Debatimos.com: Opina sin límite
S√°bado 07 de Diciembre de 2019, 18:39 *
Bienvenido(a), Visitante. Por favor, ingresa o regístrate.

Ingresar con nombre de usuario, contraseña y duración de la sesión
Noticias:
 
   Inicio   Ayuda Ingresar Registrarse  


Páginas: [1]   Ir Abajo
  Imprimir  
Autor Tema: Herrera Oria y Gil Robles (P√≠o Moa)  (Leído 1435 veces)
gaia
Moderador
*****

Valoración: +1521/-10
Desconectado Desconectado

Sexo: Femenino
Mensajes: 54607



« : Jueves 04 de Febrero de 2010, 06:00 »

SEGUNDA REP√öBLICA


Herrera Oria y Gil Robles

Por Pío Moa-LD



 En su interesante libro El fracaso de un cristiano, Agapito Maestre explica la posici√≥n pol√≠tica de Herrera Oria, o m√°s bien el modo cristiano de hacer pol√≠tica en las distintas formas de estado.

Siguiendo una tradici√≥n muy antigua, el cristiano debe dar a Dios lo que es de Dios y al c√©sar lo que es del c√©sar, esto es, debe reconocer la autonom√≠a del poder pol√≠tico siempre que este no se convierta en tiran√≠a. Y una forma de tiran√≠a es la pretensi√≥n, hoy tan en boga, de acabar con el cristianismo, mediante la persecuci√≥n violenta anta√Īo, y hoy por asfixia lenta, releg√°ndolo a la absoluta privacidad. Para Herrera, tanto la monarqu√≠a de la Restauraci√≥n como la dictadura de Primo de Rivera, la II Rep√ļblica o la dictadura de Franco eran poderes constituidos que el cristiano deb√≠a reconocer, pero obrando al mismo tiempo contra sus aspectos juzgados injustos y contrarios a la doctrina cristiana. Esto es muy diferente del integrismo, que tiende a convertir al cristianismo en doctrina pol√≠tica directa, en lugar de inspiradora moral.

Maestre analiza el fracaso de Herrera, un fracaso de la convivencia espa√Īola en realidad, pero me interesa aqu√≠ especialmente su an√°lisis en relaci√≥n con la rep√ļblica, que √©l resume en la actitud de Aza√Īa y la de Gil-Robles ante las propuestas herrerianas.

Aza√Īa, como es sabido, inicia su republicanismo con un "programa de demoliciones" de las tradiciones espa√Īolas, uno de cuyos puntos clave era precisamente la erradicaci√≥n del catolicismo de todos los terrenos en que pudiera ejercer influencia o proselitismo: de la ense√Īanza, por supuesto, y hasta de la beneficencia, en una √©poca en que no exist√≠a seguridad social. Pretend√≠a hacerlo, adem√°s, actuando como "cabeza" de unos brazos, los socialistas, que no estaban dispuestos a dejarse dirigir por √©l, ni siquiera a aceptarle m√°s que en tanto les sirviera para su propio objetivo, esto es, la "revoluci√≥n social", el poder dictatorial del PSOE-UGT, a√ļn m√°s radicalmente anticat√≥lico.

Por lo tanto, la postura de Herrera estaba de antemano condenada al fracaso, pues quienes entonces ostentaban el poder la rechazaban sin paliativos. Con esto es suficiente, aplicando la navaja (o la pu√Īalada, como dec√≠a un gracioso) de Occam, para dejar clara la inoperancia de la propuesta herreriana de colaboraci√≥n con la rep√ļblica, y no hace falta recurrir a la "desviaci√≥n" de Gil-Robles con respecto a su maestro. Hubo, aun as√≠, un momento de esperanza ‚Äďporque la rep√ļblica tuvo algo de democr√°tica‚Äď cuando en 1933 la mayor√≠a de la poblaci√≥n, harta de las violencias y convulsiones del primer bienio, vot√≥ al centro derecha, principalmente a la CEDA. Entonces pudo ser posible una rectificaci√≥n de la rep√ļblica, de no haber sido porque las izquierdas, en pleno, rechazaron el veredicto de las urnas y prepararon el asalto al poder o colaboraron en dicho asalto. Tales actitudes en partidos poderosos vuelven inviable la democracia.

No obstante, el triunfo electoral pon√≠a en manos de la derecha cristiana una posibilidad de acci√≥n real, y en ella iba a desempe√Īar un papel muy importante la relaci√≥n entre Gil-Robles y Niceto Alcal√°-Zamora. Herrera, cita Maestre, se dirige al primero:
El porvenir de Espa√Īa depende de dos hombres (...) T√ļ y Alcal√°-Zamora. De la conducta que sigas personalmente con Alcal√° Zamora puede depender el porvenir de la naci√≥n. Hombre dif√≠cil de tratar, de psicolog√≠a singular√≠sima, vanidoso con vanidad pueril, femenina, si quieres, y sin embargo es el Jefe del Estado. Mi consejo es que procures complacerle en lo meramente personal hasta donde te sea posible. G√°nate su confianza (...) Si Alcal√° Zamora ve en ti un adversario irreductible, puede cometer la mayor locura.

