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Autor Tema: Los radicales en la II Rep√ļblica  (Leído 1089 veces)
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« : S√°bado 28 de Mayo de 2011, 06:06 »

Los radicales en la II Rep√ļblica

Por José Carlos Rodríguez-LD




 Eugenio d'Ors relat√≥ admirablemente el ambiente de esperanza con que advino la II Rep√ļblica; ambiente que contrastaba con el profundo hast√≠o y la total indiferencia que acompa√Īaron al derrumbe de la Monarqu√≠a. 

Quienes ocuparon el poder que abandonó Alfonso XIII habían planeado, pocos meses antes (diciembre de 1930), tomarlo por medio de un golpe de estado. Esto es importante, porque da una medida del aprecio que sentían aquellas fuerzas por el sistema democrático.

Son muchos los que dicen que la II Rep√ļblica fue una conquista de los espa√Īoles, largamente deseada por amplios sectores de nuestra sociedad. Pero esta idea choca con la realidad hist√≥rica de que pr√°cticamente todos, especialmente quienes m√°s debieran identificarse con √©l, se alzaron contra el nuevo r√©gimen antes o despu√©s. No hace falta descender a los detalles, basta recordar unos cuantos hechos muy conocidos:

‚Äď Los anarquistas convocaron una huelga en julio de 1931, y sendas huelgas generales con pretensiones revolucionarias en enero de 1932, enero de 1933 y diciembre de este mismo a√Īo.

‚Äď El 10 de agosto de 1932, el general Sanjurjo protagonizar√° el √ļltimo de los pronunciamientos de nuestra historia. Result√≥ un sonado fracaso. Su objetivo no era acabar con la II Rep√ļblica, pero s√≠ torcer la direcci√≥n pol√≠tica del pa√≠s.

‚Äď En noviembre de 1933, los socialistas y los republicanos de izquierdas exigieron al presidente de la Rep√ļblica que anulara las recientes elecciones. Niceto Alcal√°-Zamora se neg√≥ hasta en cuatro ocasiones. Los conspiradores pretend√≠an cambiar las normas para asegurarse de que jam√°s volvieran el centro y la derecha a vencer en las urnas.

‚Äď La llamada revoluci√≥n de Asturias fue una revuelta largamente planeada que ten√≠a por fin desalojar al centro y a la derecha del poder, subvertir el r√©gimen e instaurar otro en el que ni el uno ni la otra volvieran a ser preponderantes. (Por cierto: la CEDA tuvo una oportunidad de oro para dar la raz√≥n a los socialistas, que falsariamente denunciaban como fascista a la formaci√≥n de Gil Robles. Sin embargo, no aprovech√≥ la revoluci√≥n de 1934 para liderar otra de signo contrario e instaurar un r√©gimen autoritario: respet√≥ la legalidad y, a pesar de caer en algunos excesos, si de algo se le puede acusar es de no haberla defendido con m√°s denuedo).

‚Äď El propio Alcal√°-Zamora convoc√≥ elecciones anticipadas durante el per√≠odo radical-cedista sin m√°s razones que la de finiquitar un gobierno que √©l consideraba demasiado derechista y articular un partido de centro en torno a su hombre, Portela Valladares.

‚Äď Aza√Īa, no contento con haber pedido a Alcal√°-Zamora que no reconociese las elecciones de 1933, manipul√≥ las de 1936 arrebatando inicuamente 32 esca√Īos a la derecha y al centro.

Hubo un partido que s√≠ crey√≥ firmemente en la II Rep√ļblica, en la posibilidad de que fuera un r√©gimen democr√°tico. Pero, lejos de ser elogiado por quienes m√°s se identifican con aquel per√≠odo hist√≥rico, recibe de ellos las m√°s amargas cr√≠ticas. Se trata, claro es, del Partido Republicano Radical.

El PRR, "centrista y de nombre equ√≠voco" (Stanley Payne dixit), fue la √ļnica formaci√≥n de masas netamente republicana. Como tal, estaba llamada a ejercer un papel central, en cualquier sentido de la palabra, en el nuevo r√©gimen. Sus miembros cre√≠an en la democracia como m√©todo, sin oportunismos, lo que les distingu√≠a de la vasta mayor√≠a de los alineados a izquierda y derecha.

La primera cr√≠tica que se dirige a los radicales tiene que ver con la moral, a ra√≠z de la implicaci√≥n de algunos de ellos en asuntos turbios, como el del c√©lebre estraperlo. Pero el caso es que tal episodio era menor, y mera an√©cdota si lo comparamos con lo que nos trae ahora todos los d√≠as la prensa. Sea como fuere, y por m√°s condenables que fueran esas corruptelas, no se pod√≠an comparar con los cr√≠menes que sus enemigos perpetraron durante la Rep√ļblica y en la Guerra Civil.

La segunda cr√≠tica, proferida desde la izquierda, denuncia que sostuvieron un gobierno participado por la derecha. Juicio que se vuelve contra quienes lo profieren, pues deja en evidencia, hoy como entonces, su poco aprecio por la democracia aut√©ntica. Tambi√©n trasluce su idea ideol√≥gica de la Rep√ļblica: la quer√≠an/la quieren para mandar, no para arbitrar la convivencia bajo el principio de libre elecci√≥n de los gobernantes.

La importancia de Alejandro Lerroux y los suyos queda demostrada con el hecho de que, en cuanto se descalabraron en las urnas, en febrero del 36, la política se radicalizó, dando paso, en sólo cuatro meses, a la sangrienta Guerra Civil.

Los radicales siguen teniendo mala prensa, sí. Lo cual no deja de ser interesante a la hora de calibrar el respeto que siente tanto pretendido estilita de las libertades por la democracia.

 

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