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Autor Tema: La batalla de Guadalete  (Leído 1501 veces)
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« : Martes 27 de Septiembre de 2011, 07:06 »

MIL TRESCIENTOS A√ĎOS DE 'LA P√ČRDIDA DE ESPA√ĎA'



La batalla de Guadalete




Por Pedro Fern√°ndez Barbadillo-LD



 El Estado espa√Īol lleva a√Īos conmemorando la expulsi√≥n de los moriscos ordenada por el rey Felipe III. Si, seg√ļn la doctrina oficial, la invasi√≥n musulmana fue un hecho venturoso y la Reconquista, por el contrario, fue insidiosa (como afirm√≥ un conocido acad√©mico), es l√≥gico que la Alianza de Civilizaciones y las superestructuras culturales espa√Īolas se olviden del aniversario del momento en que empez√≥ lo que acab√≥ en 1609: la batalla de Guadalete. 

¬ŅQu√© otros acontecimientos de la historia de Espa√Īa m√°s trascendentales que la invasi√≥n √°rabe de 711 y el derrumbe del reino visigodo podemos encontrar? De haber triunfado la media luna, la Espa√Īa romana, cristiana y occidental ser√≠a hoy como Egipto ‚Äďantes sede de escuelas filos√≥ficas‚Äď, Siria ‚Äďque fue cuna del monacato‚Äď o Turqu√≠a ‚Äďa cuyas comunidades de cristianos escrib√≠a San Pablo sus cartas‚Äď, que vio dormirse a la Virgen y sede del primer concilio ecum√©nico, el de Nicea.

Los visigodos no dejaron grandes obras de arquitectura o de arte, ni descubrimientos cient√≠ficos, pero aportaron dos hechos capitales para la historia de Espa√Īa: la unidad cat√≥lica y la conciencia de que el territorio era una entidad pol√≠tica diferenciada, con personalidad y misi√≥n propias. Un tercer elemento fue la unificaci√≥n completa de la Pen√≠nsula Ib√©rica, con el archipi√©lago de las Baleares y un pedazo de Francia, la Narbonense. S√≥lo en 1580 se restaurar√≠a esta unidad territorial, que se perdi√≥ entre 1640 y 1713.

En sus casi tres siglos de existencia, los godos mostraron vicios ‚Äďcomunes a otros pueblos germanos‚Äď que les condujeron a la extinci√≥n, por ejemplo una fuerte tendencia a la rebeli√≥n contra sus reyes ‚Äďdebido al car√°cter electivo de la monarqu√≠a, que se repart√≠an varios clanes‚Äď y el h√°bito de pedir ayuda a poderes extranjeros para resolver disputas relacionadas, precisamente, con el acceso a la corona. De los treinta y tres monarcas godos, s√≥lo quince murieron de muerte natural.

Cinco reyes en cuarenta a√Īos

Los √ļltimos cuarenta a√Īos del reino godo constituyeron una sucesi√≥n de desastres pol√≠ticos, econ√≥micos y sociales. Pese a la escasa documentaci√≥n que nos ha llegado, los historiadores han reconstruido en parte los acontecimientos registrados entre la muerte de Recesvinto (672) y la batalla de Guadalete (711).

Se sucedieron cinco reyes, respaldados por los magnates y los clanes: Wamba, Ervigio, Egica, Witiza y Rodrigo. Fueron tiempos de conspiraciones, sublevaciones, hambrunas, pestes; de subidas de impuestos, depreciaciones de la moneda; de divisiones entre godos e hispanorromanos... Al parecer, los espa√Īoles de la √©poca cayeron en un pesimismo brutal que hizo aumentar de manera espectacular el n√ļmero de suicidios.

Mientras tanto, el alfanje del islam se acercaba a Espa√Īa. El tercer califa, Utm√°n, de la familia Omeya, organiz√≥ la primera flota √°rabe hacia el 649. En la d√©cada del 660 al 670 los √°rabes conquistaron Egipto y atacaron Sicilia. Entre el 674 y el 678 sitiaron por primera vez Constantinopla. Se apoderaron de Cartago en el 698 y al tiempo derrotaron a las tribus bereberes del norte de √Āfrica, que se convirtieron al islam. En tiempos de Wamba (672-680), una numerosa flota √°rabe ‚Äďen torno a 250 naves‚Äď atac√≥ las costas espa√Īolas, ataque que fue repelido por la marina goda.

A la muerte de Witiza (702-710), y pese a los esfuerzos de su poderoso clan, el resto del senado godo eligió a Rodrigo (o Roderico), que era quizá duque de la Bética, como rey. Los witizianos entonces se dedicaron a la conjura.

La traición

En siglos anteriores, ya otros conspiradores hab√≠an llamado a, por ejemplo, bizantinos y merovingios para que les ayudasen a tomar el poder. En esta ocasi√≥n, por medio del gobernador de Ceuta, un tal Juli√°n (Urbano para otros), los witizianos entraron en contacto con el val√≠ de √Āfrica, Musa ibn Nusayr, para contratarle su ej√©rcito a cambio de cierta cantidad de oro.

Los historiadores árabes sostienen que en el 710 llegó una primera expedición, que fue rechazada. En abril del 711, Tariq ibn Ziyad, gobernador de Tánger, zarpó de Ceuta al frente de unos pocos miles de soldados y desembarcó en la bahía de Algeciras. Los witizianos creían que el invasor era mercenario, y se le unieron y le proporcionaron alimentos y refugio.
Rodrigo se encontraba en el norte, seg√ļn unas cr√≥nicas en Pamplona, combatiendo a los vascones, y seg√ļn otras en los alrededores de Zaragoza, peleando contra Akhila, el primog√©nito de Witiza, proclamado rey por sus partidarios. En cuanto conoci√≥ la noticia se dirigi√≥ al sur. En la segunda mitad de julio y en diversos lugares de la actual provincia de C√°diz se produjeron varias escaramuzas y batallas; la m√°s importante de √©stas la protagonizaron Rodrigo y Tariq en un paraje que se ha situado en la laguna de La Janda o en el r√≠o Guadalete.

