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Autor Tema: HISTORIA, POL√ćTICA Y TERRORISMO  (Leído 5326 veces)
gaia
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« : Lunes 03 de Noviembre de 2008, 03:27 »

Recopilaci√≥n de art√≠culos varios recopilados por Rosanegra. Gui√Īo
« Última modificación: Martes 11 de Noviembre de 2008, 05:44 por Debatimos » En línea

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« Respuesta #1 : Lunes 03 de Noviembre de 2008, 12:36 »

PROHIBIDO PASAR
María San Gil: el capítulo más negro de la crisis
Por Ignacio Villa
 Los teletipos escupen una noticia hasta ese momento impensable: "Mar√≠a San Gil abandona la ponencia pol√≠tica por desavenencias con el contenido de ese texto". Se anuncia en un comunicado del Partido Popular vasco que San Gil abandona la ponencia "por diferencia de criterios a su juicio fundamentales".

Esto ocurre el domingo 11 de mayo por la noche; el lunes 12 termina el plazo oficial para la entrega de los textos de esas ponencias. La noticia vuelve a ser un aut√©ntico golpetazo para el aparato del partido. Aqu√≠ no estamos hablando de cuotas de poder, de vanidades pol√≠ticas o de obsesi√≥n por los cargos. En este caso la cuesti√≥n es "Mar√≠a". En el Partido Popular, Mar√≠a San Gil es "Mar√≠a". Es la referencia para miles de militantes, para millones de votantes. Por su trayectoria, su valent√≠a, su claridad, su tozudez a la hora de defender la libertad y la democracia. S√≥lo pensar ‚Äďaunque sea de lejos‚Äď lo que est√° pasando, y lo que puede pasar, asusta a cualquiera.
 
(...) Hay una cuesti√≥n que nadie entiende. Es m√°s, que nadie puede justificar. ¬ŅPor qu√© la nueva direcci√≥n del Partido Popular estaba tan empe√Īada en que el claro giro pol√≠tico que quer√≠an dar al nuevo partido quedara reflejada en esa ponencia? ¬ŅNo eran conscientes de que los contenidos de esas ponencias congresuales hab√≠an pasado, hasta la fecha, absolutamente desapercibidos? (...) ¬ŅPara qu√© tanta intransigencia de Rajoy? Sinceramente incomprensible. S√≥lo se puede entender entre una mezcla de engreimiento y de inexperiencia, pero en todo caso inexplicable para el sentido com√ļn. Y desde luego toda la militancia del Partido Popular piensa que lo que est√° pasando con Mar√≠a es impresentable.
 
La redacción de la ponencia política había sido encargada a José Manuel Soria, Alicia Sánchez-Camacho y María San Gil. Hasta ahí, todo es normal. El problema empieza cuando los tres comienzan a debatir los contenidos de ese texto, especialmente en referencia a los nacionalismos. En todo caso, los hechos se suceden con mucha rapidez en el tiempo y con una absoluta displicencia por parte del aparato de Génova. Una actitud que se traduce en frialdad, frialdad y más frialdad hacia María San Gil.
 
Como ya se ha contado, en la Junta Directiva del 31 de marzo Rajoy designa a los ponentes de los tres textos ‚ÄďEstatutos, Pol√≠tica y Econom√≠a‚Äď que se van a debatir en el Congreso. Pero en el caso de la ponencia pol√≠tica no tienen una primera reuni√≥n en la calle G√©nova hasta el 21 de abril. Es una reuni√≥n de tr√°mite en la que los tres se reparten sin m√°s los contenidos de la ponencia. Mar√≠a San Gil se encarga de la pol√≠tica antiterrorista y el modelo de Estado, Alicia S√°nchez-Camacho de Justicia y Jos√© Manuel Soria se queda con el cap√≠tulo de Inmigraci√≥n.
 
A partir de ah√≠ comienza una larga cadena de filtraciones, de enfrentamientos y de faltas de respeto que marcan el cap√≠tulo m√°s siniestro ‚Äďcon mucho‚Äď de la crisis del PP. El 24 de abril aparece una primera filtraci√≥n. Sin duda interesada. Estamos hablando de lo que habitualmente se conoce como un "globo sonda". El titular del diario La Raz√≥n tiene tanta enjundia, que desde luego no es una simple elucubraci√≥n: "Rajoy plantear√° en el Congreso un acercamiento a los nacionalistas". Una informaci√≥n a cuatro columnas en la que se sugiere que el PP de Rajoy est√° empe√Īado en romper la imagen de soledad de la anterior legislatura y que no hace ascos a un acercamiento visual a los partidos nacionalistas, incluido el Partido Nacionalista Vasco. Esta informaci√≥n hace saltar chispas. Mar√≠a San Gil no se queda callada y pide a Rajoy una aclaraci√≥n sobre el asunto. Es m√°s, advierte que no va a aceptar ese planteamiento. A √ļltima hora del d√≠a ‚Äďy de tapadillo‚Äď, la Oficina de Informaci√≥n del PP emite una nota en la que desmiente, de aquella manera, esa informaci√≥n. Una soluci√≥n para salir del paso y evitar as√≠, moment√°neamente, una crisis que parece ya inevitable.
 
