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Autor Tema: Criminales del siglo XX : POL POT  (Leído 1387 veces)
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« : Jueves 02 de Junio de 2011, 06:17 »

GRANDES CRIMINALES DEL SIGLO XX




Pol Pot


Por Mario Noya-LD



 De Saloth Sar, alias Khmaer Da'em, alias Pol Pot, hombre mediocre, s√≥lo se puede escribir usando superlativos negativos, que dir√≠a S. J. Lec. Fue el Superestalin, el Megamao, el Hiperasesino del siglo XX. Gran Exterminador, igual muri√≥ con la conciencia tranquila. 

No es f√°cil rastrear los or√≠genes de este b√°rbaro abominable, "se√Īor de las tinieblas" que "toda su vida trat√≥ de mantenerse oculto" ‚Äďal punto de que, seg√ļn se cuenta, su hermano Saloth Neap se enter√≥ de que era el formidable Hermano N√ļmero Uno al ver su cara en un afiche de su comuna‚Äď. As√≠, si unos te dicen que naci√≥ el 19 de mayo de 1925, otros apuntan al mismo d√≠a pero del a√Īo 28, y otros ‚Äďla BBC‚Äď ni siquiera se atreven a dar una fecha. Lo que s√≠ parece claro es que el lugar que tuvo la mala suerte de verlo nacer fue la alde√ļca de Prek Sbauv (provincia nororiental de Kompung Thom) y que su familia ten√≠a relaciones con la Monarqu√≠a; muy estrechas incluso, si es cierto que una de sus hermanas fue concubina del rey Sisovath Monivong ‚Äďy esposa una de sus primas‚Äď. Tambi√©n √©l acab√≥ entrando en palacio, como aprendiz de marqueter√≠a y a instancias de su hermano Loth Suong, que trabajaba en cuestiones relacionadas con el protocolo. "A lo largo de aquella etapa de contacto con el mundo extremadamente clasista de la servidumbre palaciega ‚Äďinforma Vicente Romero en su biograf√≠a del personaje‚Äď, el joven Pol Pot no se interes√≥ jam√°s por la pol√≠tica ni mostr√≥ preocupaci√≥n social alguna".

Su "poco refutable mediocridad" intelectual (Jean-Louis Margolin, en El libro negro del comunismo, dixit) qued√≥ patente en todos y cada uno de los centros educativos que lo acogieron. Tras seis infructuosos cursos, de la pagoda budista en que lo meti√≥ Loth Suong le mandaron de vuelta a la granja familiar sin el preceptivo certificado de aprovechamiento. Tampoco aprob√≥ el bachillerato. Si acaso, de los a√Īos escolares sac√≥ una gran amistad con Lon Non, hermano del futuro dictador Lon Nol. M√°s le hubiera valido no conocerle: Lon Non, que andando el tiempo lleg√≥ a general, fue ejecutado por los jemeres rojos en cuanto √©stos accedieron al poder; por lo que hace al pueblo del que eran originarios los Lon, fue desalmado el 17 de abril de 1977, segundo aniversario de la revoluci√≥n libertadora: viv√≠an en √©l 350 familias.

Por esas cosas estupefacientes que pasan, en 1949 este p√©simo estudiante consigui√≥ que le becaran para estudiar radioelectricidad en Francia. Claro que no le aprovech√≥ (de hecho, le acabaron quitando la beca), pero esos tres a√Īos y tres meses en la metr√≥poli le sirvieron para descubrir a Stalin, orbitar en torno al Partido Comunista Franc√©s y conformar el denominado Grupo Estudiantil de Par√≠s, con alima√Īas humanas como Ieng Sary, Khieu Samphan, Son Sen y Huo Yuon, tan culpables como √©l del holocausto camboyano.

