Debatimos.com: Opina sin límite
Martes 19 de Noviembre de 2019, 07:13 *
Bienvenido(a), Visitante. Por favor, ingresa o regístrate.

Ingresar con nombre de usuario, contraseña y duración de la sesión
Noticias:
 
   Inicio   Ayuda Ingresar Registrarse  


Páginas: [1]   Ir Abajo
  Imprimir  
Autor Tema: el mito indio y Evo Morales  (Leído 1210 veces)
gaia
Moderador
*****

Valoración: +1521/-10
Desconectado Desconectado

Sexo: Femenino
Mensajes: 54607



« : Mi√©rcoles 12 de Octubre de 2011, 05:39 »

Evo Morales y el mito del indio



Por Mauricio Rojas
LD


 El indio fue un invento de los conquistadores espa√Īoles nacido del equ√≠voco de Col√≥n acerca de las tierras a las que hab√≠a llegado. De la gran diversidad de pueblos precolombinos crearon un nuevo sujeto, una especie de raza o casta previamente inexistente, a la que incluso dieron estatus jur√≠dico en la as√≠ llamada Rep√ļblica de Indios. 

Este invento de un pueblo inexistente caminar√≠a a trav√©s de los siglos, dando origen a todo tipo de falsificaciones y mitos. El √ļltimo de ellos recibe el nombre de indigenismo y ha sido bandera de un nuevo racismo hecho pol√≠tica. Actualmente, son los mismos ind√≠genas, como hoy se usa decir, los que est√°n haciendo a√Īicos la ficci√≥n, al rebelarse contra los que han hecho carrera pol√≠tica en nombre del mito del indio. Este es el caso paradigm√°tico de Evo Morales.

El indio como construcci√≥n, colonial o criolla, fue el otro, el inferior, el sometido, el imberbe al que hab√≠a que proteger y cristianizar, o la mano de obra que explotar ‚Äďcolectiva o individualmente‚Äď. Esa era su alma com√ļn, su nueva naturaleza, con la que se pretendi√≥ borrar las diferencias y la historia. Lo dijo bien el etn√≥logo mexicano Guillermo Bonfil en un art√≠culo cr√≠tico con el indigenismo publicado ya en 1972 ("El concepto de indio en Am√©rica"):

Las sociedades prehispánicas presentaban un abigarrado mosaico de diversidades, contrastes y conflictos en todos los órdenes. No había indios ni concepto alguno que calificara de manera uniforme a toda la población del Continente. Esa gran diversidad interna queda anulada desde el momento mismo en que se inicia el proceso de conquista: las poblaciones prehispánicas van a ver enmascarada su especificidad histórica y se van a convertir, dentro del nuevo orden colonial, en un ser plural y uniforme: el indio/los indios (...) Así, todos los pueblos aborígenes quedan equiparados, porque lo que cuenta es la relación de dominio colonial en la que sólo caben dos polos antagónicos, excluyentes y necesarios: el dominador y el dominado, el superior y el inferior, la verdad y el error.

El indigenismo no será más que la versión exactamente invertida de la creación colonial descrita por Bonfil: el inferior se transforma en superior, en futuro y esperanza, en raza redentora, y el superior (el criollo-mestizo) en clase o raza deleznable e inferior. Pero todo sigue, estructuralmente, igual: los dos polos que se repelen, la generalización brutal que enmascara la especificidad de cada pueblo y la diversidad de los individuos, la reducción de lo heterogéneo a lo homogéneo, en suma, la adulteración de la realidad y el invento de categorías propicias para separar y confrontar, excluir y reprimir.

Una de las figuras m√°s odiadas en el universo indigenista es el mestizo cultural, el indio traidor que deforma o incluso repudia su cultura originaria adoptando valores y costumbres q'aras ("blancoides"), como despectivamente se dice en Bolivia. Esta denostaci√≥n del mestizo y del mestizaje en general tiene viejas ra√≠ces en la lucha del indigenismo por la pureza racial. En sus versiones peruanas de la primera mitad del siglo XX este componente de pureza racial se halla directamente relacionado con el paisaje andino mismo, que con sus caracter√≠sticas peculiares habr√≠a moldeado un tipo espec√≠fico y mejor de ser humano. Esta variante, tambi√©n conocida como andinismo, contrapone la bondad del indio de la sierra a la perversi√≥n del blanco y del mestizo o cholo de la costa. Se cre√≥ as√≠ la idea de un Per√ļ falso y for√°neo, el de la costa, al que se opone el verdadero Per√ļ, el de la sierra. Como dir√≠a el indigenista Jos√© √Āngel Escalante, las "razas claudicantes y degeneradas" encontraron un "ambiente hospitalario tan s√≥lo en la Costa, nunca en la serran√≠a herm√©tica e impropicia a toda bastard√≠a y a toda contaminaci√≥n". Luis Valc√°rcel, el m√°s influyente de los indigenistas, proclamaba en su c√©lebre Tempestad en los Andes (1927):

El mestizaje de las culturas no produce sino deformidades.

