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Autor Tema: Pearl Harbor-se cumplen 68 a√Īos del ataque.  (Leído 2081 veces)
gaia
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« : Mi√©rcoles 09 de Diciembre de 2009, 05:40 »

 Este lunes se cumplen 68 a√Īos del ataque japon√©s

El impacto de Pearl Harbor (I)

   
     
 
Fernando Paz Cristóbal

7 de diciembre de 2009  elmanifiesto.com


 
 
FERNANDO PAZ CRIST√ďBAL

El bombardeo de Pearl Harbor marca la entrada de Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial. Hasta entonces, este pa√≠s hab√≠a ayudado a Gran Breta√Īa, incluso violando las leyes de la neutralidad, pues sus barcos de guerra escoltaban convoyes de mercantes brit√°nicos. Los japoneses obtuvieron una victoria el 7 de diciembre de 1941, pero tambi√©n empezaron andar el camino que les llevar√≠a a ellos y a sus aliados del Eje a la derrota. Ofrecemos hoy la primera parte de un interesante trabajo del historiador Fernando Paz sobre las consecuencias de la participaci√≥n de Estados Unidos en la guerra.


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En la Wolfschanze, en Rastenburg, Adolf Hitler estaba de un humor l√ļgubre. Hac√≠a tres d√≠as que una inmensa marea humana de ochenta y ocho divisiones, surgida de las oscuras profundidades invernales de Rusia, se hab√≠a lanzado contra la vanguardia de sus tropas en las afueras de Mosc√ļ. A√ļn presentando dura batalla, los ateridos soldados de la Wehrmacht retroced√≠an, arrollados por las tropas de refresco que Stalin hab√≠a ordenado que fueran transportadas a toda prisa desde sus guarniciones en el extremo oriente, donde hasta entonces hab√≠an permanecido acuarteladas en previsi√≥n de un ataque japon√©s.
 
Stalin ven√≠a siendo informado desde hac√≠a tiempo de que Tokio no estaba pensando en atacar su costa oriental, sino m√°s bien en emprender una fulgurante aventura en la zona del Pac√≠fico. Para Jap√≥n, dado el estado de su econom√≠a, no era una posibilidad real la de lanzarse contra un poderoso adversario terrestre como, pese a todo, era la Uni√≥n Sovi√©tica. As√≠ que consideraba que su ‚Äúdestino manifiesto‚ÄĚ hab√≠a que ir a buscarlo a latitudes m√°s tropicales.
 
De modo que aquel 7 de diciembre una poderosa flota nipona se deslizaba inadvertida por el Pac√≠fico central en direcci√≥n a las islas Hawai. Su objetivo era el de caer sobre los desprevenidos estadounidenses y hundir su flota para dejarlos inermes frente a las fuerzas armadas imperiales. Una vez conseguida la eliminaci√≥n de los Estados Unidos como potencia operativa en la zona, todo el Asia oriental y el Pac√≠fico quedar√≠a a los pies del tenno. 
 
El d√≠a anterior, 6 de diciembre de 1941, en su oficina del Departamento Criptogr√°fico de la Marina en Washington, la se√Īora Edgers tradujo un mensaje diplom√°tico secreto enviado desde Tokio a Honolulu que indicaba al c√≥nsul nip√≥n en Hawai la obligaci√≥n de notificar cualquier movimiento de buques de guerra norteamericanos que tuviera lugar en Pearl Harbor. Alarmada, miss Edgers ech√≥ mano de otros mensajes que se amontonaban en su mesa, tambi√©n procedentes de Tokio, y comprob√≥ con verdadero espanto que todos eran del mismo tenor. Sin embargo, su jefe, el capit√°n de corbeta Alvin Kramer, lejos de intranquilizarse, le hab√≠a dado largas, dado que era s√°bado, emplaz√°ndola para revisar los mensajes secretos el lunes 8.
 