De vuelta a Indochina, aprendi√≥ a odiar a los vietnamitas luchando con ellos contra la dominaci√≥n francesa. "Se sinti√≥ minusvalorado ‚Äďescribe Romero‚Äď, ya que se le encargaron tareas tan secundarias como cuidar pollos, recoger esti√©rcol, limpiar letrinas...". "Sar fue un recluta m√°s", pero √©l, Khmaer Da'em, me llaman Camboyano Aut√©ntico, no pod√≠a serlo. En 1960, el Grupo de Par√≠s se hace con el control del Partido Revolucionario del Pueblo de Kampuchea, lo transforma en el Partido de los Trabajadores de Kampuchea y corta los hilos que lo manten√≠an unido a los comunistas de Vietnam. (Un inciso: Kampuchea es la palabra jemer para Camboya). Tres a√Īos despu√©s, tras la desaparici√≥n en extra√Īas circunstancias de Tou Samouth, Pol Pot es aupado a la Secretar√≠a General de la formaci√≥n.

Como tal, en 1965 viaja a Hanoi, donde la gente de Ho Chi Minh le reprocha el virulento nacionalismo del PTK y le pide que deje de lado la lucha armada en Camboya hasta que los norteamericanos abandonen Vietnam. No le gusta nada ese viaje. Qu√© distinto ser√° el que le lleve el a√Īo siguiente a China, la China de Mao, la China de la Revoluci√≥n Cultural salvaj√≠sima, que pudo cobrarse la vida de hasta un mill√≥n de personas.

Durante varios a√Īos, China, una de las civilizaciones m√°s antiguas del mundo, se vio asolada por b√°rbaras hordas a las que se hab√≠a ense√Īado a tratar todo aquello que escapaba a su comprensi√≥n como algo merecedor de ser destruido. En el apogeo de este movimiento, todas las escuelas se cerraron, y no circulaban libros salvo los de texto y las propias obras de Mao. Se prohibieron los conciertos de m√ļsica occidental. Los guardias rojos agred√≠an a los intelectuales y los obligaban a humillarse p√ļblicamente, y torturaron y mataron a muchos de ellos.

(Richard Pipes, Historia del comunismo, Mondadori, Barcelona, 2002, p. 167).

√Čse era su modelo, el comunismo m√°s despiadado y brutal, la aniquilaci√≥n del pasado y del presente conflictivo, el terror extremo hacia fuera y hacia dentro. Guerra de exterminio contra la civilizaci√≥n para, desde la m√°s estricta barbarie, empezar de cero y "asegurar la perennidad de la raza jemer", como dej√≥ escrito este Hitler aceituno en el peri√≥dico oficial de su partido, Tung Padevat ("bandera revolucionaria").

La sangre roja y centelleante cubre la tierra, la sangre vertida para liberar al pueblo: la sangre de los obreros, los campesinos y los intelectuales; la sangre de los adolescentes, los novicios y los j√≥venes. La sangre se arremolina y asciende suavemente al cielo, transform√°ndose en una bandera roja revolucionaria. ¬°Bandera roja! ¬°Bandera roja! ¬°Ondula ahora! ¬°Ondula ahora! Oh, amados amigos, perseguid al enemigo, golpeadle y destruirle. ¬°Bandera roja! ¬°Bandera roja! ¬°Ondula ahora! ¬°Ondula ahora! No dej√©is con vida a ning√ļn imperialista reaccionario: echadles de Kampuchea. ¬°Movilizaos y golpead, movilizaos y golpead, y conquistad la victoria, conquistad la victoria!

(Letra de la canción "Bandera roja", reproducida en Bernard Bruneteau, El siglo de los genocidios, Alianza, Madrid, 2009, pp. 289-289).

El Horror se instala en la ya machacad√≠sima Camboya (por la guerra de Vietnam, la guerra civil, la dictadura, las injerencias extranjeras sin cuento, la cleptocracia...) el 17 de abril de 1975, cuando los jemeres rojos del Partido Comunista de Kampuchea (nombre del PTK desde 1966) toman Phnom Penh. El alivio de los habitantes de la capital (m√°s de 3 millones, entre residentes habituales y desplazados por el conflicto) apenas dura unas horas: no pod√≠an saber que con el final de la guerra llegaba como un cicl√≥n de sa√Īa lo peor:

