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Autor Tema: La colonizacion de Europa (3)  (Leído 2269 veces)
Onsella
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« : Jueves 20 de Diciembre de 2007, 00:29 »


(Faye parte 3)

El islam está fundamentalmente atormentado por la idea de la guerra santa. Los conceptos de muerte, de venganza, de exterminio, de matanza son constantes en el Corán. Quienes hablan del islam como una religión de paz y de cohabitación son precisamente aquellos que ignoran el islam. Los recientes sucesos en Afganistan y Argelia, las escenas de barbarie cotidiana, son un hecho consustancial al islam. No se trata de accidentes o de crímenes cometidos por falsos musulmanes, sino de un salvajismo inscrito en el cuadro teológico de esta religión. Se pretende hacer creer que existen un fundamentalismo extremista y un islam civilizado. Se olvida que el mismo "islam civilizado" puede en cualquier momento devenir bárbaro, pues el Corán se esmalta con apelaciones a muerte contra los infieles o los traidores. El "no matarás" es una prescripción desconocida entre los musulmanes.

Para mostrar que no hablamos de fantasmas o de acusaciones malevolentes, veamos algunos pasajes del Cor√°n, ampliados con unos comentarios.

Sura 2, versículo 190: "Y combatid en la senda de Dios a aquellos que os combaten"; sura IX, versículo 5: "…Y matadlos donde les encontréis, cazadlos, sitiadlos, preparadles toda clase de emboscadas".

Aqu√≠ se encuentra la justificaci√≥n del m√°rtir, una de las bases fundamentales del terrorismo islamista: "Que se√°is muertos o que se√°is matados, s√≠, es con Dios con quien os reunir√©is. No pens√©is como en difuntos a los que han muerto en la senda de Dios (la guerra santa), al contrario, viven al lado de su Se√Īor. Porque la vida presente no es sino un objeto de goce enga√Īoso. Aquellos que est√°n expatriados, aquellos que han sido expulsados de su residencia, que han perseguido Mi sendero, que han combatido y que han sido muertos, Yo les har√© entrar en el para√≠so" (sura 3, vers√≠culos 158, 169, 185, 195). El morir en el nombre de Dios es la certidumbre de obtener el para√≠so. La fuerza del islam reposa en estos simplismos brutales.

He aquí otros versículos, recogidos de las suras 4, 5, 8, 9, 17, 33, 47 (…)

"A quienquiera que combate, tanto si muere o vence, Nosotros le daremos un gran salario. No cojas amigos entre los infieles hasta que ellos acepten la senda de Dios. Pero si ellos se vuelven de espaldas, matadles entonces y donde les encontréis" (Se resalta la total ausencia de sentido del honor y la apología de la vileza al servicio del Dios recompensador).

"Por consiguiente, si ellos no quedan neutros ante vuestras consideraciones, no les tenderéis la paz y no les daréis la mano, sino que les matareis allá donde les encontréis. No son iguales los creyentes que se quedan sentados y los que luchan en la senda de Dios". Aquí se puede ver, en esta afirmación de la superioridad intrínseca del mudjadín, que la guerra santa es una etapa permanente, casi obsesional. El musulmán que combate, que milita, es superior a aquel que se contenta con practicar su fe.

"Y cuando os lancéis sobre el Mundo, no temáis que los infieles os pongan a prueba, los infieles son para vosotros, verdaderamente, enemigos declarados".

Triple alusi√≥n: en situaci√≥n de debilidad, el musulm√°n puede practicar el enga√Īo y no seguir su religi√≥n para as√≠ obtener ventajas, por otra parte todo ecumenismo con otras religiones est√° proscrito. La Iglesia cat√≥lica es una ingenua‚Ķ En fin, el deber del islam es la conquista.

Buena conciencia del combatiente ‚Äďo del terrorista: "Cuando das muerte, no eres t√ļ quien les da muerte, sino que es Dios quien les mata. Y cuando disparas (la flecha), no eres t√ļ quien dispara, sino que es Dios quien dispara. Oh, Profeta, anima a los creyentes al combate".

(‚Ķ) Conquista y guerra santa permanentes son preferibles al trabajo, a la perspectiva y a la fundaci√≥n, a una civilizaci√≥n pac√≠fica: "Oh, los creyentes. Partid en campa√Īa en la senda de Dios. ¬ŅOs agrada la vida presente? ¬ŅOs pesa m√°s la tierra que el m√°s all√°? Si no part√≠s en campa√Īa, Dios os castigar√° con un castigo doloroso. Ligeros o pesados, partid en campa√Īa y luchad en la senda de Dios. Quienes se retrasan y se quedan sentados se oponen al mensaje de Dios y rechazan combatir en la senda de Dios. ¬°Oh, los creyentes! Combatid a los infieles que se os acerquen, que encuentren en en vosotros la fuerza".

