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Autor Tema: 1954: golpe de estado en Guatemala  (Leído 1662 veces)
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« : S√°bado 14 de Enero de 2012, 06:12 »

LA GUERRA FR√ćA


1954: golpe de estado en Guatemala


Por Emilio Campmany
LD


 Uno de los m√°s sonados errores de Marx fue su creencia de que su doctrina triunfar√≠a en los pa√≠ses capitalistas m√°s avanzados. Era natural que lo creyera, porque, seg√ļn √©l, la dictadura del proletariado era la salida l√≥gica a la crisis del capitalismo. Si hubiera vivido lo suficiente, se habr√≠a llevado un gran chasco al ver que sus ideas triunfaban en uno de los pa√≠ses m√°s atrasados de Europa, Rusia. Y sin embargo ese triunfo no fue casual. 

El tiempo reveló que el comunismo, para triunfar, lejos de necesitar un ambiente capitalista, requería atraso económico y grandes diferencias sociales.

Al terminar la Segunda Guerra Mundial había mucho de las dos cosas en toda Latinoamérica. La situación se vio agravada por el final de la contienda y la disminución de pedidos de materias primas, así como por la negativa de los Estados Unidos a programar un Plan Marshall regional.

Guatemala

La situaci√≥n de Guatemala era paradigm√°tica. Desde 1931 padec√≠a la dictadura militar del general Jorge Ubico, que se apoyaba en el ej√©rcito y en los grandes terratenientes. En 1944 una revoluci√≥n blanda, que los marxistas probablemente calificar√≠an de burguesa, lo derroc√≥. En las elecciones de 1945 los guatemaltecos eligieron como presidente a un profesor universitario, Juan Ar√©valo, partidario de una reforma social y econ√≥mica moderada. El problema m√°s grave al que hab√≠a que hacer frente era el de la situaci√≥n del campesinado, pobre, analfabeto y a merced de los grandes propietarios. √Čstos, a pesar de que las reformas que se propon√≠an no eran ni mucho menos radicales, se opusieron f√©rreamente a ellas, con relativo √©xito. En las elecciones de 1950, sin embargo, el vencedor fue un candidato mucho m√°s radical, Jacobo Arbenz Guzm√°n.

Arbenz cogi√≥ el toro por los cuernos e inici√≥ una reforma agraria radical. La necesidad de alguna clase de reforma era, en cualquier caso, indiscutible. No s√≥lo exist√≠a el problema de que el 1% de la poblaci√≥n pose√≠a el 70% de la tierra cultivable. M√°s sangrante era el hecho de que un tercio de ella, en manos de los terratenientes, no se cultivaba. El Gobierno de Arbenz se propuso expropiar ese tercio y distribuirlo entre el campesinado. La tierra expropiada se pagaba a precio de tasaci√≥n fiscal y en bonos a treinta a√Īos.

Uno de los terratenientes m√°s poderosos era la United Fruit Company. Arbenz decidi√≥ expropiar a la compa√Ī√≠a norteamericana 90.000 hect√°reas de suelo que manten√≠a sin cultivar y pagar por ellas 600.000 d√≥lares en bonos. La compa√Ī√≠a, irritada, pidi√≥ cuatro millones de d√≥lares y acudi√≥ a Washington para que sus intereses fueran defendidos. El Departamento de Estado increment√≥ el valor del terreno expropiado hasta los 16 millones de d√≥lares, una suma a la que un pa√≠s con un presupuesto de 60 millones no pod√≠a hacer frente.

En la historiograf√≠a marxista se describen los intereses de la United Fruit Company como los determinantes de la intervenci√≥n que en 1954 dio lugar al golpe de estado patrocinado por la CIA. Sin embargo, no fueron los √ļnicos intereses que Estados Unidos tuvo en cuenta.

