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Autor Tema: Katyn, Socialismo y Barbarie.  (Leído 1042 veces)
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« : Jueves 01 de Julio de 2010, 06:23 »

LOS CR√ćMENES DEL COMUNISMO


Socialismo y barbarie en Katyn



Por Baldomero V√°squez Soto
LD




 El pasado d√≠a 20 hubo elecciones presidenciales en Polonia. El candidato m√°s votado no super√≥ el 50% establecido por la ley para salir electo en primera ronda, por lo que habr√° una segunda vuelta el 4 de julio. Estos inesperados comicios hubo que celebrarlos debido a la muerte, el pasado 10 de abril, del anterior presidente, Lech Kaczynski, y de otras 95 personalidades polacas en un accidente de aviaci√≥n.
 

La catástrofe tuvo lugar en Smolensk. Kaczynski y su comitiva acudían a esa ciudad rusa para conmemorar la matanza de Katyn, perpetrada por la policía secreta estalinista (NKVD) en 1940, en la que fueron asesinados 22.000 oficiales y profesionales polacos. La de los bosques de Katyn fue una de las mayores atrocidades de la II Guerra Mundial, y fue silenciada por los líderes comunistas soviéticos hasta 1990.

El punto de partida de este drama podemos cifrarlo el 23 de agosto de 1939, fecha en la cual se firm√≥ el Pacto de Amistad entre Hitler y Stalin. Pacto que rubricaron en Mosc√ļ ‚Äďfrente a un Stalin sonriente y regocijado‚Äď los ministros de Asuntos Exteriores de Alemania y la Uni√≥n Sovi√©tica, Joachim Ribbentrop y Viacheslav Molotov, respectivamente. La alianza conten√≠a una cl√°usula secreta, oculta por varios a√Īos, que establec√≠a que los gemelos totalitarios expropiar√≠an y se repartir√≠an el territorio de Polonia: la regi√≥n oriental ser√≠a para los nazis y la occidental, para los comunistas.

Hitler env√≠a sus tropas a tomar su parte el 1 de septiembre; el d√≠a 17, Stalin har√° lo propio. Las unidades del Ej√©rcito polaco que escapaban de los nazis se rindieron ante los sovi√©ticos. √Čstos recluyeron a sus prisioneros en los campos de concentraci√≥n de Starobelsk, Koselsk y Ostashkov, y les dijeron que su encierro era provisional.

Los oficiales polacos conocían sus derechos. Así pues, les dijeron a los soviéticos que, o bien Polonia y la URSS estaban en guerra, y entonces habían de ser tratados como prisioneros de guerra, o no lo estaban y, por tanto, su cautiverio era ilegal y debían ser puestos inmediatamente en libertad.

 El honor y la intransigencia inquebrantable que mostraron a la hora de enfrentarse al adoctrinamiento comunista de los campos sellaron el destino de los admirables oficiales polacos. Su suerte se decidi√≥ en la reuni√≥n que mantuvo el Comit√© Central del Partido Comunista de la URSS el 5 de marzo de 1940: se les consider√≥ "enemigos recalcitrantes del poder sovi√©tico", por lo que hab√≠an de ser condenados al "castigo m√°s severo, el fusilamiento" (v. D. Rayfield, Stalin y los verdugos, Taurus, 2005, p. 429). La orden de ejecuci√≥n iba, por supuesto, firmada por Stalin. En abril fueron ejecutados de un tiro en la nuca "11 generales, 1 almirante, 77 coroneles, 197 tenientes coroneles, 541 comandantes, 1.441 capitanes, 6.061 tenientes, 18 capellanes y el principal rabino, junto con el resto de los funcionarios y de la burgues√≠a polaca" (ibid.). 

Las cartas de madres, esposas, hijos que solicitaban información sobre el paradero de sus seres queridos no obtuvieron respuesta.

Fue a ra√≠z de la invasi√≥n nazi de la URSS, en junio de 1941, que se conocer√≠an los hechos. En abril de 1943 las tropas alemanas notifican el hallazgo de una fosa com√ļn en los bosques de Katyn con los cad√°veres de 2.500 oficiales polacos, y responsabilizaron a los comunistas rusos de la matanza. Las autoridades sovi√©ticas respondieron acusando, a su vez, a la Gestapo. Occidente acept√≥ la versi√≥n del dictador sovi√©tico, a pesar de que la Cruz Roja certific√≥ que las muertes se hab√≠an producido antes de la invasi√≥n alemana.   

Tras cincuenta a√Īos de mentiras, finalmente emergi√≥ la verdad: en 1990, Gorbachov reconoci√≥ la responsabilidad sovi√©tica en la matanza. Dos a√Īos m√°s tarde, Yeltsin entreg√≥ a las autoridades polacas el expediente del caso.

Katyn no existi√≥, a√ļn no existe, para los comunistas; tampoco para los que se dicen ex comunistas y en general para la intelectualidad izquierdista internacional (con el Pacto de Amistad de Hitler y Stalin ocurri√≥ algo similar). Quienes durante muchos a√Īos vieron en la revoluci√≥n bolchevique el acontecimiento social m√°s importante de la historia no hacen referencia a las acciones criminales de Stalin: su h√°bito es denunciar al imperio norteamericano. Tampoco conseguiremos una censura contra los creyentes en el dios-carnicero que construy√≥ el socialismo en la URSS; gente como Pablo Neruda, que recibi√≥ en 1953 el Premio Stalin de la Paz por versos adulantes y repugnantes como los que siguen:
Stalin alza, limpia, construye, fortifica
preserva, mira, protege, alimenta,
pero también castiga.
Y esto es cuanto quería deciros, camaradas:
hace falta el castigo.
La √©lite polaca que pereci√≥ en el accidente a√©reo de esta primavera brind√≥ con su muerte una √ļltima contribuci√≥n a su amada patria. Lograron que los ojos de mundo miraran hacia Polonia y tuvieran noticia de la denominada Matanza de Katyn.
 

© Diario de América

BALDOMERO V√ĀSQUEZ SOTO, analista venezolano.
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