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Autor Tema: La colonizacion de Europa (2)  (Leído 2990 veces)
Onsella
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« : Jueves 20 de Diciembre de 2007, 00:29 »

(Faye parte 2)


Contrariamente a la opini√≥n de los islam√≥filos, el islam no es solamente una "fe universal", como el cristianismo, sino una "comunidad de civilizaci√≥n" ("umma") que tiende a la expansi√≥n. El proyecto impl√≠cito del islam en Europa es simplemente la conquista de Europa, como as√≠ lo estipula el Cor√°n. Ya estamos en guerra, y los europeos occidentales no lo han comprendido. Los rusos, por el contrario, s√≠. Porque el islam es un veh√≠culo de valores trascendentes que propone una doctrina individual y colectiva en la cual las normas superiores e intangibles se imponen a los creyentes, dando as√≠ un valor a su existencia (‚Ķ), pero el islam no corresponde en nada al esp√≠ritu europeo. Su introducci√≥n masiva en Europa desfigurar√° la cultura europea m√°s aun que el hecho de la americanizaci√≥n. Un dogmatismo reivindicado, una ausencia de esp√≠ritu fa√ļstico, una negaci√≥n fundamental del humanismo (entendido como autonom√≠a de la voluntad humana) en nombre de una sumisi√≥n absoluta a Dios, un rigidismo extremo de obligaciones y de relaciones sociales, un monote√≠smo absoluto, una confusi√≥n teocr√°tica de la sociedad civil, una reticencia profunda hacia la libre creaci√≥n art√≠stica o cient√≠fica, son los trazos incompatibles con la tradici√≥n mental europea, fundamentalmente polite√≠sta.

Aquellos que creen que el islam pudiera europeizarse, adoptar la cultura europea, aceptar la noción de laicidad, cometen un grave error. El islam, por esencia, no aceptará ese compromiso. Su esencia es autoritaria y guerrera. (…) Dicho de otra forma, con la introducción del islam en Europa, se presentan dos riesgos: desfiguración o guerra.

En una primera etapa, el discurso del islam en Europa se hace relativamente tolerante. Los responsables musulmanes dicen "querer respetar las leyes de la Rep√ļblica" y la laicidad, a pesar de que ello es totalmente incompatible con el Cor√°n, pues all√≠ no se acepta otro derecho mas que el derecho cor√°nico, que tambi√©n incluye el derecho civil. Se presenta con un mensaje que pertenece a la "estrategia del zorro" evocada por Maquiavelo.

Pero ya se elevan en Francia, como en Gran Breta√Īa, las voces que demandan para los musulmanes un derecho especial. Sus partidarios creen llegada la hora de afirmar estas reivindicaciones. Como veremos m√°s adelante, el islam no revela jam√°s con franqueza sus intenciones a aquellos que considera enemigos, nosotros, los Infieles; este camuflaje es para ellos una obligaci√≥n teol√≥gica y moral.

En un segundo tiempo, con el aumento constante de efectivos musulmanes por un vuelco del diferencial demográfico, los flujos constantes de inmigración, más la conversión de los autóctonos, Europa será declarada "tierra de conquista" por el islam, lo que constituye una revancha radical de las tendencias históricas de siglos pasados. Revancha contra las cruzadas y la humillación de la colonización, y conquista mediante un gran movimiento de expansión.

El islam es por esencia intolerante y su l√≥gica es aquella, tan maquiav√©lica, de la utilizaci√≥n conjunta de la fuerza y de la astucia. La astucia se emplea siempre que los musulmanes son minoritarios y d√©biles, la fuerza, en el momento en que su dominaci√≥n est√° asegurada. Es as√≠ que entre los inmigrantes √°rabe-africanos, el islam se piensa no como una religi√≥n de esencia espiritualista, sino como una autoafirmaci√≥n √©tnica y de revancha frente a los europeos. M√°s a√ļn que el cristianismo, hoy muy debilitado, el islam es la religi√≥n por esencia de la verdad revelada e imperativa, y, con una conciencia ciega, siempre se cree en su derecho y justifica todos sus actos, hasta la exacci√≥n, cometidos en nombre de su expansi√≥n y de la gloria de Allah.

Los europeos, ingenuos defensores del islam, cometen el error de no conocer ni interpretar el Corán como un bloque sincrético, como un texto globalmente lógico, antes que como un texto de "varias lecturas", rico en interpretaciones.