Y Don Niceto cometi√≥ efectivamente la mayor locura, creando las condiciones definitivas para un proceso revolucionario que reinici√≥ la guerra en 1936. Quiz√° a Gil-Robles le falt√≥ algo de mano izquierda en el trato, pero no creo que pueda culp√°rsele. El jefe del estado aspiraba a ser el mentor y el inspirador de la derecha, esperanza que se vino abajo con su actuaci√≥n ante la quema de conventos, bibliotecas y centros de ense√Īanza de 1931, y no se resignaba a una derecha independiente de √©l. As√≠ como Aza√Īa lo contuvo con un trato seco y por fin insultante, la victoria electoral de la derecha signific√≥ la intromisi√≥n permanente de Alcal√°-Zamora en las tareas del gobierno de centro derecha, provocando crisis y maniobrando dentro de los partidos.

Gil-Robles solo habr√≠a podido complacerle someti√©ndose a √©l, lo que, con raz√≥n, no estaba dispuesto a hacer. Aun as√≠, tuvo que tragar sus manejos una y otra vez, hasta ser expulsado del ministerio de forma ignominiosa y muy dudosamente legal por el enloquecido Niceto, quien cre√≠a llegado el momento de "centrar la rep√ļblica" a su modo y en realidad consigui√≥ romper todos los diques del proceso revolucionario, como le advirti√≥ el propio Gil-Robles.

Cita Maestre de √Āngel Alcal√° Galve esta opini√≥n:
Aza√Īa y Gil Robles, y no por dis√≠miles motivos, ten√≠an un apego al poder rayano en lo vicioso; haberlo perdido el uno y nunca haberlo pose√≠do el otro fue el detonante psicol√≥gico, a partir de 1935, del odio de ambos a Don Niceto y de su decisi√≥n de destruirlo.
Esto podr√≠a afirmarse quiz√° de Aza√Īa, pero de ning√ļn modo de Gil-Robles, quien, de haber llegado al poder en 1936, ten√≠a todas las razones posibles para destituir al intrigante y abusivo jefe del estado. Que en su lugar lo hiciera Aza√Īa, que deb√≠a el poder a Niceto, tiene, no obstante su ilegalidad, algo de justicia po√©tica.

Tampoco estoy convencido de que Gil-Robles tuviera aquel apego al poder que le atribuye Galve. Cuando tuvo la mejor ocasi√≥n de dirigir el pa√≠s, tras las victoriosas elecciones del 33, no solo renunci√≥ a ello, sino incluso a participar en el gobierno, y muy posiblemente lo hizo sobre la base de la doctrina de Herrera Oria, esperando que las "pasiones pol√≠ticas" se "calmaran": en realidad se encresparon a√ļn m√°s. Camb√≥ tiene, desde luego, una opini√≥n muy distinta al respecto:
Al producirse la primera crisis, Niceto Alcalá-Zamora me indicó las personas que tenía citadas (...) Vi con sorpresa que Gil-Robles, que debía haber sido llamado el primero o el segundo, no iba a ser llamado hasta después. Llamé la atención del presidente (...) Conseguí que se le llamara y, al saber que había sido por indicación mía, vino a darme las gracias muy emocionado. ¡Un hombre que tenía derecho a tomar el Poder, se mostraba agradecido por el hecho de ser llamado entre un conjunto de hombres insignificantes sin fuerza parlamentaria!

No creo que Gil-Robles tuviera especial responsabilidad, más bien al contrario, en la guerra civil, y sí la tuvo, indudabilísima, Alcalá-Zamora. Y la línea general de Herrera Oria, con todo lo razonable y de fondo democrático que fuera en principio, resultó imposible ante la actitud de la izquierda y la de Alcalá-Zamora, que resultó para la CEDA un enemigo más peligroso que la propia izquierda.

Otra cosa fue la conducta de Gil-Robles hacia el final de la II Guerra Mundial, que rond√≥, por lo menos, la alta traici√≥n y pudo haber llevado Espa√Īa a un nuevo desastre, como he tratado en A√Īos de hierro. Pero ese es otro problema.
En línea

Veritas Liberabit Vos
Debatimos.com: Opina sin límite
« : Jueves 04 de Febrero de 2010, 06:00 »

 En línea
Páginas: [1]   Ir Arriba
  Imprimir  
 
Ir a:  



Impulsado por MySQL Impulsado por PHP Powered by SMF | SMF © 2013, Simple Machines XHTML 1.0 válido! CSS válido!