Es un hecho evidente que la mayoría de la población alógena, y más especialmente árabe-africana, que vive en Europa es apacible. Pero no es menos evidente que en los países más afectados por la emigración (Francia y Bélgica, particularmente), la mayoría de los actos delictivos violentos (hurtos, violaciones, agresiones, atracos y demás hechos diversos), de los crímenes de sangre y de los encarcelamientos conciernen a las poblaciones de origen inmigrante, especialmente árabe-africanos. Globalmente, una minoría de inmigrantes es criminal, pero la mayoría de los criminales son inmigrantes.

Es una cuesti√≥n de estad√≠stica y de matem√°ticas, no de ideolog√≠a. Es lo que reconoci√≥ con cierto coraje Jean-√Čmile Vi√©, antiguo Prefecto, consejero de la Corte de Cuentas, relajado ya de sus obligaciones de reserva, cuando alert√≥: "Es necesario actuar con urgencia para evitar la constituci√≥n de milicias privadas y, a largo plazo, la guerra civil". Estoy convencido que en esta sociedad mutilada y desarmada, ning√ļn poder p√ļblico osar√° "actuar con urgencia", y que nos dirigimos a la guerra civil. Desgraciadamente, puede que sea la √ļnica forma de resolver el problema

Las cifras cantan por s√≠ solas. Seg√ļn las estad√≠sticas de la polic√≠a y de la gendarmer√≠a nacional, dadas a conocer por la agencia "AB Associates", en 1950 se registraron 500.000 "hechos delictivos", entre cr√≠menes y delitos. Hoy hablamos de 4 millones, es decir, una progresi√≥n del 800% en 49 a√Īos. Pero es que no fue hasta 1964 que la delincuencia empez√≥ a dispararse. Las agresiones (censadas) contra las personas, menos de 50.000 en los a√Īos 50, se han multiplicado por 4,5 hasta hoy. En 1998, el 45% de los robos con violencia y el 15% de las violaciones fueron cometidos por menores de edad. En 1972, s√≥lo en 2% de los delitos y los cr√≠menes fueron cometidos por menores. En los casos de incendios y de chantajes, la proporciones de menores implicados se dispara hasta el 52%. En cuanto a los delitos ligados al tr√°fico de estupefacientes, en el a√Īo 1998 la progresi√≥n fue del 43,5%. Todas las cifras son subestimadas, dado que la polic√≠a ignora la mayor parte de los delitos cometidos en las "zonas sin derecho", pues la mayor parte de las v√≠ctimas se niegan a hablar ante el temor de represalias. (‚Ķ)

Esta explosi√≥n de la criminalidad entre los menores al√≥genos se adapta perfectamente a la curva ascendente de proporci√≥n de menores de 18 a√Īos extranjeros en relaci√≥n a la poblaci√≥n general de la misma edad, lo cual concuerda con la tesis de que la explosi√≥n de la criminalidad juvenil, factor mayor de delitos en la sociedad urbana, tiene por causa directa la inmigraci√≥n, la creciente presencia de j√≥venes al√≥genos, mucho m√°s que con factores socioecon√≥micos tales como "el declive de la autoridad paternal" o la "exclusi√≥n por el desempleo" (‚Ķ) El brutal crecimiento de la criminalidad en los diez √ļltimos a√Īos se explica por razones √©tnicas y demogr√°ficas, y no socioecon√≥micas. Los medios pol√≠ticamente correctos sostienen como verdad irrefutable que la explosi√≥n de la delincuencia se debe al desempleo, a la precariedad y a la pobreza. Este ser√≠a el caso del siglo XIX, pero no de hoy. Contrariamente a lo que se piensa, los parados y los pobres son poco delincuentes. Es m√°s, los nuevos delitos tienen poco que ver con el lucro. Los "nuevos delincuentes" viven sus cr√≠menes y sus delitos como una fe, una profesi√≥n, un juego. En realidad, socialmente, est√°n perfectamente insertados‚Ķ a su manera, evidentemente; comen sin hambre, visten ropa de marca y utilizan tel√©fonos m√≥viles.

La curva general de la delincuencia, desde 1950 hasta 1998, revela un paralelismo matem√°tico con la proporci√≥n de las poblaciones inmigradas. El r√°pido crecimiento de los cr√≠menes y delitos, a partir de mediados e los a√Īos 60, corresponde exactamente con la llegada de las primeras oleadas importantes de inmigrantes y no a un pauperismo (‚Ķ)

La parte de los afro-magrebíes, jurídicamente franceses o no, en la delincuencia violenta, robos y tráfico de estupefacientes, se estima por la policía en un 80%. Bien entendido, se mantiene la prohibición formal de emprender estadísticas raciales y menos el publicarlas. Cuando el termómetro indica informaciones políticamente incorrectas, aun cuando reflejen la realidad, los medios toman la decisión de silenciarlas. El porcentaje de afro-magrebíes en las prisiones permite confirmar la realidad. En cárceles como Aux Baumettes, en Marsella llegan, por ejemplo, al 80%.

