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Autor Tema: Dos rebeliones y una sola guerra- P√≠o Moa  (Leído 1084 veces)
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« : Lunes 28 de Diciembre de 2009, 07:15 »

Dos rebeliones y una sola guerra


Por Pío Moa-LD




 En 1934 y en 1936 se produjeron en Espa√Īa dos rebeliones que dieron lugar a sendos episodios b√©licos, el primero muy corto, dos semanas, y el segundo m√°s largo, cerca de tres a√Īos.

La primera rebeli√≥n fue organizada por los principales partidos de izquierda con apoyo de casi todos los dem√°s; la segunda, por una parte de los militares, respaldados enseguida por casi toda la derecha. Dos revueltas, por tanto, de car√°cter pol√≠tico opuesto, con ciertas semejanzas, como su disposici√≥n ‚Äďl√≥gica‚Äď a emplear al principio la m√°xima violencia a fin de paralizar al adversario, o la rapidez con que fracasaron ambas: en los primeros tres o cuatro d√≠as. Pero las diferencias son mucho m√°s significativas. La del 34 fue concebida desde el principio como una guerra civil, mientras que la segunda lo fue como un golpe r√°pido y decisivo; la primera fracas√≥ porque las masas no siguieron en casi ning√ļn sitio los llamamientos de los dirigentes y porque la mayor√≠a de los numerosos militares comprometidos se inhibieron a la hora de la verdad; la segunda, porque las principales ciudades e industrias, la mayor parte del ej√©rcito y la polic√≠a quedaron del lado del Frente Popular, dejando a los rebeldes en posici√≥n pr√°cticamente desesperada. La izquierdista del 34 s√≥lo se mantuvo, muy localizada, durante diez d√≠as m√°s; la segunda consigui√≥ sostenerse m√°s tiempo y finalmente triunfar.

Una historiograf√≠a superficial suele presentar como antirrepublicanas las dos rebeliones, y as√≠ viene a sugerirlo Madariaga con su c√©lebre y muy repetida frase sobre la falta de autoridad moral de una izquierda sublevada en 1934 para condenar a los sublevados de 1936. Sin embargo, la diferencia crucial entre una y otra consiste en que la primera s√≠ fue radicalmente antirrepublicana, mientras que la segunda se produjo cuando y porque la legalidad republicana hab√≠a sido arrasada. En efecto, los socialistas, guiados por su doctrina marxista, hab√≠an considerado a la rep√ļblica burguesa ya desde el primer momento, como un simple paso para llegar a un sistema socialista bajo la dictadura del PSOE (los documentos son bien claros al respecto); y el caos creado por el gobierno y los anarquistas en los dos primeros a√Īos convenci√≥ a la mayor√≠a del partido de que se hab√≠an creado las condiciones necesarias para pasar revolucionariamente al socialismo, m√°xime cuando en 1933 ganaron las elecciones las derechas, por gran mayor√≠a, despu√©s de la dura experiencia de gobiernos de izquierda. En cuanto a los nacionalistas catalanes, se pusieron, en sus propias palabras, "en pie de guerra" al conocer los resultados de dichas elecciones. El resto de la izquierda apoy√≥ el movimiento por motivos diversos, ninguno democr√°tico. He expuesto con bastante detalle el proceso en Los or√≠genes de la guerra civil,que no ha sido rebatido en ning√ļn aspecto importante, y aqu√≠ no me extender√©.

La posici√≥n de la derecha fue la contraria: una minor√≠a, fundamentalmente mon√°rquica, quer√≠a derrocar a la rep√ļblica, mientras que la vasta mayor√≠a opt√≥ por acomodarse en ella y reformarla por las v√≠as legales. La oportunidad de hacerlo despu√©s de la derrota de la rebeli√≥n izquierdista fue echada a perder fundamentalmente por Alcal√°-Zamora, y el resultado fueron las elecciones de febrero de 1936, no democr√°ticas (aparte otros muchos datos, debe se√Īalarse que las votaciones reales nunca fueron publicadas), las cuales llevaron al poder a las izquierdas agrupadas en el Frente Popular y otras asimiladas. A partir de ese momento, la legalidad republicana fue echada abajo sistem√°ticamente, desde el gobierno y desde la calle, como tambi√©n he expuesto con detalle en El derrumbe de la rep√ļblica (v√©anse tambi√©n los muy esclarecedores documentos de la Primavera Tr√°gica, recopilados por Ricardo de la Cierva). La derecha (y mucha gente que no era de un lado ni del otro) se encontr√≥ ante el dilema de resignarse mansamente a la tiran√≠a revolucionaria o de rebelarse, y una parte de ella, seguida despu√©s por el resto, decidi√≥ rebelarse.

Esta diferencia entre las dos rebeliones, absolutamente fundamental, es casi siempre ignorada por la historiograf√≠a de derecha y tergiversada radicalmente por la de izquierda, seg√ļn la cual la del 36 se produjo contra "un gobierno y un r√©gimen leg√≠timos". La realidad es que la sublevaci√≥n del 34 s√≠ se produjo contra un gobierno plenamente leg√≠timo, respaldado por una clara mayor√≠a de votos, y que no alteraba ni pretend√≠a alterar la legalidad, ni ampar√≥ ni protagoniz√≥ algo parecido a la oleada de asesinatos, incendios y violencias diversas que sigui√≥ a las elecciones del Frente Popular. En cambio, el gobierno de 1936 destruy√≥, en combinaci√≥n con movilizaciones callejeras, la legalidad republicana, es decir, la rep√ļblica, y acab√≥ con las reglas del juego m√°s o menos democr√°ticas de esta: tal era su legitimidad (para los revolucionarios, la legitimidad consiste en el triunfo de la revoluci√≥n, por las buenas o por las malas). As√≠, en julio de 1936 ya no exist√≠a un r√©gimen leg√≠timo, sino un proceso revolucionario abierto amparado por un gobierno a su vez ileg√≠timo, por esa misma raz√≥n. S√≠ fue leg√≠tima, por contra, la rebeli√≥n contra semejante sistema. Sin la legitimidad de la rebeli√≥n contra las tiran√≠as, jam√°s habr√≠an existido otra cosa que estas.

Como es sabido, el golpe inicial de Mola era republicano; pero la l√≥gica misma de la lucha y la experiencia ca√≥tica de la rep√ļblica orient√≥ a los nacionales a intentar un r√©gimen nuevo, una democracia org√°nica, de hecho una dictadura autoritaria y evolutiva. Parad√≥jicamente, los partidos del Frente Popular, que se hab√≠an alzado contra la rep√ļblica en 1934 y la hab√≠an demolido despu√©s de las elecciones del 36, adoptaron el t√≠tulo, perfectamente fraudulento, de republicanos con el fin de reclamar una legitimidad inexistente y ganarse el apoyo de las democracias (las cuales no cayeron en el lazo). Y la historiograf√≠a, de izquierdas y de derechas, sigue llam√°ndolos as√≠ muy mayoritariamente, en un ejercicio, generalmente inconsciente, de perversi√≥n del lenguaje.

Las guerras del 34 y el 36 son esencialmente la misma. En el primer caso, las izquierdas asaltaron el poder y fracasaron; en el segundo, destruyeron la rep√ļblica desde arriba y desde abajo, provocando la reacci√≥n, un tanto a la desesperada, de quienes "no se resignaban a morir", en palabras de Gil-Robles.

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