Al amanecer del d√≠a siguiente, domingo 7 de diciembre de 1941, 366 aviones de distinto tipo procedentes de los portaviones japoneses se lanzaron sobre la flota anclada en Pearl Harbor: cuatro acorazados norteamericanos hab√≠an sido hundidos y otros quince buques hab√≠an sido da√Īados parcial o totalmente, m√°s unos 188 aviones y unos 2.500 hombres entre militares y civiles. Los atacantes apenas hab√≠an sufrido la p√©rdida de veintinueve de sus unidades, m√°s cinco submarinos enanos de la marina. En todo el Pac√≠fico, s√≥lo hab√≠a dos acorazados estadounidenses habilitados para hacer frente a Jap√≥n. Eso s√≠, los norteamericanos no lamentar√≠an la p√©rdida de un solo portaviones, y eso fue decisivo para que pudieran continuar la guerra en vez de pedir negociaciones de paz.
 
Adem√°s, Jap√≥n no se hab√≠a limitado a atacar las islas Hawai, sino que se hab√≠a prodigado por otras zonas como Wake, Midway y Guam, a las que hab√≠a infligido graves p√©rdidas. Tambi√©n hab√≠a bombardeado Singapur y Hong Kong. Y sus fuerzas navales se dirig√≠an a Malasia. Bombardearon Filipinas y tomaron las guarniciones norteamericanas en China (Shangai y Tianjin). En las horas inmediatamente posteriores ocupar√≠an Tailandia y las islas Gilbert.   
 
La alegría de Hitler
 
 Aquella noche, en Prusia oriental, Hitler y sus acompa√Īantes (las secretarias, el m√©dico personal, un ayudante de Bormann y Hewel) se dirigieron al bunker para charlar tras despachar la frugal cena, como cada madrugada. Frisando la medianoche, un funcionario de prensa, Heinz Lorenz, irrumpi√≥ en el sal√≥n con la noticia de que una emisora estadounidense hab√≠a anunciado el ataque japon√©s. Caracter√≠sticamente, Hitler se palme√≥ alegre los muslos y confes√≥ a Hewel, triunfante: ‚ÄúAhora tenemos un aliado que no ha sido derrotado en tres mil a√Īos‚Ķ‚ÄĚ.
 
Ardiendo en deseos de devolver a Roosevelt las afrentas recibidas en el √ļltimo a√Īo, Hitler declarar√≠a la guerra a los Estados Unidos cuatro d√≠as despu√©s. Pero, desdiciendo el entusiasmo que hab√≠a manifestado aquella noche del 7 de diciembre, el locuaz Hitler guard√≥ silencio cuando su ministro de exteriores, Ribbentrop, le advirti√≥ no sin cierta diplomacia: ‚ÄúTenemos un a√Īo; (‚Ķ) si (...) el potencial de municiones norteamericano se a√ļna al potencial humano ruso, la guerra entrar√° en una fase que s√≥lo nos permitir√° ganarla con grandes dificultades‚ÄĚ.
 
---------------continuar√°----------
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« : Mi√©rcoles 09 de Diciembre de 2009, 05:40 »

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« Respuesta #1 : Mi√©rcoles 30 de Diciembre de 2009, 04:00 »

 
  Sin la ayuda USA la URSS nunca habr√≠a podido superar al III Reich

El impacto de Pearl Harbor (y II)

 
 

Estados Unidos fue la √ļltima gran potencia en entrar en la Segunda Guerra Mundial, pero en cuanto particip√≥ su peso desequilibr√≥ la balanza a favor de los Aliados. A salvo de las invasiones y los bombardeos, protegido por dos oc√©anos, la industria norteamericana volc√≥ toda su capacidad de producci√≥n en serie en los frentes de batalla. Los soldados del Ej√©rcito Rojo habr√≠an muerto de hambre sin los suministros enviados por Roosevelt a Stalin.   
     
 
Fernando Paz Cristóbal-elmanifiesto.com

 
 


FERNANDO PAZ CRIST√ďBAL

Los Estados Unidos tardar√≠an unos meses en rehacerse del desastre de Pearl Harbor. En junio de 1942, obtendr√≠an la victoria de Midway, que volvi√≥ las tornas por completo en la campa√Īa del Pac√≠fico. En adelante, la t√°ctica japonesa consistir√≠a en resistir a toda costa, en la confianza de que imponer un coste prohibitivo a las campa√Īas americanas conducir√≠a a Washington a buscar un armisticio. Evidentemente, en su desprecio de la capacidad estadounidense, se equivocaban. Y su resistencia en los √ļltimos meses de la guerra persuadi√≥ al mando norteamericano de necesidad de usar armamento nuclear para evitar la muerte de decenas de miles de soldados en la conquista de Jap√≥n.
 