La versión boliviana del indigenismo (que se autodenomina indianismo) reproduce las mismas metáforas racistas, centrándose en la contraposición entre el altiplano indio y los paisajes selváticos orientales (los departamentos de Santa Cruz y Beni), degenerados por la presencia de elementos blancoides de diverso origen y de indios aculturados. Para los indianistas no hay más que guerra entre indios y el resto, y su finalidad es, lisa y llanamente, la expulsión de los q'aras. Como dijo en abril de 2010 el líder aymara Felipe Quispe:

Si vamos a ir al cielo y los q'aras van al cielo, en el cielo también va a haber guerra. Si vamos a entrar al infierno, debajo de la tierra, ahí los q'aras van a entrar y vamos a tener guerra.

Este es el universo de mitos, concepciones y odios raciales que hoy, paradojalmente, se está volviendo contra aquellos que justamente convirtieron lo indio en su trampolín político. La encrucijada en que se encuentra Evo Morales es un ejemplo notable de ello. Potenció oportunistamente el indigenismo como plataforma política, pero hoy lo acusan de traición y, sobre todo, de no ser un verdadero indio, sino un blanco con cara de indio, un vendido a su entorno q'ara. Pedro Portugal, director de la revista Pukara, planteó descarnadamente las cosas en una conferencia en La Paz en 2010:

Es conocido que ni el MAS ni Evo Morales hicieron parte del movimiento ind√≠gena. Su actitud hacia ese movimiento fue siempre despectiva. Sin embargo, el Evo sindicalista y occidentalizado, que motejaba de "volver al ch'unch'u pacha" (salvajismo) los planteamientos indianistas, termin√≥ visti√©ndose ex√≥ticamente y pugnando por ser reconocido, sobre todo en el exterior, como "l√≠der espiritual" ind√≠gena. ¬ŅQu√© sucedi√≥? El entorno que hizo a Evo presidente, y que ahora gobierna en su nombre, se dio cuenta de que ten√≠a en sus manos un billete premiado: el origen y el rostro de su presidente. Y se apresuraron en cobrar ese billete, haci√©ndole jugar roles que seguramente nunca se hab√≠a imaginado.

En suma, el mote de indio de Evo ya no vende, los indios realmente existentes se rebelan contra el indio del mito y su líder autoproclamado, reivindicando sus identidades e intereses diversos y, muchas veces, agriamente contrapuestos. Quieren poder, pero no para el indio ficticio sino para sí mismos, para su grupo, su etnia o su región. Se desolidarizan con la retórica indigenista simplemente porque hoy están teniendo una voz cada vez más real en sus países. Por ello es que unos se oponen a la carretera que pasa por el así llamado Tipnis (Territorio Indígena y Parque Nacional Isiboro Sécure), mientras que otros, con Evo Morales a la cabeza, defienden los intereses de los productores de coca, beneficiarios directos de la construcción de la tan mentada carretera.

En fin, vemos que tras el indio m√≠tico hay gentes diversas, individuos, grupos de inter√©s, diversidad, ego√≠smos y conflictos, como en toda sociedad. As√≠ va cayendo a pedazos la figura fantasmag√≥rica del indio para ser reemplazada por las figuras reales de los descendientes de los pueblos precolombinos, con sus grandezas y peque√Īeces, como las de todos.

Tal vez los m√°s decepcionados con el auge y ca√≠da de Evo Morales sean los progres europeos, esos eternos buscadores del buen salvaje, del revolucionario rom√°ntico, del indio aut√©ntico, que parecen no aprender nunca. Se tragaron el embuste de Evo el Indio con u√Īas y pelos, lo aplaudieron sin reparo e incluso ensalzaron su ret√≥rica neorracista. Parec√≠a tan genuino, tan cercano al mito, y hoy se descubre que bajo el poncho caminaba otro caudillo latinoamericano. Triste espect√°culo y, adem√°s, repetido.

 

MAURICIO ROJAS, escritor y profesor adjunto de la Universidad de Lund (Suecia).
En línea

Veritas Liberabit Vos
Debatimos.com: Opina sin límite
« : Mi√©rcoles 12 de Octubre de 2011, 05:39 »

 En línea
Páginas: [1]   Ir Arriba
  Imprimir  
 
Ir a:  



Impulsado por MySQL Impulsado por PHP Powered by SMF | SMF © 2013, Simple Machines XHTML 1.0 válido! CSS válido!