La regi√≥n va a dispensar 32 millones de francos suplementarios al a√Īo (veinte veces m√°s de lo habitual) para reforzar los medios de la polic√≠a. Esta cifra es similar a la destinada a crear empleos competitivos. Jean-Yves Le Gaibu, consejero regional, ha provocado la alarma en los banquillos de la izquierda al demandar al prefecto de polic√≠a "¬ŅQu√© ha hecho usted para contener a las bandas de delincuentes, generalmente inmigrantes, que han provocado esta situaci√≥n?" No es bueno decir la verdad.

Pero, ante la clase política y los periodistas, los investigadores no se atreven a evocar las causas verdaderas del fenómeno. Se avanzan como explicaciones la "desresponsabilización de los padres", la "falta de respuestas judiciales adaptadas ante las primeras incorrecciones", o que "la escuela no cumple su rol de integración". Cuando en verdad es que estas cosas más que causas son casi efectos. La causa profunda de esta explosión de la delincuencia es la llegada a la pubertad de una generación numerosa nacida de la inmigración, que rechaza la integración en la sociedad francesa (y europea) "blanca" y que manifiesta una actitud voluntariamente agresiva, fundada sobre un sentimiento mixto de revancha y de resentimiento, pero también de fascinación por el modelo consumista al cual estiman tener derecho de acceder, aquí y ahora, sin esfuerzos y sin reciprocidad social. (…)

Las m√°s altas autoridades del estado confortan el sentimiento de legitimidad de los j√≥venes delincuentes inmigrantes. Martine Aubry, ministro de Asuntos Sociales, declaraba en 1998, ante los continuos actos de pillaje y de degradaciones que acompa√Īan ritualmente las fiestas de fin de a√Īo: "Ciertos actos de delincuencia o de incivilidad son comprensibles como reacci√≥n ante un sentimiento de injusticia". Se entiende que muchos de los delincuentes inmigrantes reaccionan al racismo y a la marginalizaci√≥n econ√≥mica. Un aliento tal a las fechor√≠as de las bandas √©tnicas no puede sino dejar pasmado.

En su dem√©rito, las palabras del se√Īor Aubry se contradicen por el hecho de que los cr√≠menes racistas (agresiones, asesinatos, degradaci√≥n de bienes) son mayoritariamente actos de afro-magreb√≠es contra franceses y europeos aut√≥ctonos. Por otra parte, las sumas pagadas por buena parte de los contribuyentes a favor de acciones sociales diversas dirigidas hacia las j√≥venes generaciones descendientes de la inmigraci√≥n (reinserci√≥n, preferencia de empleo, ayuda material a las familias‚Ķ) son cuatro veces m√°s importantes, per capita, que las sumas consagradas a los j√≥venes franceses de nacimiento. ¬ŅSer√° esta la injusticia evocada por el se√Īor Aubry?

Hablar de "j√≥venes delincuentes" es a lo m√°s que llega el lobby inmigracionista, cuando los dem√°s entendemos "racismo". El escritor Maurice Radjfus, creador del "Observatorio de las Libertades P√ļblicas", uno de los grandes capitostes del lobby inmigracionista, vilipendia la palabra "sauvageon" ("j√≥ven problem√°tico") empleada por Chev√®nement: "este discurso es inquietante, pues no se comprende que el t√©rmino "sauvageon" comprende tambi√©n a los sin-papeles, los sin-techo y los parados. Tambi√©n hay que considerar que este t√©rmino comprende a diversas profesiones manuales". Estos fantasmas son muy habituales en la izquierda m√°s est√ļpida ‚Äďy m√°s trotskista- del mundo. Se intenta resaltar con toda demagogia una amalgama inexistente entre los parados y los inmigrantes clandestinos. Este tipo de discursos, resaltados por la prensa biempensante (Lib√©ration, 18/01/99) revelan simplemente, en t√©rminos de psicoan√°lisis pol√≠tico, que el mensaje de los intelectuales inmigracionistas es el siguiente: los actos delictivos de cualquier naturaleza, desde la entrada ilegal en el territorio a los delitos de derecho com√ļn, cometidos por las poblaciones inmigrantes son excusables y respetables, toda represi√≥n de la criminalidad de los inmigrantes es inmoral, en acto o por simples palabras. La ideolog√≠a dominante es en s√≠ una contradicci√≥n ideol√≥gica. Primero se es antirracista, despu√©s de profesa que pretender reprimir duramente la criminalidad es ser racista, y por √ļltimo se reconoce impl√≠citamente lo que se niega a otros, a saber: que la criminalidad es el hecho principal de los emigrantes.