El movimiento comunista

Desde finales de la d√©cada de los 40 el movimiento comunista se fue abriendo paso en Guatemala, mucho m√°s entre los obreros de la capital que entre los campesinos. El movimiento sindical lleg√≥ a estar controlado por comunistas, y fue muy influyente en √©l el mexicano Vicente Lombardo Toledano, que fij√≥ su residencia en Guatemala durante aquellos a√Īos.

La verdad es que los Estados Unidos, ya durante los √ļltimos a√Īos de Truman, consideraron la posibilidad de intervenir en Guatemala (antes de la expropiaci√≥n de las tierras de la United Fruit, que se produjo en febrero de 1953), en vista de su peligrosa deriva izquierdista. Arbenz temi√≥ que esa intervenci√≥n finalmente se produjera debido a que un agente de la CIA se dej√≥ olvidados en un hotel guatemalteco los papeles de un posible golpe. Se trataba de la Operaci√≥n PBFORTUNE, que fue aprobada por Truman en septiembre de 1952. El plan fue abandonado en parte por el hecho de haber sido descubierto y en parte por el temor del presidente norteamericano a que se llevara por delante la pol√≠tica de Buena Vecindad con Latinoam√©rica implantada por Roosevelt.

La operaci√≥n descubierta por Arbenz conten√≠a b√°sicamente los elementos de la que a√Īo y medio despu√©s se llevar√≠a a efecto, con la diferencia de que la invasi√≥n se hab√≠a pensado hacer desde la Nicaragua de Somoza y finalmente se hizo desde Honduras. Arbenz trat√≥ de armarse en el mercado internacional para poder hacer frente a la invasi√≥n. Dado que el Gobierno de los Estados Unidos hab√≠a decretado un embargo de armas sobre el pa√≠s centroamericano, nadie en Occidente quiso venderle las armas que solicitaba. Sin embargo, los sovi√©ticos s√≠ acudieron a la llamada.

En Mosc√ļ estaban mucho m√°s preocupados por la guerra interior desatada por la muerte de Stalin ‚Äďmarzo de 1953‚Äď que por incorporar nuevos pa√≠ses al movimiento comunista. Sin embargo, Guatemala ofrec√≠a la posibilidad inesperada de penetrar en el patio trasero del enemigo. Era una oportunidad muy tentadora; adem√°s, el Parlamento guatemalteco hab√≠a sido la √ļnica c√°mara legislativa fuera de la √≥rbita sovi√©tica que hab√≠a mantenido respetuosamente un minuto de silencio a la muerte de Stalin. As√≠ que desde Polonia se envi√≥ un carguero sueco atestado de armas capturadas por los checoslovacos a los nazis al final de la Segunda Guerra Mundial.

Cuando los norteamericanos supieron de la llegada del carguero, decretaron el bloqueo de los puertos guatemaltecos para evitar nuevos env√≠os. Esto, en Derecho Internacional, es un acto de guerra. El secretario de Estado, John Foster Dulles, convoc√≥ una reuni√≥n urgente de la Organizaci√≥n de Estados Americanos, una especie de filial americana de la ONU, que habr√≠a de celebrarse en Caracas en 1954. El objetivo era lograr la aprobaci√≥n de una resoluci√≥n que autorizara la intervenci√≥n militar en Guatemala. Foster Dulles logr√≥ su prop√≥sito a medias. La resoluci√≥n fue aprobada con la √ļnica oposici√≥n de la propia Guatemala, pero para lograrlo tuvo que retocarla hasta el punto de que perdi√≥ la energ√≠a con que la hab√≠a concebido.

El golpe

El 18 de junio de 1954 el teniente coronel Castillo Armas cruz√≥ la frontera guatemalteca al frente de un contingente de unos pocos centenares de hombres armados y entrenados por la CIA. La operaci√≥n fue denominada PBSUCCESS. En paralelo, la capital fue bombardeada desde viejos aviones de la Segunda Guerra Mundial conducidos por pilotos de la Agencia. √Čsta, meses antes, hab√≠a atra√≠do al campo golpista a varios militares guatemaltecos, que, en vista del cariz de los acontecimientos, se decidieron a intervenir. Arbenz dimiti√≥ el 27 de junio y huy√≥ a M√©xico. Transportado hasta Ciudad de Guatemala por un avi√≥n de la CIA, Castillo Armas se hizo cargo del poder y revoc√≥ toda la pol√≠tica de su antecesor. Se implant√≥ una dictadura de corte militar. Fueron detenidos y a veces ejecutados algunos centenares de comunistas, y las tierras expropiadas fueron devueltas a sus antiguos due√Īos.

