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Autor Tema: El juicio a Cristo  (Leído 1812 veces)
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« : Lunes 09 de Abril de 2012, 08:12 »

http://historia.libertaddigital.com/el-juicio-a-cristo-1276240028.html

El juicio a Cristo





Por Pedro Fern√°ndez Barbadillo





 La aristocracia jud√≠a conden√≥ a muerte a Jesucristo y lo entreg√≥ al poder romano para que lo ejecutase. Ese juicio es sin duda el m√°s resonante de la historia de la humanidad. En √©l, el Sanedr√≠n viol√≥ numerosas leyes del pueblo jud√≠o: no menos de una veintena. 

En estos d√≠as, los cristianos recuerdan en la liturgia y en las lecturas evang√©licas la Pasi√≥n de Cristo. √Čsta comienza con la detenci√≥n de Jesucristo por los criados del sumo sacerdote y la guardia del Templo. El siguiente paso es el juicio realizado por el Sanedr√≠n, en el que sus miembros condenan a Jesucristo a muerte. Aunque el juicio se recubri√≥ de apariencia legal, la sentencia ya estaba dictada de antemano, para lo cual el sumo sacerdote, Caif√°s, y sus ac√≥litos no dudaron en vulnerar las leyes y los precedentes jud√≠os.

Los hermanos Agust√≠n y Joseph L√©mann, jud√≠os franceses que se convirtieron al catolicismo y se ordenaron sacerdotes, escribieron un libro, La asamblea que conden√≥ a Jesucristo, en el que encuentran hasta veintisiete ilegalidades. Las fuentes documentales principales que usan son los libros del Antiguo y del Nuevo Testamento, los escritos del historiador Flavio Josefo ‚Äďprocedente de una familia de sacerdotes‚Äď, el Talmud y la Mishn√°.

El Sanedr√≠n era el tribunal supremo de los jud√≠os y lo formaban setenta y un miembros repartidos en tres c√°maras: la de los sacerdotes ‚Äďla m√°s importante‚Äď, la de los escribas y la de los ancianos. El sumo sacerdote en esos a√Īos era, como ha quedado dicho, Caif√°s, y fue √©l quien presidi√≥ las deliberaciones contra Jes√ļs. Su suegro, An√°s, hab√≠a desempe√Īado el mismo cargo, y aunque lo hab√≠a dejado hac√≠a tiempo segu√≠a siendo consultado por su autoridad; sus hijos (Eleazar, Jonat√°s, Te√≥filo, Anan√≠as y Mat√≠as) eran tambi√©n sacerdotes y miembros del Sanedr√≠n.

El procedimiento para una condena

Entre las normas que regulaban el Sanedrín como tribunal penal estaban las siguientes:

‚ÄĘNo pod√≠a juzgar ni reunirse en s√°bado ni en d√≠a de fiesta; tampoco lo pod√≠a hacer en la v√≠spera de un s√°bado o de un d√≠a de fiesta.
‚ÄĘNo pod√≠a instruir un asunto capital durante la noche, ni comenzar la sesi√≥n antes del sacrificio matutino y continuarla despu√©s del sacrificio vespertino.
‚ÄĘLos testigos deb√≠an ser dos, como m√≠nimo. Declaraban por separado y en presencia del acusado. Se les tomaba juramento, y sus declaraciones deb√≠an ser coincidentes en todo; de lo contrario, sus testimonios se anular√≠an. Por ejemplo, si se acusaba a alguien de idolatr√≠a, delito grav√≠simo, y un testigo dec√≠a que el reo adoraba al Sol y otro a la Luna, la acusaci√≥n se anulaba.
‚ÄĘSi se debat√≠a una sentencia de muerte, √©sta s√≥lo pod√≠a dictarse al d√≠a siguiente del juicio. Adem√°s, los jueces ten√≠an que reunirse por parejas para volver a analizar la causa; a fin de garantizar su ecuanimidad, la ley les prohib√≠a beber vino y darse comilonas. Cuando llegaba la votaci√≥n, un escriba anotaba apuntaba las absoluciones y otro las condenas.
‚ÄĘPara aprobar la pena capital, los votos favorables ten√≠an que superar en dos a los absolutorios. Y la condena hab√≠a de pronunciarse en la llamada sala Gazit o de siller√≠a, una de las dependencias del Templo.
Caif√°s, juez y fiscal

De acuerdo con los Evangelios, el Sanedrín dedicó al juicio de Cristo dos sesiones. La primera comenzó de noche, después del sacrificio vespertino y el primer día de ázimos, víspera de la Pascua. Ya hemos enunciado tres infracciones. A partir de aquí se acumularon.

