Debatimos.com: Opina sin límite
Martes 19 de Noviembre de 2019, 07:03 *
Bienvenido(a), Visitante. Por favor, ingresa o regístrate.

Ingresar con nombre de usuario, contraseña y duración de la sesión
Noticias:
 
   Inicio   Ayuda Ingresar Registrarse  


Páginas: [1]   Ir Abajo
  Imprimir  
Autor Tema: Covadonga, donde todo empez√≥  (Leído 3593 veces)
gaia
Moderador
*****

Valoración: +1521/-10
Desconectado Desconectado

Sexo: Femenino
Mensajes: 54607



« : S√°bado 03 de Diciembre de 2011, 01:31 »

Covadonga, donde todo empezó



Por Fernando Díaz Villanueva -LD



 En alg√ļn momento del verano del a√Īo 711, un noble godo llamado Pelayo galopaba presuroso hacia el norte huyendo del desastre de Guadalete y de la incontenible invasi√≥n musulmana. Busc√≥ refugio en Toledo, pero los moros no tardaron en llegar hasta la Corte visigoda, que ocuparon sin resistencia. Esto provoc√≥ un nuevo √©xodo. 

Pelayo y otros muchos arist√≥cratas de la Espa√Īa perdida buscaron refugio al otro lado de la Cordillera Cant√°brica, un lugar remoto, pobre e inaccesible al que dif√≠cilmente les seguir√≠an.

Pero les siguieron. Los ej√©rcitos de Muza y Tarik dejaron atr√°s las monta√Īas y colocaron un val√≠ (gobernador) en la tierra de los astures. Aquel val√≠, que se llamaba Munuza, gobernaba de un modo un tanto precario, tanto por lo menesteroso de sus dominios como por la gran cantidad de godos exiliados con que le hab√≠a tocado lidiar. Entonces sucedi√≥ que el moro Munuza se encaprich√≥ de la hermana de Pelayo y la forz√≥ a casarse con √©l, despu√©s de haber entregado el godo al emir de C√≥rdoba como trofeo de guerra.

Hasta ah√≠ pod√≠a llegar su paciencia. No s√≥lo hab√≠a perdido una batalla, a la que le sigui√≥ una humillante e in√ļtil huida por toda la pen√≠nsula, sino que ahora ten√≠a que ver c√≥mo un infiel le desgraciaba para siempre a la hermana. Se liber√≥ de su cautiverio cordob√©s y viaj√≥ de nuevo al norte, buscando vengar la ofensa propia y la de su derrotado pueblo.

Lleg√≥ en el momento exacto, justo cuando un grupo de nobles se reun√≠a en Cangas de On√≠s para declararse en vacaciones fiscales, es decir, para no pagar impuestos, que es lo m√°s sano y heroico del mundo, tanto que a veces marca el nacimiento de grandes naciones; como Espa√Īa en esa ocasi√≥n venturosa o los Estados Unidos de Am√©rica mil a√Īos despu√©s, cuando le dijeron nones al rey de Inglaterra, que les saqueaba sin piedad.

El plan de Pelayo iba algo m√°s all√° de la cuesti√≥n puramente fiscal. Como llevaba m√°s de diez a√Īos padeciendo a los moros en carne propia, hab√≠a llegado a la conclusi√≥n de que lo √ļnico digno era echarles cuanto antes del solar patrio, que hab√≠an ocupado en mala hora y por culpa de una imperdonable traici√≥n. Iba a costar voluntad y tiempo, las fuerzas eran desiguales y los hispanogodos no mostraban propensi√≥n a rebelarse, pero alguien ten√≠a que hacerlo y por alg√ļn sitio hab√≠a que empezar. Ese alguien era √©l y el lugar, Covandonga, un paraje cercano a Cangas de On√≠s donde esperar√≠an a los soldados de Munuza, que no tardar√≠an en aparecer en cuanto el val√≠ advirtiese la rebeli√≥n.

Como con las cosas de comer los políticos nunca han jugado, Munuza envió inmediatamente sus tropas a que apresasen a Pelayo y sus socios. Pero no había manera. Los hombres del valí se daban una y otra vez contra el murallón serrano y contra las lanzas godas, que habían aprendido un tipo de guerra que a sus antepasados celtíberos se les daba muy bien: la de guerrillas, invento 100% hispano que no termina de pasar de moda.

Durante cuatro a√Īos, Pelayo y los suyos resistieron al amparo de las monta√Īas. Ten√≠an provisiones, agua, bellos prados donde apacentar el ganado y un enemigo de muy poca monta, que nada pod√≠a hacer contra ellos.

