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« : Domingo 15 de Octubre de 2006, 01:17 » |
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Ni república, ni independiente, ni casa. Y es que la última campaña publicitaria de Ikea hiere algunas sensibilidades. Sobre todo, la de aquellos que no tienen vivienda ni aspiran a conseguirla.
Ese fue uno de los motivos por los que un centenar de personas (jóvenes y no tan jóvenes, entre ellos alumnos y profesores de universidad), convocadas por un e-mail de la misteriosa Ariadna Pi, decidieron irrumpir anoche en el Ikea de L'Hospitalet y celebrar una fiesta en pijama.
"La Aridana ha decidido recibir a los ministros de vivienda de la Unión Europea con una fiesta para echarles en cara su impotencia para garantizar el que proclaman como derecho básico y que ha acabado convertido en una industria, un negocio en manos de especuladores, no del suelo, sino de unas vidas privadas cada vez más privadas de ser vidal.", decÃa el email. Pero aunque la cumbre ministerial se desconvocó, la protesta se mantuvo.
A las nueve en punto de la noche, el centenar de ciudadanos reivindicativos (prefieren no dar nombres ni definirse como colectivo, pero son los mismos que han hecho actos similares en el Ritz, el Liceu y el Teatre Arnau) entraron en Ikea y se dirigieron a la zona de dormitorios. Ante los sorpresa de vigilantes, empleados y clientes, se quedaron en pijama y se metieron en las camas mientras coreaban: "¿Qué pasa? ¿Qué pasa? Que no tenemos casa". "Hemos venido a Ikea por su eslogan y nos hemos sumado a la convocatoria de Ariadna Pi", explicó José Antonio López, de 38 años, miembro de la Asamblea Popular por una Vivienda Digna. Estaba echado en una cama, en pijama y leyendo un libro. Junto a él, un cartel, con otro lema, repartido en decenas de adhesivos: "No tendrás casa en tu puta vida". Mientras los manifestantes daban vida a los dormitorios de Ikea, los empleados seguÃan atendiendo a los clientes y éstos seguÃan comprando, aunque mirando de reojo. "CompartÃamos piso, pero ahora tenemos uno de alquiler. El tema de la vivienda es jodido. No tiene solución", explicó Toni Blanco, de 33 años, constructor, mientras miraba mesitas de noche Hemnes (49 euros) junto a su pareja. Otra clienta, Maite Roses, economista, 42 años, le explicaba la escena a su boquiabierto hijo, Jordi, de 9 años. "A ver si los que gobiernan se dan cuenta del principal problema de los jóvenes".
Nadie se quejó. Muchos sonrieron. Ikea rehusó presentar denuncia. Y los manifestantes se fueron por donde vinieron. Cosas de la república.
Óscar Hernández. El Periódico (15/10/2006)
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