Los partidarios dogmáticos de la educación permisiva y del pedagogismo, doctrina inspirada en "El Emilio", obra del pre-trotskista Jean-Jacques Rousseau, provienen del mismo medio ideológico que el partido inmigracionista. El humanitarismo igualitario habrá rematado, en dos generaciones, su obra de destrucción y también de autodestrucción.

Los m√©todos permisivos aplicados a las poblaciones de tendencia delincuente que no comprenden, culturalmente, la autoridad sin la fuerza, no pueden acabar sino en la anarqu√≠a y el desastre. La educaci√≥n nacional ofrece gasolina a los que quieren apagar el fuego o, en √ļltimo caso, agua de rosas.

En la educaci√≥n p√ļblica, no se ofrecen soluciones en el cuadro de la sociedad y de la ideolog√≠a actuales. Las soluciones ofrecidas por la escuela de Jules Ferry ‚Äďcon su disciplina rigurosa y su civismo moral autoritario- son inaplicables: los j√≥venes inmigrantes son completamente reacios y el cuerpo de ense√Īantes es incapaz de ponerlos en cintura.

La derecha y la izquierda republicano-autoritaria se equivocan completamente. En el cuadro del actual sistema, todo esfuerzo es vano. Cuando ya es tarde, siempre es demasiado tarde. El sistema ha naufragado por sí mismo, a los pies de sus errores. Solamente sobre los escombros del antiguo sistema podrá edificarse un nuevo orden. Llegados a un cierto nivel, a un cierto estado de descomposición, toda reforma es vana.

La mayoría de los "problemas" de la educación nacional provienen de dos causas: el laxismo pedagógico antiautoritario y antiselectivo, y el caleidoscopio étnico de la población escolar. Pocos periodistas han tenido el valor de Jean-Louis Turenne, en Le Figaro: "Una inseguridad en proporción aritmética, unos niveles catastróficos de integración averiada: nada funciona en las escuelas. Los liceos descienden a la calle, los profesores lanzan un SOS. Ante la evidencia, se impone un tratamiento de choque (…) La escuela francesa está enferma, y sus males son de todos conocidos… pero parece que a nadie importa, nadie quiere reconocer que ha fracasado".

Es decir, por dogmatismo ideológico no se osa evocar las verdaderas causas y se limita a reclamar siempre mayores medios financieros, cuando Francia consagra al Ministerio de Educación la proporción mayor de los países de la OCDE. (…) Como si el dinero pudiese resolver un problema sociológico y étnico. Frente a la violencia en las aulas, los mercachifles del laxismo social y del antiautoritarismo, confrontan dogmas frente a hechos, exigen la presencia de vigilantes, quieren la protección de la policía.

La violencia escolar en Francia alcanza ya niveles insoportables, tras su debut en los a√Īos 80. Adquiere formas desconocidas en los dem√°s pa√≠ses de la Uni√≥n Europea y los Estados Unidos. Se calcula que en un 30% de los colegios, la transmisi√≥n del saber es imposible. Los ense√Īantes no pueden hacerse no ya respetar, sino tan solo entender. Estas son las formas m√°s frecuentes de la delincuencia escolar.

El chantaje, exigido por los jefes de banda a casi todos los alumnos. En algunos casos, los alumnos son chantajeados por varias bandas a la vez.
Los enfrentamientos entre las distintas bandas organizadas y clanes, y los robos.
Los saqueos e incendios de los locales.
Las amenazas y agresiones contra los docentes. √Čstos de exponen a las represalias en cuanto muestran el menor signo de autoridad. Las represalias, generalmente, son llevadas a cabo por bandas no escolarizadas.
En 1998, en los establecimientos de ense√Īanza p√ļblica se produjeron 10 muertes, 253 heridas de gravedad, 300 violaciones, 17 incendios importantes y 27780 "agresiones diversas". La prensa jam√°s ha publicado estas cifras, aun cuando son p√ļblicas.

Otras cifras interesantes: el 80% de estos actos de barbarie escolar son cometidos por jóvenes magrebíes o africanos.

Curiosamente, en el √Āfrica colonial de principios de siglo, al igual que en el Magreb, los ense√Īantes franceses jam√°s encontraron problema alguno de rebeli√≥n o de violencia. La raz√≥n es tan simple como que los profesores aparec√≠an como civilizadores y dominadores. Hoy, los j√≥venes inmigrantes se erigen en reivindicadores, en vengadores de sus padres. Sin conocer la m√≠nima se√Īal de autoridad seria, retornan inconscientemente a su mentalidad ancestral. De colonizados y civilizados por la fuerza sobre su propio solar, se afirman hoy en nuestro solar como colonizadores y civilizadores. Cl√°sica vuelta hist√≥rica.




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