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Autor Tema: Villacañas, Apuntaciones sobre Valle-Inclán y el pasado mañana  (Leído 739 veces)
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« : Jueves 20 de Noviembre de 2008, 11:45 »

jueves 20 de noviembre de 2008
Apuntaciones sobre Valle-Inclán y el pasado mañana

Antonio Castro Villacañas

D ON RAMÓN DEL VALLE INCLÁN, el por tantos motivos extraordinario escritor español, murió en Santiago de Compostela el 5 de enero del año 1936. Había llegado allí, concretamente al sanatorio del doctor Villar Iglesias el 7 de marzo de 1935, aquejado de una enfermedad terminal que le permitió en ciertos periodos de mejorías circunstanciales asistir a determinadas tertulias compostelanas e incluso irse de viaje por algunos lugares de Galicia próximos a la ciudad del Apóstol. Se le enterró un día después en el cementerio de La Boisaca, de dicha ciudad, en una escena esperpéntica digna de figurar en alguna de sus comedias más celebradas.

Valle-Inclán (que no se llamaba realmente así, pero así quiso llamarse) nació y se crió en un ambiente familiar y social profundamente cristiano y dentro de un ambiente político que bien podemos calificar como tradicionalista, y en todos ellos permaneció durante toda su juventud y su primera madurez. Más tarde se dio cuenta de que para triunfar en la esfera literaria y en la política debía adaptarse a los criterios predominantes en la España que vivía los últimos años del siglo XIX y el primer tercio del siglo XX. Por eso se fue haciendo cada vez más izquierdista, incluso dentro de la II República que le había premiado con cargos de confianza en el ámbito propio de sus conocimientos y andares literarios.

La enfermedad y la muerte de Valle-Inclán tuvieron lugar en medio de la creciente y terrible tensión que vivió España a partir del mes de octubre del año 1934 hasta que se produjo el estallido del mes de julio del año 1936.
Valle-Inclán había alcanzado por entonces una posición literaria de gran nivel y tenía numerosos devotos en los dos bandos que día a día radicalizaban un poco más su enfrentamiento. En las tertulias que presidió a lo largo del año 1935 asistieron en Santiago de modo habitual personajes y personajillos políticos y literarios de uno y otro lado. Don Ramón se dejaba querer y no hacía manifestaciones expresas en favor de nadie, aunque la verdad es que en sus últimos tiempos se hizo más de izquierdas, quizá porque fue la izquierda quien más y mejor le amparó desde 1931 en adelante. Lo cierto es que a sus tertulias compostelanas acudían mayor número de izquierdistas que derechistas, y más radicales de aquellos que de estos últimos. Los galleguistas, encabezados por el propio Castelao, le presionaban para que ingresara en sus filas y dejara de escribir en castellano, pero él no se quiso definir, se dejó querer, nunca dijo ni que sí ni que no, y murió sin aclarar cuál era su verdadera visión del galleguismo.

Una postura análoga mantuvo en sus últimos tiempos respecto del catolicismo. Quien nunca fuera un fiel ejemplar, pero sí un declarado cristiano, se mostró al final de su vida excéptico, abúlico y libre de cualquier clase de compromiso público. Avejentado, pero apuesto, inteligente, noble, en pleno uso de sus facultades mentales aunque estuviera enfermo de un avanzado cáncer de vejiga, Valle-Inclán sabía de sobra cuán cerca tenía la muerte. De ello se dolía al final de su existencia: "Me muero, me muero, pero cuánto tarda esto..." Cuidado por su hijo Carlos y algunos de sus amigos, en su mayoría izquierdistas, no se confesó ni recibió la extremaunción u otra clase de ayuda religiosa. ¿Quiere ello decir que murió fuera de la Iglesia? Nadie puede saber lo que don Ramón pensara o sintiera en sus últimos lúcidos instantes de vida, pero sí se conoce que cuando días antes de su muerte se le decía a Valle-Inclán si quería recibir auxilios espirituales, él no se quería definir, nunca contestó que sí o dijo que no, siempre respondió que se lo preguntaran otra vez mañana...

La ceremonia del entierro aclara y complica más las cosas. Del féretro se apoderaron sus amigos de la izquierda, que habían preparado el utilizar este sepelio como una gran exhibición de fuerza numérica e intelectual, y de esta manera lo procesionaron hasta el cementerio. Poco antes de entrar en él se oscureció el cielo y comenzó a caer una inmensa tromba de agua, de modo que fueron pocos quienes casi en tinieblas llegaron hasta la fosa. Al ir a bajar el féretro hacia ella, un muchacho se percató de que el ataúd estaba signado por un crucifijo; se lanzó sobre él para arrancar el símbolo religioso, lo que consiguió tras caer al fondo de la hoya y romper en parte la tapa de la caja del muerto. El final de esta esperpéntica escena fue que el chico salió del barrizal de la fosa con el crucifijo y parte del féretro entre las manos, mientras los sepultureros se apresuraban a echar paletadas de barro sobre la caja sucia y rota que permitía ver o entrever la cara del difunto.

El propio Castelao, símbolo del galleguismo antes y después de su muerte,llevó sobre sus hombros el ataúd. No lo hizo el doctor García Sabell aunque presumiera de ello bastantes años después, cuando fue Delegado del Gobierno popular y centrista en Galicia, porque en 1936 era solo un mero conocido entre los muchos jóvenes que entonces rodeaban a Valle-Inclán. Sí lo hizo Álvaro Cunqueiro, quien siempre presumió de ser pariente de don Ramón a través de los Montenegros, rama familiar verdadera o inventada por cualquiera de ambos escritores...

Alguno de mis posibles lectores se preguntará a qué se debe esta apuntación. La respuesta está en el juicio que del genial escritor hizo público Azaña al día siguiente de su entierro: "él hubiese querido ser, no el hombre de hoy, sino el de pasado mañana". Ahora que tantos, con aviesas intenciones, quieren resucitar una parte del ayer para afianzar su personal hoy, me parece de sumo interés recordar la personalidad de los españoles que tuvieron y tienen una interesante biografía por lo que fueron e hicieron, pero además tienen una proyección hacia el futuro. Todos deberíamos tener en cuenta, junto al ayer y el hoy, el mañana y el pasado mañana de cada cual y el de nuestras particulares o colectivas "unidades de convivencia".
 
 http://www.vistazoalaprensa.com/firmas_art.asp?id=4919
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