Ese a√Īo de 1942, los Estados Unidos ya producir√≠an por s√≠ mismos tantos aviones como Alemania, la URSS y Jap√≥n juntos. A lo largo del conflicto botaron casi 9.000 grandes buques, una cifra sencillamente impresionante (por ejemplo, en 1943 produjo diez veces m√°s embarcaciones que Alemania, veinte veces m√°s que Jap√≥n y ¬°doscientas! m√°s que la URSS) y, entre 1942 y 1943, sus cifras de producci√≥n en carros de combate igualaron las fabricadas por el III Reich durante toda la guerra. Antes de cumplirse el primer a√Īo del ataque a Pearl Harbor, la armada de Estados Unidos atravesaba el Atl√°ntico y desembarcaba en el norte de √Āfrica.
 
La entrada de EE.UU en la guerra representó para Alemania una merma muy notable de sus posibilidades en el frente occidental, exigiendo del Reich la dedicación de un esfuerzo en torno al 35% de su potencial bélico total de 1943 en adelante. Además, mientras los estadounidenses atendían sus propias necesidades frente a Alemania, se permitían mantener la lucha en el Pacífico hasta derrotar a Japón; e incluso sostuvieron a la Unión Soviética desde 1942 mediante el envío de una ingente cantidad de material de lo más diverso (que incluía alimentos).
 
Qué recibió la URSS
 
Si es cierto que s√≥lo el 4% del material puramente b√©lico empleado por la URSS proced√≠a de los pa√≠ses occidentales, no lo es menos que por cada locomotora que fabricaron los sovi√©ticos durante la guerra, los Estados Unidos enviaron veinte. Y casi el doble de camiones (unos 410.000) que los que produjo la URSS. La mitad de los neum√°ticos que utiliz√≥ el Ej√©rcito Rojo estaban fabricados en EE.UU, y les hicieron llegar m√°s aluminio del que fueron capaces de producir los propios rusos. Las comunicaciones por radio -de las que carec√≠an los sovi√©ticos-, se deb√≠an en su pr√°ctica totalidad a los estadounidenses. Y una gigantesca cantidad de carne enlatada y huevos en polvo (‚Äúlos huevos del se√Īor. Roosevelt‚ÄĚ) sin los que muchos sovi√©ticos, sin duda, no habr√≠an visto el final de la guerra.
 
Es probablemente cierto que la ayuda occidental no represent√≥ gran cosa antes de 1943, por lo que la resistencia de los a√Īos previos tiene poco que agradecerle a los Aliados pero, parad√≥jicamente, lo que permiti√≥ al Ej√©rcito Rojo caer sobre la Europa oriental y central fue la mecanizaci√≥n facilitada desde las f√°bricas de Detroit. Sin los camiones y la comunicaciones por radio, sin los repuestos, sin las locomotoras, sin los neum√°ticos y sin los alimentos para sobrevivir y las materias primas para ayudar a la fabricaci√≥n de sus propias armas, los desangrados sovi√©ticos no hubieran llegado a 1944 sin pedir la paz y, desde luego, jam√°s habr√≠an podido montar las gigantescas ofensivas m√≥viles desde el oto√Īo de 1943 en adelante. La suerte de la guerra, con toda probabilidad, hubiera sido distinta.
 
Todo eso represent√≥ Pearl Harbor: la irrupci√≥n del coloso americano en la IIGM, que voltear√≠a su resultado de modo inapelable. De Pearl Harbor en adelante, los Aliados no pod√≠an perder. Pero esa irrupci√≥n no s√≥lo afect√≥ a la IIGM, sino que ha marcado hasta hoy la evoluci√≥n de nuestro mundo. Pues, en efecto, hemos tenido que  acostumbrarnos, de mejor o peor humor, a ver c√≥mo dicta la pol√≠tica general una potencia que lo es desde que una soleada ma√Īana de diciembre de 1941 unos pocos cientos de aparatos japoneses cayeron sobre una ignota base del Pac√≠fico.
 
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