Se los empuj√≥ hacia la campi√Īa circundante. La violencia comenz√≥ a las 7 de la ma√Īana con ataques dirigidos contra las tiendas chinas, y despu√©s hubo un saqueo general. Las primeras muertes sucedieron a las 8,45 de la ma√Īana. De los 20.000 heridos que estaban en la ciudad, hacia la ca√≠da de la tarde todos estaban en la jungla. (...) Se vaciaron todos los hospitales (...) Fueron destruidos todos los documentos y archivos. Los libros fueron arrojados al r√≠o Mekong o quemados en las orillas. Se procedi√≥ a incinerar el papel moneda de la Banque Khmer de Commerce. Los autom√≥viles, las motocicletas y las bicicletas fueron [confiscados]. Los [jemeres rojos] dispararon cohetes y bazucas sobre las casas en las que se advert√≠a movimiento. Hubo muchas ejecuciones sumarias. Se dijo al resto: "Salgan inmediatamente de aqu√≠ o los mataremos a todos". Hacia la medianoche se cort√≥ el suministro de agua.

(Paul Johnson, Tiempos modernos, Vergara, Barcelona, 2000, pp. 802-803).

"Lo que confer√≠a al episodio su horror peculiarmente kafkiano era la ausencia de autoridad visible", explica Johnson. "Los soldados campesinos se limitaban (sic) a matar y aterrorizar; obedec√≠an √≥rdenes e invocaban los mandatos de la Angka Loeu". La Angka Loeu, la Organizaci√≥n Superior, o simplemente Angkar, la Organizaci√≥n, era la plana mayor del Partido Comunista: Pol Pot, ¬°Hermano N√ļmero Uno!, y sus camaradas igual de tenebrosamente an√≥nimos: Hermano N√ļmero Dos (Nuon Chea), Hermano N√ļmero Tres (Ieng Sary)... Pero eso no se sab√≠a. Y sigui√≥ sin saberse hasta septiembre del 77. S√≥lo se sufr√≠a.

Se vaciaron literalmente las ciudades. Se confinó a la población en comunas agrarias. Se abolió la propiedad privada. Se abolió el dinero. Se cerraron los medios de comunicación. Se suprimió el correo. Se cortó el teléfono. Se prohibió hablar cualquier lengua distinta del jemer. Se prohibió el uso de las gafas. Se prohibió lucir el menor adorno en la vestimenta.

Se prohibi√≥ la relaci√≥n sexual; el adulterio o la fornicaci√≥n eran castigados con la muerte (...) Se prohib√≠a a los miembros de las parejas casadas [mantener] conversaciones prolongadas, pues se afirmaba que eso era "discutir", y [la reincidencia] se castigaba con la muerte (...) Cuando el hambre y la epidemia se difundieron, los viejos y enfermos y los muy j√≥venes, sobre todo [los] hu√©rfanos, fueron abandonados. Se ejecutaba en p√ļblico y se obligaba a mirar a los parientes mientras el hermano, la madre o el hijo eran sometidos al garrote vil o decapitados, apu√Īalados, muertos a golpes o (...) a hachazos. A veces se ejecutaba (...) a (...) familias enteras. (...) un docente llamado Tan Samay, que desobedeci√≥ la orden de ense√Īar a sus alumnos √ļnicamente el trabajo de la tierra, fue ahorcado; sus propios alumnos, de ocho a diez a√Īos, tuvieron que realizar la ejecuci√≥n mientras gritaban: "¬°Maestro incapaz!". La terrible lista de crueldades es interminable.

(Johnson, ob. cit., p. 804).