Se subraya la "tolerancia y la fraternidad entre las religiones, la libertad de creencia" inscritas en los preceptos cor√°nicos (sura II, 256); se insiste en el rechazo de todo integrismo y fanatismo, "el islam como comunidad del justo medio" (II, 143), o bien "el rechazo de la violencia en materia de religi√≥n" (II, 257). El islam estar√≠a unido a la compasi√≥n y al perd√≥n de las ofensas, no se debe responer el mal al bien (XLI, 34; XXIII, 96; XII, 22), o bien el islam estar√≠a unido a la humanidad hacia los enemigos, que obliga a todo musulm√°n a darles protecci√≥n (IX, 6). Estos vers√≠culos se contradicen con catorce siglos de comportamiento del islam, que privilegia la violencia siempre que las relaciones de fuerza le son ventajosas, que ignora el perd√≥n y la compasi√≥n, que erradica o somete en ghettos a las otras religiones en los territorios que han conquistado, que no tolera bajo ning√ļn concepto ni a los paganos polite√≠stas ni a los ateos.

Estos vers√≠culos pac√≠ficos son un enga√Īo, una astucia. Teol√≥gicamente, en el Cor√°n, son anulados por los vers√≠culos b√©licos escritos con posterioridad, especialmente aquellos de la sura IV, sobre la cual hablaremos m√°s adelante. (‚Ķ)

De manera general, el islam no practica una pol√≠tica de paz y de tolerancia aparente sino cuando se encuentra en minor√≠a. Varios pa√≠ses musulmanes, como Arabia Saudita, proscriben absolutamente la construcci√≥n de iglesias en sus territorios. La pr√°ctica de un culto cristiano est√° prohibida a los extranjeros residentes en el pa√≠s. En la mayor parte de los pa√≠ses musulmanes, la entrada o la residencia de sacerdotes cristianos es casi imposible, y todo proselitismo est√° rigurosamente prohibido, bajo pena de expulsi√≥n inmediata. En Europa, el proselitismo musulm√°n est√° protegido y financiado (construcci√≥n de mezquitas) por los poderes p√ļblicos, confundiendo la laicidad con la ingenuidad. La regla de la reciprocidad que por siempre ha regido el derecho internacional no se corresponde aqu√≠, y los europeos lo aceptan con toda naturalidad, en su dem√©rito, esta regla del "dos pesos, dos medidas", que a los ojos musulmanes no es sino un signo de debilidad y de claudicaci√≥n, que justifica y legitima la "voluntad divina" de su movimiento de conquista etno-religiosa de Europa. En el esp√≠ritu del islam, el hecho de que los europeos no exijan a los pa√≠ses musulmanes la misma neutralidad laica, la misma libertad de culto que ellos practican hacia los musulmanes, significa aqu√≠ que "Los europeos saben que est√°n en el error; ellos reconocen la superioridad del islam y ante la superioridad de Allah se postergar√°n ante nosotros reconoci√©ndose Infieles y que es justo que sean para nosotros tierra de conquista"; estas palabras de un famoso im√°n egipcio fueron recogidas en el diario AI Ahram, de El Cairo

Los europeos ignoran los mismos fundamentos del islam, especialmente el cínico imperativo de las tres etapas de conquista:

En un primer tiempo, la comunidad musulmana instalada en un territorio extranjero, al encontrarse en minoría, debe practicar el "Dar al-Sulh", la "paz momentánea", para que los infieles, en su ignorancia e ingenuidad, permitan el proselitismo islámico en su propio suelo, sin exigir ninguna reciprocidad en tierras musulmanas. Es la etapa que vivimos actualmente en Europa, que hace creer que un islam laico y europeizado es posible.

En un segundo tiempo, cuando la implantaci√≥n de la comunidad isl√°mica est√° confirmada, entra en juego el imperativo de la conquista y de la violencia. Es el "Dar al-Harb", donde la tierra de la infidelidad se convierte en "zona de guerra", y en la cual toda resistencia a la implantaci√≥n del islam debe ser aplastada, ya que su n√ļmero suficiente hace posible que los musulmanes abandonen la prudencia de los primeros tiempos de la conquista. Esta es la fase que no tardaremos en vivir: ya estamos viendo las premisas.

La tercera etapa es aquella en la que los musulmanes acaban por dominar. Es el "Dar al-Islam", el "reinado del islam". Los judíos y los cristianos son tolerados como minorías, sujetos a un derecho inferior como "dhimmis" ("protegidos") que les sustrae la mayor parte de sus derechos civiles; los paganos politeístas ("idólatras") y los ateos son perseguidos, y toda la población debe someterse a las reglas sociales del islam. Los no-musulmanes no pueden beneficiarse de una posición social dirigente. En Marruecos, donde los cristianos eran tolerados y los judíos protegidos, ambos tienen ahora el mismo status de protegidos al finalizar el protectorado francés, aunque allí no se produjo ninguna guerra como en Argelia.

