calidad a los programas y proyectos. Durante el año pasado han participado 931 personas voluntarias, siendo la mayoría las personas que están en las parroquias". ¡Qué pocos voluntarios para una región con dos millones de residentes!

19.00h En las parroquias seguimos nosotros. Belinda y sus colaboradoras hablan de cómo se consigue el dinero: "Las parroquias se financian casi con lo que sacamos en el cepillo. De ahí", prosigue, "un 40 % va al fondo común arciprestal y otro 40 % al fondo común diocesano, para poder repartir entre aquellas parroquias que lo necesiten más o que recaudan muy poquito. Además, como cada vez acude menos gente a la iglesia, pues siempre son los mismos pobrecitos lo que aportan unos euros", cuenta Belinda. Al final les quedan menos de 200 euros para afrontar las peticiones, muy muy poco si se tiene en cuenta que sólo en un mes de 2009 han recibido más solicitudes de ayuda que en todo 2008. "¿Tú sabes lo del milagro de los panes y lo peces? Pues es esto", bromea León Armas. Ana Suárez no se equivocó y Belinda es una trabajadora ejemplar que no sólo lleva al día hasta el último euro, sino que sabe tratar con respeto y cariño a quienes acuden en busca de ayuda.

19.33h "Una sonrisa no cuesta nada", dice después Yolanda. Cuentan ellas que en algunas parroquias se reparte comida, en otras ropa, "en la nuestra", explican, "vales de dinero para ir al supermercado Udaco de aquí al lado". No se olvidan de matizar un detalle: no recibe ayudas todo el que va porque hay que comprobar primero si es cierta la situación que dice sufrir. "Bueno, aquí como en todo existe también picaresca". Por fin un cura. El sacerdote Dionisio Rodado Rivera está junto al voluntario Tomás Torres y Yesenia Bethencourt, la técnico de zona del arciprestazgo de Cáritas en la iglesia de La Paz, en Las Rehoyas. Están realizando una labor de concienciacion entre los vecinos. Cada vez hay más inmigrantes en la zona y es importante que su introducción en el barrio sea cómoda porque eso va a ir en beneficio de todos. "Los notamos con mucha más predisposición", dice sobre los vecinos, la mayoría mujeres, muchas de ellas jubiladas. "¿Esto para qué es?, ¿para la tele?", pregunta una de ellas, fan segura de Ana Rosa Quintana, de esas que se las sabe todas. "¿Y no me pagan?", dice después cuando la fotografían. "Ayer les ofrecimos una charla y hoy vamos a proyectarles una película sobre inmigración, 14 Kilómetros", me cuentan en una iglesia convertida en cine para la ocasión. En la parroquia, además, ofrecen duchas para que los inmigrantes o quien lo necesite "puedan asearse". Yesenia es también joven, como casi todas las personas con las que he ido compartiendo el día, 24 horas casi cara a cara con la pobreza. Se la ve, como al resto, entregada. Agobiada pero sonriente. Cansada pero optimista. Así todo el día. "¿No serán ángeles?", me dice luego la hija pequeña de unos amigos que me ha oído relatar mi inolvidable día laboral. Cáritas enteramente abierta delante de mí. Inabarcable.

20.00h La ciudad se calma poco a poco. En la residencia Mafasca los mismos de la noche anterior vuelven a dormir de caridad. En poco tiempo estará la cena, una noche más como cada noche de los 365 días del año. "No cerramos nunca", bromea Ana Margarita Rivero. El día ha sido duro para quienes hemos compartido estas horas con los integrantes de esta asociación. Ellos están acostumbrados, pero es complicado no emocionarte ante tanta pobreza y ante la grandeza de la gente, de la señora que se deja sacar una foto pese a que come en un comedor de beneficencia o el hombre que te invita a un cigarro sabiendo tú que probablemente sea el último que le quede. Se hace de noche y mientras regreso a casa pienso en todas las personas que he visto hoy y que van a pasar la noche en la calle. Aunque con un único caso sería preocupante, la verdad es que son demasiados los desfavorecidos. ¡Qué bonita está Las Palmas de Gran Canaria de noche!

22.30h La necesidad no sabe de horas. Y la desesperación menos. Es tarde y recibo un mensaje en mi móvil. Es María del Carmen García, la señora que se me abrazó en la puerta de Cáritas: "Hola, Miguel. Soy Maricarmen. Me han solucionado hasta fin de mes lo de la pensión gracias a Cáritas. Por favor, búscame algo porque el día primero estoy en la calle. Gracias por ayudarme y por ser mi amigo ya que no tengo a nadie. Besos". Sólo por divulgar la labor de Cáritas y ayudar a esta mujer ha valido la pena escribir este reportaje. La pobreza no sólo tiene cara. También te llama al móvil.

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« Respuesta #2 : Martes 26 de Mayo de 2009, 02:56 »

Todo es una pena. Invierten y gastan un montón de dinero en otras cosas, como por ejemplo el fútbol, mientras hay muchas personas en la pobreza más absoluta y haciendo filigranas para poder llegar a final de mes, si es q llegan.
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« Respuesta #3 : Martes 26 de Mayo de 2009, 02:57 »

desde luego Polvi.Tienes mucha razón.
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« Respuesta #3 : Martes 26 de Mayo de 2009, 02:57 »

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« Respuesta #4 : Miércoles 29 de Diciembre de 2010, 07:16 »

Cáritas despide a cerca de 20 personas por falta de ayudas

Blanca Esther Oliver  / Las Palmas de Gran Canaria
canarias7.es




 
La reducción de cerca de 200.000 euros en la subvención que el Gobierno de Canarias concede a Cáritas Diocesana de Canarias, junto con otros 200.000 euros de merma en las donaciones particulares a la ONG han hecho que la organización se vea obligada a despedir a unos 20 trabajadores, para poder continuar con su labor.

El director de Cáritas Diocesana de Canarias, Pedro Herranz, confirmó este lunes que ultima la remodelación de la plantilla que debe acometer la entidad, a pesar de los intentos realizados por mantener a todos los trabajadores.

«Estamos en una situación de transición. El Gobierno nos ha recortado entre 180.000 y 200.000 euros y los despidos son inevitables», recalcó. «Ahora estamos en la fase de discusión para que el proceso sea lo menos doloroso posible, pero entre 10 y 20 personas tendrán que irse».

Los presupuestos de la organización para el año próximo han mermado en cerca de 400.000 euros, de los que 200.000 son los que dejará de ingresar el Gobierno de Canarias y los otros 200.000 son las reducciones en donativos y socios de la entidad, que en 2010 ha perdido un 28% de las donaciones. «Estas personas daban entre 50 y 100 euros al año y han sido los más afectados por la crisis, por lo que han dejado de aportar. Todo ello nos ha llevado a esta situación».

Los recortes que entrarán en vigor el próximo 1 de enero afectarán fundamentalmente al programa Personas sin hogar, que es el que más reducción de capital ha experimentado. «Cáritas recibe sus ingresos de las subvenciones nominadas, que son las que aparecen consignadas en los Presupuestos de la Comunidad Autónoma, que se han reducido en un 20%; y de las subvenciones genéricas, que son las que convoca el Ejecutivo para conceder ayudas, y que se han reducido en un 50%.
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« Respuesta #5 : Jueves 28 de Abril de 2011, 16:16 »

Si que es una pena!
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« Respuesta #6 : Viernes 20 de Mayo de 2011, 16:20 »

Es una pena lo que está pasando. En mi familia tenemos algunos que están en el paro, y es el momento de ayudarse unos a otros. A ver cómo salimos de esta.
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