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Autor Tema: LA MUERTE DEL GENERAL MOLA  (Leído 4074 veces)
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« : Mi√©rcoles 13 de Junio de 2012, 08:19 »

a muerte de Mola, 'el Director'




Por Pedro Fern√°ndez Barbadillo-LD
   
El 3 de junio de 1937 falleci√≥ el general Emilio Mola al estrellarse su avi√≥n en un monte de Burgos cuando sus tropas se acercaban a Bilbao, que caer√≠a el d√≠a 19, y se libraba la batalla de La Granja. Franco ya era jefe del Estado y del partido √ļnico, pese a lo cual se ha querido ver en esa muerte una mano oscura. 
Emilio Mola Vidal, nacido en Cuba en 1887, hijo de un capit√°n de la Guardia Civil, fue uno de los militares m√°s prestigiosos de Espa√Īa en el primer tercio del siglo XX. En 1909 ya estaba destinado en Marruecos y en 1912 recibi√≥ su primera herida en combate. En 1927, con cuarenta a√Īos, ascendi√≥ a general de brigada. En febrero de 1930, el Gobierno del general Berenguer le nombr√≥ director general de Seguridad; su misi√≥n principal era vigilar a la oposici√≥n, que es lo que han hecho casi siempre los servicios policiales espa√Īoles. Desarroll√≥ tan bien su labor, y sin perpetrar brutalidades, que los republicanos le marcaron con cruces negras.

Cuando cay√≥ la Monarqu√≠a, el nuevo r√©gimen destituy√≥ a Mola y le meti√≥ en la c√°rcel. Pese a que un tribunal le absolvi√≥, se le consider√≥ preso gubernativo y se le volvi√≥ a encarcelar. En 1932 se le separ√≥ del Ej√©rcito, y para vivir tuvo que escribir varios libros. Memorias de mi paso por la Direcci√≥n General de Seguridad y Lo que yo supe son dos textos entretenid√≠simos, con consejos sobre c√≥mo montar un servicio de seguridad y espionaje; si no son hoy tratados como obras capitales para conocer la Espa√Īa de entonces se debe, sin duda, a la enemiga que a√ļn se tiene a su autor.

La Ley de Amnistía, aprobada por las Cortes dominadas por la CEDA, permitió el reingreso de Mola en el Ejército. En noviembre de 1935 el ministro de la Guerra, el catalán de la Lliga Pedro Rahola, le nombró jefe de la circunscripción oriental del Protectorado.

En Navarra

El Gobierno del Frente Popular le consideraba un peligro, de modo que en una de sus primeras decisiones le traslad√≥ a Pamplona, como gobernador militar. Sin embargo, all√≠ Mola estableci√≥ lazos con los carlistas, que se hab√≠an reorganizado al proclamarse la Rep√ļblica, y prepar√≥ la conspiraci√≥n contra las izquierdas. Sus circulares las firmaba como el Director. En los meses siguientes, los planes de Mola avanzaron muy despacio; las derechas, fan√°ticas del orden p√ļblico y de la ley, esperaban que Manuel Aza√Īa frenase a los socialistas y los comunistas; Franco y otros generales remoloneaban en su incorporaci√≥n al movimiento, y los falangistas y los carlistas s√≥lo aceptaban participar en el golpe si se les conced√≠a de antemano su programa. La desesperaci√≥n de Mola fue tal, despu√©s de una reuni√≥n con los carlistas en la que √©stos le exigieron que desde la primera hora se restableciese la bandera rojigualda y se prohibiesen los partidos, que estuvo a punto de renunciar a todo.

Sus planes eran el establecimiento de una dictadura republicana que no cambiase el régimen y cuyo modelo podía ser la existente en Polonia. El golpe consistiría en una sucesión de pronunciamientos de las guarniciones de la Península y Marruecos entre los días 17 y 19 de julio, pero fracasó. Mola esperaba una operación rápida, que impidiese al Gobierno reaccionar y a las izquierdas movilizar a sus milicias armadas, pero el jefe del Ejecutivo, Santiago Casares Quiroga, estaba al tanto de la conspiración y varios implicados se rajaron en el momento decisivo; eso fue lo que ocurrió, por ejemplo, en Málaga, San Sebastián y Barcelona.

Mola votó por Franco

Mola qued√≥ convertido en jefe militar de la meseta del Duero, m√°s Navarra, √Ālava, Logro√Īo, Galicia y Arag√≥n. Envi√≥ tropas a la linde con Guip√ļzcoa y a Madrid, mientras esperaba que Queipo de Llano asentase su posici√≥n en Sevilla y Franco cruzase el Estrecho. El 20 de julio, en Portugal, muri√≥ en un accidente de aviaci√≥n el general Sanjurjo, que iba a ser el caudillo del alzamiento. Con las dos zonas unidas, liberado el Alc√°zar de Toledo por Franco y tomada San Sebasti√°n por Mola, los jefes militares de la Junta de Defensa se reunieron en una finca en Salamanca para decidir si se constitu√≠a un mando √ļnico y a qui√©n se entregaba.