No encuentro las palabras; s√≠ los n√ļmeros insoportables del martirio camboyano. Entre 1,5 y 2,2 millones de muertos por hambre, fatiga extrema, enfermedades derivadas del sometimiento a las peores condiciones de vida, asesinato. Entre el 20 y el 30% de la poblaci√≥n del momento, pues (7,5 millones). La mortalidad entre los mandos del r√©gimen republicano alcanz√≥ el 83% en la oficialidad, el 67% en la polic√≠a y el 60% en el funcionariado. De los 550 magistrados existentes en 1975, s√≥lo cuatro segu√≠an con vida en 1979. De los 60.000 monjes budistas existentes en 1975, s√≥lo 1.000 segu√≠an con vida en 1979. Las tres provincias m√°s urbanizadas del pa√≠s perdieron el 40% de su poblaci√≥n. Desaparecieron 402 de los 450 m√©dicos con que contaba el pa√≠s, y el 51% de los licenciados universitarios; y el 29% de quienes s√≥lo hab√≠an cursado estudios primarios, y el 19% de los campesinos pobres, y el 17% de la gente sin profesi√≥n conocida. Y el 34% de los musulmanes cham, y el 49% de los cat√≥licos, y el 38% de los chinos, y el 37% de los vietnamitas. Y el 50% de los propios afiliados al partido comunista ("Una cifra incomparablemente superior a la de los peores momentos del terror estalinista", apunta Bernad Bruneteau, a quienhe tomado los datos precedentes). Por la infernal c√°rcel de Tuol Sleng (antes fue una escuela) pasaron m√°s de 16.000 presos: s√≥lo siete salieron vivos.

La mortalidad fue terror√≠fica en todas las edades, pero sobre todo entre los j√≥venes adultos (un 34% de hombres de 20 a 30 a√Īos, un 40% [de hombres] entre los 30 y los 40) y entre las personas de ambos sexos de m√°s de 60 a√Īos (el 54%). (...) desde 1945, ning√ļn pa√≠s se ha visto afectado hasta ese punto. En 1990 a√ļn no se hab√≠a alcanzado el n√ļmero de habitantes de 1970. Y la poblaci√≥n se hallaba muy desequilibrada: 1,3 mujeres por cada hombre. Entre los adultos de 1989, encontramos la bagatela (¬°sic!) de un 38% de viudas, frente a un 10% de viudos. Tambi√©n vemos un 64% de mujeres entre la poblaci√≥n adulta, y que el 35% de [los] cabeza de familia son madres. [...] En 1979, el 42% de los ni√Īos eran hu√©rfanos, tres veces m√°s de padre que de madre; el 7% hab√≠a perdido a sus dos progenitores. En 1992, la situaci√≥n de aislamiento resultaba m√°s dram√°tica entre los adolescentes: un 64% de hu√©rfanos.

(Jean-Louis Margolin, "Camboya: en el país del crimen desconcertante"; en VVAA, El libro negro del comunismo, Planeta-Espasa, Barcelona, 1998, pp. 662 y 713).

El multimillonario Noam Chomsky, gur√ļ de la siniestra izquierda estupenda, hoz√≥ como un pobre cerdo en el ya ser√° menos y en la versi√≥n m√°s degenerada del salomonismo: las culpas, que se las repartan los jemeres rojos y, ¬°bingo!, los Estados Unidos de Am√©rica, que de todas formas no se cubrieron de gloria y s√≠ de mierda por aquellos a√Īos en aquellas tierras.

Fue la criminal dictadura comunista de Vietnam la que, en 1979, puso fin a la genocida dictadura comunista de Camboya: ocup√≥ el pa√≠s e instaur√≥ la Rep√ļblica Popular de Kampuchea, que dej√≥ a cargo del ex jemer rojo Heng Samrin. Pol Pot y su yunta de hermanos numerados huyeron a la jungla, donde siguieron a lo suyo: odiar, aniquilar, matar a modo.

"La revolución es una obra propia de Dios, demasiado colosal para simples humanos", dicen (Romero) que dijo un día. Pero luego llegó otro, el del juicio a que le sometieron sus propios cuervos no por el holocausto que perpetró contra su propio pueblo sino por mandar asesinar a su ex ministro de Defensa Son Sen, a su esposa y a sus nueve hijos ("también mandó aplastar sus cadáveres bajo las ruedas de un camión"; de nuevo Romero), y entonces se reveló un miserable cobarde, qué chivato y acusica:

Dijo que sab√≠a que muchos habitantes del pa√≠s le odiaban y le consideraban responsable de las matanzas. Dijo que sab√≠a que muchas personas hab√≠an encontrado la muerte. Al decir esto, casi se derrumb√≥ y se ech√≥ a llorar. (...) Dijo que √©l era como un amo de casa que ignoraba lo que hac√≠an sus hijos, y que hab√≠a confiado demasiado en las personas. (...) Le dec√≠an cosas que no eran verdaderas, que todo iba bien, pero que tal o cual persona era un traidor. En √ļltima instancia, los verdaderos traidores eran ellos. El principal problema eran los mandos formados por los vietnamitas.