Para muchos actuales líderes islámicos mundiales, el objetivo declarado es imponer en Europa la ley del "Dar al-Islam". Hablamos de un proyecto planificado, de una voluntad política puesta en marcha, ya que Dios así lo ordena. El islam es un universalismo absoluto y proselitista con vocación imperativa de conquistar toda la tierra. (…)

Los a√Īos sesenta conocieron la revitalizaci√≥n de la potencia isl√°mica, al final de la colonizaci√≥n europea. Hoy estamos en los tiempos del contraataque.

El proselitismo cristiano desea imponer una fe universal, pero el proselitismo musulmán desea implantar una civilización, un modo de vida y una sumisión política. El islam no es tanto una religión, en el sentido espiritual del término, cuanto un imperialismo político y étnico con la voluntad de implantar en todos sitios una civilización intolerante en la cual los musulmanes dominarían a todos los demás, como el hombre domina a la mujer. Pretender separar, en el islam, la política de la religión es completamente vano; ambas no son sino una sola y la misma cosa.

Los sermones de los imanes en las mezquitas de nuestros suburbios, que los islam√≥filos de sal√≥n no han entendido jam√°s, apelan abiertamente a la conquista del suelo franc√©s y al trabajo proselitista de conversi√≥n. Desde hace tiempo las noticias dan cuenta de ciertos imanes que predican directamente la violencia armada. Los curas, en su miserabilismo, hace ya tiempo que renunciaron a la conversi√≥n; en sus pr√©dicas, al contrario, apelan al islam como una religi√≥n hermana, como un enriquecimiento. Cuando se piensa que el ecumenismo jam√°s ha funcionado con los protestantes y los jud√≠os, ¬Ņc√≥mo imaginar que pudiera ser posible con el islam? Es la f√°bula del pastor que deja entrar en el aprisco a los lobeznos; cuando crecieron y se convirtieron en lobos ya era tarde. Los prelados y los hombres pol√≠ticos har√≠an bien en releer de cuando en cuando a La Fontaine.

La doctrina de la cohabitaci√≥n de comunidades es inaplicable al islam, al igual que al comunismo. Los partidarios del fulard, de los derechos espec√≠ficos al culto musulm√°n, de una cohabitaci√≥n harmoniosa como una "piel de leopardo" seg√ļn un confuso derecho a la diferencia, se equivocan de cabo a rabo. Porque el islam es visceralmente anticomunitarista y opuesto a todo derecho a la diferencia. Su monote√≠smo absoluto le ordena reinar sin oposici√≥n sobe la sociedad conquistada. Intr√≠nsecamente, el islam se piensa a s√≠ mismo como la √ļnica comunidad legitima, la comunidad de los creyentes, que posee el monopolio de la existencia y de la expresi√≥n, y donde las otras comunidades no pueden beneficiarse sino de un status inferior de infieles y tolerados. Para el islam, una sociedad plural, tribal, caleidosc√≥pica, es fundamentalmente imp√≠a; no es m√°s que una transici√≥n para conseguir la dominaci√≥n de una comunidad ‚Äďla musulmana- sobre las otras, preludio para su eliminaci√≥n o conversi√≥n.

Hoy día, los líderes musulmanes, en las sociedades europeas, juegan la carta de una coexistencia comunitaria, y proclaman sus sentimientos laicos. Pero no dejan de tener como objetivo a largo plazo la implantación de la "sharía", la ley islámica. La aceleración de la historia demográfica llegará a convencer a los más escépticos.

Desde su punto de vista, los paganos polite√≠stas tolerantes y comunitaristas sufren una ceguera total. Estos levantan la voz contra la intolerancia republicana jacobina que pretende imponer su modelo asimilador; se elevan contra el culto de lo √önico y contra este culto defienden la coexistencia del islam. Pero, ¬ŅSe han parado a reflexionar que el islam es la doctrina social y pol√≠tica m√°s asimiliacionista que existe? ¬ŅSaben que el islam es el m√°s ardiente defensor de lo √önico, que rechaza y refuta todas las diferencias? ¬ŅImaginan los defensores de el fulard en las escuelas republicanas que en los colegios cor√°nicos de Francia las cruces, las estrellas de David, los martillos en miniatura, cualquier tipo de medallas y s√≠mbolos religiosos ajenos al culto musulm√°n est√°n prohibidos sin apelaci√≥n?

