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Autor Tema: La primera Guerra Civil en Espa帽a  (Leído 1425 veces)
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« : Lunes 25 de Julio de 2011, 07:34 »

La primera guerra civil espa帽ola

Por Jorge Vilches-LD






 Benedetto Croce escribi贸 que el gran enfrentamiento del siglo XIX, el que movi贸 a naciones y a pueblos, cambi贸 tronos, erigi贸 rep煤blicas y trastroc贸 fronteras, tuvo por actores al liberalismo y a la Iglesia.
 


Podr谩 parecer una superficialidad, pero lo que hubo entonces fue una revoluci贸n en las mentalidades, en la visi贸n del individuo y de su ubicaci贸n en la sociedad, en la concepci贸n, soporte y finalidad del poder, y en esto chocaban el liberalismo y la Iglesia.
 
La revoluci贸n no se hizo, por ejemplo, tomando una prisi贸n, la Bastilla, o proclamando una Constituci贸n, la de 1812, o repartiendo la propiedad de la tierra; sino venciendo en la pugna por el dominio de una mentalidad sobre otra. Por eso Fran莽ois Furet sosten铆a que la Revoluci贸n Francesa, la que comenz贸 en 1789, no finaliz贸 hasta los a帽os 80 del XIX, cuando la III Rep煤blica se convirti贸 en el r茅gimen indudable para la mayor铆a aplastante de los franceses. La mentalidad ya hab铆a cambiado. Sea como fuere, la guerra civil volv铆a una y otra vez; es decir, el enfrentamiento por concepciones antag贸nicas del hombre, la sociedad, el poder y la Historia.
 
En el caso espa帽ol, ese choque de mentalidades se produjo en la Guerra de la Independencia, cuando un grupo de liberales inici贸 un proyecto para modernizar la naci贸n espa帽ola que culmin贸 en la Constituci贸n de 1812. Este texto se convirti贸 en la llave para que se produjera ese cambio en las mentalidades capaz de abrir la naci贸n a las luces, al progreso, a los derechos individuales. Conoc铆an que no era la mejor ley, ni siquiera la que pod铆a concitar un mayor acuerdo, pero su fuerza radicaba precisamente en que era s铆mbolo y motor del cambio. La resistencia a dicha revoluci贸n en las mentalidades comenz贸 entonces y provoc贸 guerras civiles que retrasaron el pa铆s, envenenaron las instituciones y proyectaron la imagen de una Espa帽a salvaje, africana y sangrienta.
 
La primera guerra civil se produjo en el Trienio Liberal (1820-1823), cuando los resistentes a la libertad se levantaron en armas contra la restauraci贸n de la Constituci贸n de 1812. Los liberales culminaban as铆 el proceso iniciado en 1810, frustrado en 1814 por el golpe de estado de Fernando VII. La c谩rcel y el exilio hab铆a sido entonces el destino de muchos de ellos, cuando no la muerte. El pronunciamiento del general Riego, en enero de 1820, apenas tuvo eco en los tres meses siguientes, pero tampoco se produjo una reacci贸n, ni popular ni militar. Ni siquiera el rey reaccion贸 cuando empezaron a sumarse otros pronunciamientos; es m谩s, le aconsejaron enviar al general La Bisbal a enfrentarse a los sublevados, y el general acab贸 uni茅ndose a ellos.
 
Tras la proclamaci贸n, el 7 de marzo, el poder callejero qued贸 en manos de los liberales exaltados, que idolatraban tanto la Constituci贸n de 1812 como al general Riego. Los exaltados compon铆an la parte radical del liberalismo, y sus principios y maneras adelantaron lo que iban a ser las caracter铆sticas de la izquierda liberal del XIX: parlamentarismo tipo Convenci贸n 鈥揳煤n no republicanismo鈥, populismo, revolucionarismo permanente, acaparamiento del poder, lo que supon铆a marginar a las otras opciones pol铆ticas. A imitaci贸n de los revolucionarios franceses, se reun铆an en clubes y sociedades patri贸ticas m谩s o menos p煤blicas, y publicaban folletos y peri贸dicos 鈥揷omo El Zurriago, La Tercerola (el nombre de un arma de fuego) o El Rel谩mpago鈥 con un lenguaje agresivo y revolucionario. Se dec铆an los 煤nicos liberales y los verdaderos autores de la Revoluci贸n; no en vano se defin铆an como exaltados los generales Riego, Espoz y Mina, Quiroga y Evaristo San Miguel.
 