(Margolin, ob. cit., p. 708).

Ese juicio filfa se celebr√≥ el 25 de julio de 1997, en el √ļltimo reducto de los jemeres rojos, un pedazo de selva en la frontera camboyano-tailandesa. "El bizarro tribunal, en lo que parec√≠a m√°s un exorcismo de sus propios demonios que un acto de justicia, dict√≥ pena de cadena perpetua (...). Pero, dados el estado de salud y la edad del reo Saloth Sar, se le permiti√≥ cumplir la sentencia en su domicilio", vulgo choza (Vicente Romero, Pol Pot, el √ļltimo verdugo, Planeta, Barcelona, 1998, p. 10). Ni siquiera entonces mostraron, pues, compasi√≥n por los exterminados.

Al poco, por no pasar no pas√≥ un a√Īo, Saloth Sar, Khmaer Da'em, Pol Pot, Hermano N√ļmero Uno devenido √öltimo de la Fila, muri√≥. El 15 de abril de 1998. Del coraz√≥n que no tuvo. O lo mataron:

Las noticias sobre la muerte de Pol Pot se producen s√≥lo horas despu√©s de que oficiales del Jemer Rojo dijeran estar dispuestos a entregar a su antiguo l√≠der para as√≠ poner fin a la lucha contra las tropas del Gobierno camboyano [...] En las √ļltimas semanas el Jemer Rojo ha sufrido una ola de deserciones [...] Miles de guerrilleros hastiados est√°n dispuestos a abandonar la lucha [...] Seg√ļn el corresponsal de la BBC en la regi√≥n, Enver Solomon, la muerte de Pol Pot podr√≠a resultar extremadamente conveniente para el n√ļcleo duro de lo que queda de las guerrillas. Podr√≠an tratar de prepararse un papel pol√≠tico para s√≠ mismas, libres ya de un hombre que es tenido por uno de los l√≠deres m√°s brutales de todos los tiempos.

("Pol Pot dead", BBC News, 16 ABR 1998).

(...) su fallecimiento se produjo en un momento muy oportuno, cuando el presidente norteamericano Bill Clinton hab√≠a iniciado tr√°mites diplom√°ticos para que fuese capturado y juzgado. Y entre la clase dirigente de Camboya no interesaba a casi nadie que el Hermano N√ļmero Uno viviese para declarar sobre el reparto de responsabilidades hist√≥ricas ante un tribunal internacional.

(Romero, ob. cit., p. 11).

La pira f√ļnebre para nada fue sobria sino s√≥rdida, astrosa, directamente cutre. Tablones, neum√°ticos, una manta, el colch√≥n, una silla desequilibrada. Una pira mendiga. Pero no le faltaron las flores. Que, es claro, no le pusieron aquellos de sus sirvientes "ejecutados bajo la acusaci√≥n de sabotaje tras producirse fallos en los servicios de agua y electricidad de alguna de sus residencias" (Romero, p. 21. "Sus cocineros y camareros eran objeto de especial vigilancia"). Tampoco su primera mujer, la fan√°tica Khieu Ponnary, de la que se divorci√≥ en los 80, estando ya ella mentalmente desquiciada. Igual s√≠ la segunda, la campesina Mia Som, a la que sacaba treinta a√Īos y con la que tuvo una hija (Set Set), y que tuvo a bien informarnos de lo feliz que hab√≠a sido ese despojo pal√ļdico en sus √ļltimos d√≠as (Romero, p. 24). Quiso adem√°s que constara que "fue un buen esposo y un excelente padre".

"Nadie rezó por él. Tampoco nadie en el mundo lloró su muerte", mintió Romero; para acto seguido estar en lo cierto:

Pero nadie en Camboya conseguir√° olvidarle.
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