A esa reunión asistieron los generales Cabanellas, Dávila, Mola, Saliquet, Valdés y Cabanillas, Gil Yuste, Franco, Orgaz, Queipo de Llano y Kindelán y los coroneles Montaner y Moreno Calderón. Después de varias discusiones, Mola y los monárquicos Kindelán y Orgaz propusieron a Franco. Puesto su nombre a votación, sólo Cabanellas no lo apoyó: se abstuvo. El 1 de octubre se publicó el nombramiento de Franco como jefe del Estado y Generalísimo.

En los meses siguientes se detuvo el avance de los nacionales sobre Madrid, y tambi√©n fracas√≥ la ofensiva del reci√©n formado Gobierno vasco sobre Villarreal de √Ālava. Franco y su Estado Mayor decidieron atacar la zona norte (Vizcaya, Santander y Asturias) para hacerse con una potente industria pesada y disponer de m√°s tropas. A Mola, como jefe del Ej√©rcito del Norte, se le encomend√≥ la campa√Īa, que comenz√≥ el 31 de marzo de 1937.

En abril de ese a√Īo se procedi√≥ a la fundaci√≥n del partido √ļnico, por la uni√≥n de la Falange y de los carlistas en FET de las JONS; tambi√©n ingresaron en √©l muchos militantes de la CEDA y alfonsinos. A fin de retrasar el avance de las tropas de Mola (brigadas navarras, requet√©s vascos, voluntarios italianos, legionarios y regulares), el Gobierno de Valencia desencaden√≥ a finales de mayo una ofensiva cuyo objetivo era tomar Segovia.

El 3 de junio, en Vitoria, Mola subi√≥ a un avi√≥n con destino Valladolid para discutir con Franco detalles de las operaciones en Segovia y Vizcaya. Sin embargo, su avi√≥n se estrell√≥ en La Br√ļjula, en el municipio de Alcocero (Burgos). El cad√°ver del general se reconoci√≥ gracias a la c√°mara fotogr√°fica que siempre llevaba consigo.

Enseguida, en la zona republicana se hizo circular el rumor de que a Mola lo había matado Franco para quitarse de encima a un rival. En el ABC de Madrid se afirmó que iba a presidir el primer Gobierno que se formase después de la toma de Bilbao.

Serrano Su√Īer hablaba as√≠ de las teor√≠as conspirativas:

No puede extra√Īar, sin embargo, que, desde las posiciones de hostilidad implacable y sistem√°tica en una guerra civil, se difundiera maliciosamente la especie de que Mola hab√≠a muerto v√≠ctima de un sabotaje. Se trataba de un infundio; de una patra√Īa deliberadamente injuriosa.

Novelas aparte, los hechos son tozudos.

Cuando Mola muri√≥, Franco ya ten√≠a el poder absoluto. La Administraci√≥n del nuevo Estado, salvo en provincias como Navarra, Guip√ļzcoa y √Ālava, dominadas por los carlistas, y Sevilla, por Queipo de Llano, jefe del Ej√©rcito del Sur, estaba controlada por partidarios de Franco, como su hermano Nicol√°s, su cu√Īado Ram√≥n Serrano S√ļ√Īer, Pedro Gonz√°lez-Bueno y Jos√© Antonio Suanzes.

Ninguno de los dem√°s generales, como los mon√°rquicos Enrique Varela, Valent√≠n Galarza, Alfonso Kindel√°n y Alfonso de Orleans, los falangistas Juan Yag√ľe y Agust√≠n Mu√Īoz Grandes, y otros como Gonzalo Queipo de Llano, Fidel D√°vila, Antonio Aranda y Rafael Garc√≠a Vali√Īo, se sublevaron contra √©l, pese a que tuvieron el apoyo de Berl√≠n o de Londres y se desempe√Īaron en ministerios y capitan√≠as generales. Todo lo m√°s se limitaron a firmar un manifiesto, a murmurar y a conspiraciones de sal√≥n.

Un ducado para su viuda

En 1948, una ley y un decreto restauraron en Espa√Īa los t√≠tulos nobiliarios, que la Rep√ļblica hab√≠a abolido. Franco, como jefe del Estado, se reserv√≥ la potestad de concederlos y el 18 de julio de ese a√Īo cre√≥ los siguientes t√≠tulos: Ducado de Primo de Rivera, en favor de Jos√© Antonio Primo de Rivera, que ya era marqu√©s de Estella; Ducado de Calvo Sotelo, en favor de Jos√© Calvo Sotelo; Ducado de Mola, en favor de Emilio Mola, y Condado del Alc√°zar de Toledo, en favor del general Jos√© Moscard√≥. Tres de esos t√≠tulos fueron p√≥stumos. Jos√© Antonio Vaca de Osma ha escrito: "Si hubo un t√≠tulo justificado del franquismo, fue √©se".

A√Īos m√°s tarde, el resentimiento del PSOE de Rodr√≠guez Zapatero llev√≥ al ministro de Justicia Francisco Caama√Īo a negarse a librar carta de sucesi√≥n en este t√≠tulo y en otros tres concedidos por Franco. Tanto los afectados como la Diputaci√≥n de la Grandeza repitieron la conducta de la aristocracia alfonsina el 14 de abril de 1931: quedarse quietos. En este caso, esperaron a que el ministro cesase.
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