El islam funciona exactamente seg√ļn el mismo principio totalitario que el comunismo. Al igual que √©ste, con sus doctrinas del proletariado como √ļnica comunidad, de la lucha de clases y del partido √ļnico, el islam tiene vocaci√≥n de absorber todo el campo social y pol√≠tico. La visi√≥n de una sociedad de "libertad de comunidades" le es tan extra√Īa como insoportable, tal como el multipartidismo lo es para el comunismo. Durante los a√Īos cincuenta, los comunistas tomaron la consigna de no hablar de la dictadura del proletariado y la conquista de la sociedad, tal como los islamistas esconden hoy sus verdaderos objetivos, hablando de multipartidismo y de libertad de opini√≥n. El comunismo se derrumb√≥, y el PCP es hoy un partido socialdem√≥crata. Para en el islam, una mutaci√≥n tal es imposible. Marx est√° desacreditado, pero no es el caso de Allah.

La idea comunitarista propone una hipertrofia de la tolerancia. Frente al islam hoy en día, el comunitarismo recuerda las ingenuas reivindicaciones de los liberales a los partidos comunistas de la Europa oriental. El comunitarismo es una ilusión liberal fundada sobre la existencia de que la cohabitación es posible. Pero cuando el otro no se entiende contigo y no quiere cohabitar contigo, entonces es muy posible que te imponga sus exigencias. (…)

Desgraciadamente, aquellos intelectuales o pol√≠ticos que defienden al islam no le conocen. Ignoran su naturaleza teocr√°tica seg√ļn la cual todo Estado es ileg√≠timo si no se rige seg√ļn los preceptos de la religi√≥n isl√°mica. Para un musulm√°n no pueden coexistir una ley laica neutral y p√ļblica y una ley musulmana fundada sobre la fe y que se extiende hasta el dominio privado. (‚Ķ) La fe y la ley son indisociables, lo cual significa que desde el momento en que la religi√≥n isl√°mica deviene mayor√≠a en un pa√≠s, tal pa√≠s debe abandonar sus costumbres legislativas y adoptar el derecho cor√°nico. Si nada se le opone, si la l√≥gica demogr√°fica se consuma, el islam devendr√° la religi√≥n mayoritaria en muchos pa√≠ses de Europa. Ser√≠a una estupidez pensar que entonces no pasar√≠a nada‚Ķ

Los europeos subestimamos la determinación islámica, su potencia y su peligro. Consideramos que son "una religión como cualquier otra", que se inscribe en un "nicho", como el judaísmo o el budismo, cuando en estas religiones no existe en absoluto la obligación del proselitismo. El islam no reposa sobre especulaciones, dudas, interrogaciones, abstracciones, sino sobre principios. Por definición, estos principios son intangibles. En tanto que los europeos carecen de principios se arriesgan a la vez a ser víctimas del islam y a estar fascinados por él. Para hacerse respetar ante los musulmanes habría que hacerles respetar los mismos principios intransigentes que ellos manifiestan. Conviene sobre todo no mostrar ninguna debilidad, ninguna tolerancia ante sus exigencias. Es necesario instalarse en posiciones determinadas; si no es posible una cohabitación con el islam que planea la colonización de Europa, habrá que pensar en su expulsión.

El genio del Corán no reside en su espiritualidad religiosa, que es casi inexistente, sino en constituir el mejor tratado de estrategia de conquista geopolítica de la humanidad. El Corán supera con creces las obras de Sun-Tzu, de Maquiavelo o de Clausewitz.

La mayor parte de los europeos no se han dado cuenta, especialmente los islamófilos y los inmigracionistas, y que ninguno de ellos ha leído jamás el Corán, ni habla árabe, ni han puesto jamás sus pies en país musulmán alguno, excepto quizás en los suburbios de Club Med, ninguno de ellos vive en una cuidad con mayoría musulmana. Para ellos, el islam, y toda la inmigración, son hechos abstractos, lejanos, simpáticos. Son gentes que viven una vida propia de las clases descomprometidas, virtual, alejada de la realidad; son gentes que se derrumbarán ante la realidad que se aproxima.

¬ŅQu√© nos depara el porvenir?, preguntaba Albert Kehl. "Un sobresalto de autoridad que traer√° la calma, la obediencia a nuestras leyes, y por lo tanto el fatalismo instalado por un tiempo entre la poblaci√≥n musulmana, el dejarse llevar, estallar√° en un punto de fanatismo declarando la conversi√≥n al islam o la condici√≥n de "dihimmis" de nuestro pueblo sobre nuestro propio suelo hasta los tiempos indefinidos. La √ļnica soluci√≥n verdaderamente eficaz, la √ļnica digna para nosotros, pueblos de Europa, pasa por el retorno a sus pa√≠ses de origen de la inmensa mayor√≠a de los islamistas".

Se puede decir mejor, pero no más claro. Bien entendido, este género de propuestas es hoy considerado, en estos tiempos de neurosis etnomasoquista, como diabólico. No es perverso el permitir que el enemigo nos conquiste, pero es perverso que nos defendamos. Bien, seamos perversos.







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