Los exaltados quisieron la revoluci贸n dentro de la revoluci贸n. El enemigo ya no era s贸lo el absolutismo, tambi茅n el liberalismo moderado. El detonante fue la destituci贸n de Riego como capit谩n general de Arag贸n y su destierro a L茅rida por organizar a los exaltados aragoneses y criticar al Gobierno de los liberales moderados.
 
El primer episodio de la revuelta exaltada tuvo lugar en Madrid el 18 de septiembre de 1821, en la denominada Batalla de las Plater铆as, que no fue m谩s que la dispersi贸n por las fuerzas del orden de una manifestaci贸n exaltada en el centro de la ciudad. Hubo despu茅s motines en C谩diz, Sevilla, La Coru帽a, Barcelona y Bilbao, donde los exaltados destituyeron a las autoridades gubernamentales y deportaron a los pol铆ticos molestos. La revuelta exaltada, tal y como cuenta el historiador Jos茅 Luis Comellas, nada proclive a los liberales, "result贸 incruenta, y no provoc贸 el menor derramamiento de sangre", termin谩ndola el gobierno con negociaciones y concesiones en noviembre de 1821. Sin embargo, el da帽o que hizo esta tendencia al r茅gimen constitucional fue grande, pues desestabiliz贸 a los gobiernos con su idea de la revoluci贸n permanente, gener贸 un ambiente de enfrentamiento civil y dio munici贸n argumental a los reaccionarios locales y a las potencias absolutistas.
 
Apaciguados con facilidad los exaltados, los realistas fueron los que encendieron la guerra civil. La contrarrevoluci贸n se puso en marcha en 1821; en dos frentes, muy al estilo de Fernando VII: la conspiraci贸n en Palacio y las partidas en provincias.
 
Les era imprescindible la propaganda, que ya emplearon contra la Constituci贸n entre 1812 y 1814. Pero no se trataba de una propaganda cualquiera: era ret贸rica guerracivilista. Los realistas denunciaron que el rey estaba "tiranizado" por los liberales y que la Iglesia era sometida a "profanaciones" diarias; ambas, acusaciones falsas. Los constitucionales hab铆an violado el curso de la historia de Espa帽a, que un铆a Trono y Altar, imponiendo una Constituci贸n contraria a la voluntad de Dios y que dirig铆a el pa铆s hacia la Rep煤blica y la "perversi贸n de las costumbres". Los liberales eran definidos por los realistas como jacobinos, mas贸nicos, republicanos, sat谩nicos, ladrones, extranjerizantes, y adem谩s ten铆an la culpa de la crisis econ贸mica. La soluci贸n era, dec铆an, su liquidaci贸n.
 
La mayor parte de esa propaganda parti贸 de la Iglesia, que se sinti贸 atacada por el nuevo r茅gimen. Las razones fueron que el Gobierno prohibi贸 la profesi贸n de nuevos religiosos hasta que no se reuniesen las Cortes y decret贸 la expulsi贸n de la Compa帽铆a de Jes煤s, el sometimiento a la jurisdicci贸n civil de todos los eclesi谩sticos y la supresi贸n de comunidades monacales y de la Inquisici贸n. Con el apoyo del papa P铆o VII y del nuncio Gustiniani, el clero utiliz贸 la estructura eclesial para hacer oposici贸n al r茅gimen y al liberalismo; de sus filas salieron dirigentes de partidas armadas como el cura Merino y el Trapense, que dieron a la guerra civil que iniciaron el nombre de "Cruzada".
 
Martignac, testigo de los hechos por ser la autoridad civil que acompa帽贸 a Angulema en 1823, escribi贸 que las partidas se pon铆an en marcha "conducidas por los curas al grito de Viva la religi贸n, Viva el Rey absoluto" y se presentaban "entonando himnos religiosos":
 

No era solamente la guerra civil con sus intereses y pasiones odiosas, sino una cruzada con su ciego fanatismo.
 