Munuza se termin√≥ hartando de aquel molesto mot√≠n de perdedores y mand√≥ recado a C√≥rdoba para que le enviase un ej√©rcito competente. El emir respondi√≥ presto. Apagar el levantamiento asturiano ser√≠a como un b√°lsamo, ya que el avance musulm√°n se hab√≠a detenido repentinamente en la Galia y eso pod√≠a animar a los hispanos a rebelarse. La victoria segura en Asturias pronto recorrer√≠a toda Espa√Īa, disuadiendo a los godos que quedaban de desafiar a sus nuevos amos.

No sabemos cu√°ntos hombres envi√≥ el emir, porque, claro, aqu√≠ cada cronista barre para casa y dice lo que le viene en gana. Los cristianos, como ganaron, se sacaron, no se sabe bien de d√≥nde, que los 300 de Pelayo se las tuvieron que ver con 187.000 sarracenos (ni uno m√°s ni uno menos, que ya es hilar fino). Esa cifra es m√°s que dudosa, es simplemente imposible. En el a√Īo de autos, el 722, no hab√≠a tantos moros en Espa√Īa, y no los habr√≠a hasta muchos a√Īos despu√©s. A cambio, los cristianos, que eran pocos pero aguerridos, contaron con la intercesi√≥n divina en forma de cruz griega, que en el momento justo arroj√≥ desde el cielo una inesperada lluvia de piedras sobre la morisma.

El cronista andalus√≠, un tal Al Makari, no iba menos sobrado, motej√≥ a los rebeldes como "asnos salvajes" y precis√≥ de paso que eran treinta. La derrota la ventil√≥ deprisa dejando por escrito que aquellos infelices no pod√≠an hacerles ning√ļn da√Īo y que por eso las tropas del emir se retiraron.

Como para esta batalla las llamadas fuentes primarias sirven de bien poco, los historiadores se la han tenido que imaginar aplicando sentido com√ļn y conocimiento de la √©poca. El ej√©rcito moro tendr√≠a entre 10.000 y 20.000 efectivos y estaba al mando de Al Qama, que cometi√≥ el error de adentrarse en Covadonga, trampa mortal repleta de cerros, pe√Īascos, desfiladeros, bosques y riachuelos que los godos insurrectos conoc√≠an como las palmas de sus manos y donde era imposible que un ej√©rcito se desplegase en condiciones.

A partir de ahí ya podemos imaginar el desenlace. Los cristianos atacaron desde todos los rincones del valle; a los moros, traídos probablemente de los pedregales africanos, un lugar como Covadonga debía de antojárseles algo así como la cara oculta de la Luna. Pelayo contaba con dos ventajas estratégicas fundamentales: atacaba desde arriba y conocía el terreno. Además, sus hombres eran escasos pero se movían muy bien. Podían asestar un golpe junto al río, retirarse y en poco tiempo atacar al pie de un cerro a una guarnición desprevenida.

Después de varios días de refriegas, Al Qama ordenó retirada; y no sólo de Covadonga, sino de toda la región, que por remota e indómita no iba a dar más que quebraderos de cabeza a los ocupantes.

Pelayo cant√≥ victoria y fue coronado por sus conmilitones rey de Asturias, que en aquel momento era lo mismo que decirse rey de Espa√Īa. Estableci√≥ su Corte en Cangas de On√≠s y vivi√≥ lo suficiente, quince a√Īos m√°s, para organizar el reino y dejarlo todo atado y bien atado.

A su hijo, Favila, lo mat√≥ un oso cuando llevaba dos a√Īos de reinado, por lo que la reconquista propiamente dicha la tuvo que emprender su yerno, el primero de los Alfonsos, que salt√≥ la cordillera, se apoder√≥ de Le√≥n, se anexion√≥ Galicia y lleg√≥ hasta lo que hoy es el norte de Portugal. En menos de cincuenta a√Īos, los "asnos salvajes" eran ya los due√Īos de toda la costa cant√°brica y el cuadrante noroccidental de la pen√≠nsula. Un siglo m√°s tarde la l√≠nea estaba ya en el Duero, y en el a√Īo 1100 hab√≠a sobrepasado el Tajo envolviendo Toledo, la antigua capital goda.

Y todo hab√≠a empezado en una batallita insignificante como la de Covadonga, espa√Īolada de manual en la que unos irreductibles celt√≠beros, perd√≥n, espa√Īoles (defraudadores fiscales reincidentes, para m√°s inri) decidieron no rendirse bajo ning√ļn concepto. Y se salieron con la suya.
En línea

Veritas Liberabit Vos
Debatimos.com: Opina sin límite
« : S√°bado 03 de Diciembre de 2011, 01:31 »

 En línea
Páginas: [1]   Ir Arriba
  Imprimir  
 
Ir a:  



Impulsado por MySQL Impulsado por PHP Powered by SMF | SMF © 2013, Simple Machines XHTML 1.0 válido! CSS válido!