La siguiente traición de los witizianos consistió en abandonar a Rodrigo, que fue vencido y muerto por los musulmanes. Mientras los godos caían en la guerra civil, los musulmanes, reforzados por Musa, conquistaban el reino: en el 711, Córdoba y Toledo; en el 712, Sevilla y Mérida (que sufrió tal castigo por su resistencia, que desapareció de la historia); en el 714, Zaragoza y Gijón; en el 718, Barcelona.

Los witizianos y muchos de los godos supervivientes acabaron como los futuros cipayos de la India a sueldo de los brit√°nicos. La viuda de Rodrigo, Egilo, cas√≥ en 714 con el val√≠ de Espa√Īa, Abd el Aziz, hijo de Musa. Otros godos pasaron a Francia o bien resistieron a los invasores, como Pelayo.

¬ŅC√≥mo en una sola batalla se hundi√≥ Espa√Īa? Algo parecido hab√≠an sufrido ya los godos en la batalla de Vouill√© (507), cuando los francos desbarataron el reino de Tolosa. El pueblo godo perdi√≥ a su rey, Alarico II, y la mitad de su reino, pero no desapareci√≥.

Dios lo quiso

El catedr√°tico Jos√© Orlandis, autor de uno de esos escasos libros escritos por universitarios espa√Īoles que a√ļnan la erudici√≥n con la amenidad ‚ÄďHistoria del reino visigodo espa√Īol‚Äď, reconoci√≥ su incapacidad para desembrollar la cat√°strofe:

La p√©rdida de Espa√Īa seguir√° apareciendo como un acontecimiento que escapa a las reglas de la l√≥gica: fue algo sorprendente, imprevisible, que ser√° obligado considerar siempre como uno de los grandes enigmas de la historia.

Otro historiador espa√Īol, Claudio S√°nchez Albornoz, s√≥lo encuentra una explicaci√≥n:

Toda nuestra historia ha girado hasta ayer en torno de las proyecciones en nuestra vida, no s√≥lo de los contactos entre las dos civilizaciones, sino de la gran aventura de los ocho siglos de batalla contra el islam. ¬ŅPor obra del azar? Yo me inclino a creer que por altos y misteriosos designios del Alt√≠simo, que eligi√≥ a un pueblo de √°spero talante desde varios siglos antes de la conquista romana ‚Äďrecordemos que Roma gan√≥ las Galias en una campa√Īa de una d√©cada y tard√≥ dos siglos en dome√Īar Espa√Īa‚Äď para llevar a cabo la doble aventura de cristianizar a Am√©rica y de ser su espada en los albores de la modernidad y despu√©s.

¬ŅInvasi√≥n romana?

Uno de esos arabistas que reciben premios y condecoraciones de los √°rabes, Pedro Mart√≠nez Mont√°vez, se quejaba hace unos a√Īos de la incomprensi√≥n con que los espa√Īoles miramos a lo isl√°mico (El Mundo, 17-10-2006):

Mi nieto Sergio no acierta a explicarse por qu√©, cuando se explica la Historia de Espa√Īa, se habla siempre de "invasi√≥n √°rabe" o "invasi√≥n musulmana", y nunca de "invasi√≥n romana".

Tal vez el doctor Mart√≠nez, que fue rector de la Universidad Aut√≥noma de Madrid, no sepa explicar a su nieto que, cuando los romanos invadieron Espa√Īa, √©sta no era m√°s que un concepto geogr√°fico. En cambio, cuando los √°rabes irrumpieron en Espa√Īa ya exist√≠an un pa√≠s independiente y unas personas que se llamaban a s√≠ mismas espa√Īolas.

Ning√ļn descendiente de los celtas, los √≠beros o los vascones escribi√≥ en el siglo II un llanto por la p√©rdida de Espa√Īa (o de Numancia, o de Sagunto, o de C√°stulo o de Volux), a la vez que en Roma reinaba el hispano Trajano. Por el contrario, los cronistas espa√Īoles desde el siglo VIII hasta el final de la Edad Media se preguntaron por las causas de la p√©rdida de Espa√Īa, tal como explica Seraf√≠n Fanjul:

Y, de manera natural, se elabora un conjunto de leyendas que puedan explicar, ya que no excusar, un acontecimiento tan dram√°tico. En esas historias apenas asoman los √°rabes o musulmanes, sino que la hecatombe hist√≥rica se achaca a nuestros pecados, por usar la expresi√≥n popular, o m√°s exactamente al yerro culposo de los magnates godos, desencadenador de la ira divina: el castigo de Dios toma por brazo ejecutor a los moros, pero su origen se halla en transgresiones, incumplimientos y verg√ľenzas manifiestas de esos pr√≠ncipes que, de tal guisa, dejan a su pueblo expuesto a la justicia del Cielo. La culpa, o el pecado original, de nuevo generalizados, se abaten sobre los hispanos y √©stos deben purgar con siglos de sometimiento y alienaci√≥n las andanzas de Vitiza, don Rodrigo o don Juli√°n.

Los musulmanes como brazo ejecutor de Dios para castigar a los espa√Īoles por los pecados, los errores y las aberraciones de sus gobernantes... Puede ser una interpretaci√≥n que valga tambi√©n para la Europa del siglo XXI.
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« : Martes 27 de Septiembre de 2011, 07:06 »

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