El alzamiento realista empez贸 en septiembre de 1820 en 脕lava, y luego se extendi贸 por las otras provincias vascas, Navarra y Catalu帽a; tambi茅n por Galicia, el Levante y Andaluc铆a. Las partidas actuaban como los guerrilleros de la Guerra de la Independencia; pero con una diferencia: asaltaban los pueblos, mataban a los liberales se帽alados, robaban, violaban y secuestraban para posteriormente pedir rescates. Era el terror blanco. El n煤mero de guerrilleros fue aumentando desde los 3.000 del primer momento hasta los 30.000 de julio de 1823, seg煤n el Estado Mayor de Angulema; a esta cifra llegaron poco despu茅s de que el Gobierno franc茅s decidiera darles una paga diaria para evitar el pillaje.
 
Hasta el verano de 1822, los Gobiernos liberales los consideraban facciosos, asimilables a bandoleros y contrabandistas. La visi贸n cambi贸 despu茅s del fallido golpe de estado del 7 de julio de 1822, protagonizado por la Guardia Real a instancias del rey. La victoria de las tropas constitucionales convenci贸 a Fernando VII de que la soluci贸n era la intervenci贸n extranjera, para lo cual era necesario, seg煤n le hab铆an asegurado los Gobiernos franc茅s y ruso, la existencia de un ej茅rcito propio y de un Gobierno alternativo; es decir, que adquiriera gravedad la guerra civil.
 
La documentaci贸n de los servicios ingleses y franceses, y los propios papeles de Fernando VII, atestiguan que el rey alent贸 la formaci贸n de las partidas realistas y arm贸 la conspiraci贸n exterior. Los realistas evitaban el enfrentamiento con las tropas constitucionales, dando solamente la batalla a peque帽as guarniciones. El ejemplo es la toma de Seo de Urgel en junio de 1822: dos mil realistas mandados por el Trapense se enfrentaron a 80 defensores de la ciudad, sobre cuya poblaci贸n ejercieron los primeros todo tipo de tropel铆as. All铆 adquiri贸 gravedad la guerra civil, al formarse, en agosto, la Regencia de Urgel, como un Gobierno alternativo al constitucional; un Gobierno que representaba la "soberan铆a del rey". A esto le sigui贸 la formaci贸n en suelo galo del Ej茅rcito de la Fe, de cuyas actuaciones crueles y torpes quedaron espantadas las autoridades militares y civiles francesas.
 
La guerra civil se libr贸 especialmente en Catalu帽a, aunque se generaliz贸 por todo el territorio cercano a la frontera francesa, zona donde encontraban refugio los realistas. Espoz y Mina en Catalu帽a y Torrijos en las provincias vascas y Navarra carecieron de medios suficientes para terminar con un enemigo que rara vez presentaba batalla, pero que reaparec铆a continuamente tras abastecerse en Francia. El Ej茅rcito de la Fe nunca hubiera ganado la guerra civil si no hubiera contado con el auxilio econ贸mico y militar franc茅s; es m谩s, no fue m谩s que la avanzadilla indeseada del duque de Angulema. Las tropas realistas de Quesada, Carlos O'Donnell y el conde de Espa帽a se dedicaban a la venganza y al robo, mientras las poblaciones ped铆an socorro a las tropas francesas para que evitaran sus desmanes. Por eso se produjo el avance r谩pido de los Cien Mil Hijos de San Luis, porque la gente demand贸 la protecci贸n que no pod铆a dar el Gobierno constitucional.
 
El 7 de abril de 1823, los soldados franceses del Ej茅rcito de los Pirineos entraron en Espa帽a por el Bidasoa, Roncesvalles y Catalu帽a. Eran los Cien Mil Hijos de San Luis, aunque en realidad rondaban los 60.000. Los generales Espoz y Mina, La Bisbal, Torrijos y otros intentaron resistir, pero fue in煤til. Tomaron Madrid sin resistencia y avanzaron por Andaluc铆a. Casi cinco meses despu茅s, el 31 de agosto, cay贸 el fuerte del Trocadero, en la bah铆a de C谩diz, y con 茅l el Gobierno liberal, que all铆 se hab铆a refugiado. Fernando VII recuperaba as铆 el poder absoluto que hab铆a perdido en marzo de 1820. A este conflicto de casi tres a帽os, con miles de muertos 鈥搃mposible dar una cifra exacta鈥, le sigui贸 una sangrienta represi贸n. Fue la primera guerra civil espa帽ola contempor谩nea.
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