Este golpe de estado presenta graves dificultades interpretativas. Es claramente desechable la tesis marxista de que los Estados Unidos intervinieron principalmente para defender los intereses econ√≥micos de la United Fruit Company. Es igualmente obvio que el enorme √©xito alcanzado por la CIA en Ir√°n el a√Īo anterior, cuando consigui√≥ derrocar a Mosadeq en beneficio de los intereses petrol√≠feros brit√°nicos, anim√≥ a Eisenhower a volver a confiar en la Compa√Ī√≠a para resolver el problema planteado por Arbenz. No obstante, no est√° mal recordar que Kim Roosevelt, agente responsable del √©xito en Ir√°n, se neg√≥ respetuosamente a hacerse cargo de la operaci√≥n en Guatemala, donde la CIA, a su juicio, estaba completamente a oscuras, al carecer de agentes sobre el terreno que pudieran informar sobre las posibilidades de √©xito de Castillo Armas.

A partir de ah√≠ surgen una serie de preguntas a las que es dif√≠cil contestar. ¬ŅEra probable que Guatemala acabara siendo un pa√≠s comunista? ¬ŅConstitu√≠a el Gobierno Arbenz una amenaza para los intereses estrat√©gicos norteamericanos?

A la primera pregunta puede hoy contestarse que, de haberse mantenido al margen los norteamericanos, hubiera sido muy improbable que Guatemala derivara hacia el comunismo, como lo hizo unos a√Īos m√°s tarde Cuba. Sin embargo, fueron las preocupaciones de Washington y los planes de intervenci√≥n que se dej√≥ torpemente descubrir lo que arroj√≥ a Arbenz a los brazos de los comunistas y de Mosc√ļ, haciendo m√°s probable lo que Washington quer√≠a evitar a toda costa.

En cuanto a la segunda pregunta, es muy probable que Arbenz no constituyera una amenaza que justificara la intervención, una intervención que hizo que crecieran en toda Latinoamérica los recelos frente al poderoso vecino anglosajón. Pero ya no está tan claro que los norteamericanos fueran conscientes de ello y, a pesar de eso, decidieran intervenir. Quizá lo que ocurrió no fue tanto que Guatemala se contemplara como un país potencialmente comunista, sino que, en una especie de renovada Doctrina Monroe, tal posibilidad, remota o no, fue considerada inaceptable.

Hoy puede ser tachada dicha pol√≠tica de contraproducente, y, en efecto, lo fue. Pero hay que considerar que aquellos a√Īos fueron los inmediatamente posteriores a la Guerra de Corea, cuando Estados Unidos y Occidente temieron que el movimiento comunista internacional, liderado por la Uni√≥n Sovi√©tica, se dispusiera a lanzar una ofensiva en todo el globo, empezando por aquellos lugares donde el comunismo tuviera alg√ļn viso de triunfar. En Guatemala, muy cerca del R√≠o Bravo, pareci√≥ que se daban las condiciones para ese triunfo y Washington decidi√≥ no tolerarlo.

Lo peor de todo fue que los √©xitos en Ir√°n y Guatemala envalentonaron a la CIA y convencieron a los centros de decisi√≥n de Washington de que las operaciones encubiertas eran la herramienta ideal para librar la Guerra Fr√≠a, en perjuicio del que debiera haber sido el principal objetivo de la Compa√Ī√≠a, la reuni√≥n de inteligencia. La falta de ella provocar√≠a algunos fracasos que estaban por venir. Pero esa es otra historia.

 
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