Caif√°s interrog√≥ a Jes√ļs a la vez que se sentaba entre los jueces. Los miembros del Sanedr√≠n permitieron que un guardia abofetease al acusado. Los guardias del Templo presentaron a individuos del populacho como testigos de cargo, y muchos de ellos se contradijeron en sus testimonios; dos llegaron a declarar juntos. Todo esto contraven√≠a las normas. S√≥lo por las contradicciones entre los testigos, el Hijo de Dios debi√≥ haber sido absuelto.

Ante el silencio de Cristo, Caif√°s trat√≥ de hacerle hablar: "Te conjuro por el Dios vivo a que nos digas si t√ļ eres el Mes√≠as". A los testigos se les deb√≠a hacer jurar para que dijesen la verdad, pero no a los acusados, porque se les pon√≠a en la alternativa de perjurar o acusarse a s√≠ mismos. Una nueva ilegalidad.

Cuando Cristo respondi√≥ "Soy yo", Caif√°s se rasg√≥ sus vestiduras, vulnerando as√≠ no s√≥lo los c√≥digos de conducta sino el mandato que le prohib√≠a romperlas porque representaban el sacerdocio. Calific√≥ √©l mismo el delito ("¬°Blasfem√≥!"), detuvo el juicio ("¬ŅQu√© necesidad tenemos ya de testigos?") y pidi√≥ la opini√≥n de los dem√°s jueces ("¬ŅQu√© os parece?").

Los miembros del Sanedrín dictaron la sentencia de muerte sin deliberación, en el acto, sin aguardar al día siguiente, y de manera tumultuaria. Tampoco aparecieron los dos escribas que anotaban los votos.

La sede del tribunal, una casa particular

Al d√≠a siguiente, el Sanedr√≠n se reuni√≥ para debatir c√≥mo presentar al pueblo jud√≠o la condena a muerte de Jes√ļs, totalmente nula por la cantidad de irregularidades cometidas. La reuni√≥n comenz√≥ al amanecer, antes del sacrifico matutino, y el d√≠a de la gran fiesta de Pascua: dos vulneraciones m√°s.

De nuevo se interrog√≥ a Jes√ļs, que reconoci√≥ ser Hijo de Dios, y por segunda vez se produjo una votaci√≥n en masa, no individual, y sin guardar los plazos exigidos.

La √ļltima de las irregularidades se cometi√≥ al principio del juicio: la sentencia de muerte se dict√≥ en la casa de Caif√°s (el evangelista Juan dice que primero llevaron a Jes√ļs a la casa de An√°s, pero que luego le trasladaron a la de su yerno), cuando s√≥lo pod√≠a haberse pronunciado en la sala de siller√≠a.

Y as√≠ aparece escrito en el Evangelio de San Juan: "Llevaron a Jes√ļs desde casa de Caif√°s hasta el pretorio de Pilatos".

De esta manera, Cristo pas√≥ de las manos del Sanedr√≠n a las de Roma, porque √©sta hab√≠a arrebatado a las autoridades jud√≠as el derecho de dar muerte a condenados (ius gladii). Los ejecutores de la condena ten√≠an que ser los romanos. Y para persuadir a Poncio Pilatos, que no encontr√≥ culpa en Jes√ļs, los sacerdotes montaron por medio de sus criados un mot√≠n para forzarle a crucificar al Mes√≠as.

Los hermanos Lem√°nn se preguntan al final de su libro:

¬ŅQui√©n es √Čste contra quien el Sanedr√≠n viol√≥ toda justicia?
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