Lo cierto es que con esa filtraci√≥n las cartas est√°n encima de la mesa y todos saben a qu√© atenerse. El lunes 28 de abril, Soria env√≠a un texto a San Gil en el que se recoge con pelos y se√Īales lo filtrado d√≠as antes a La Raz√≥n. Entonces, el presidente del PP canario se multiplica por los medios de comunicaci√≥n intentando aclarar que lo que all√≠ se dice son ideas suyas, en ning√ļn caso imposiciones de Rajoy. Las aclaraciones llegan tarde. El 29 de abril es Mar√≠a San Gil quien env√≠a a los otros dos ponentes su propio texto. En √©l se recoge con claridad total que "los nacionalistas no buscan la derrota del terrorismo ni el fortalecimiento de Espa√Īa". Es en este momento ‚Äďcomo desvel√≥ el diario El Mundo‚Äď que, a vuelta de correo electr√≥nico y en un mensaje de m√≥vil, Soria ironiza con San Gil. "Mar√≠a, he le√≠do tu ponencia. ¬°Arriba Espa√Īa!". Aquel mensaje ‚Äďque no tiene justificaci√≥n alguna‚Äď acab√≥ con cualquier posibilidad de acuerdo. Las intenciones estaban claras, los objetivos tambi√©n. Soria, cuando se conoci√≥ el contenido de ese mensaje, siempre dijo que hab√≠a sido una broma, pero poca broma se puede hacer con personas como Mar√≠a San Gil, que se sienten acosadas, humilladas y despreciadas por toda la maquinaria nacionalista en el Pa√≠s Vasco. Y al igual que Mar√≠a, centenares de dirigente y militantes populares vascos que viven bajo la angustia del terrorismo y bajo la presi√≥n nacionalista desde hace a√Īos.
 
(...)
 
El 6 y el 7 de mayo Rajoy y San Gil hablan por tel√©fono. El tono de las conversaciones va evolucionando. El presidente del PP habla con un tono conciliador y tranquilizante, pero al ver que la presidenta del PP vasco no transige, pasa al ataque y le dice que no es posible la existencia de dos documentos. Rajoy apuesta por un acuerdo y por una unidad de criterio, pero al mismo tiempo no descalifica en ning√ļn momento las estrategias de acercamiento a los nacionalismos promovidas por Soria. El l√≠der del PP se mantiene en la distancia, sin coger el toro por los cuernos y sin clarificar cu√°l es su posici√≥n. Rajoy intenta pasar de puntillas sobre una cuesti√≥n definitiva y se vuelve a equivocar; con esa actitud est√° provocando que Mar√≠a San Gil, intocable para todos los militantes del PP, est√© a punto de abandonar sus cargos y su militancia activa.
 
Y lleg√≥ el desastre. Cuando, el 8 de mayo, Jos√© Mar√≠a Lasalle ‚Äďjefe de Gabinete de Rajoy e ide√≥logo, en parte, de este cambio en el fondo del Partido Popular‚Äď telefonea a Mar√≠a San Gil, la suerte est√° echada. (...) El desacuerdo es total, por lo que el 9 de mayo, a √ļltima hora de la tarde, es la propia dirigente vasca quien llama a Mariano Rajoy y le dice que abandona la ponencia pol√≠tica. El presidente del PP se compromete a intermediar en la redacci√≥n, pero poco m√°s.
 
El domingo 11 de mayo es el día definitivo. San Gil y Lasalle, siempre telefónicamente, escenifican el total desencuentro. Llega un momento en que ya no es un problema de frases o de correcciones, sino una cuestión exclusivamente de fondo. María San Gil es consciente de que lo que están discutiendo es algo más que un párrafo o una coma. Está asistiendo, en primera línea y en primera persona, a la transformación estratégica y quizá ideológica de capítulos esenciales de la forma de hacer política desde siempre en el Partido Popular. San Gil es una referencia para todos en el partido; detrás de ella hay muchos militantes del PP dentro y fuera del País Vasco, pero también nombres que están en el recuerdo de todos, que han muerto asesinados por la banda terrorista ETA y que no aceptarían nunca esa "simpatía repentina" hacia el nacionalismo y su entorno que ahora quieren imponer a golpe de ponencia.
 
(...)
 
Cuando el lunes 12 de mayo comienza a ser conocido por todos el abandono de María San Gil, la convulsión es total. Indescriptible. Desde la calle Génova, desde su Oficina de Información, comienzan a jugar a las filtraciones con una actitud tan deleznable que ni los más cercanos a Rajoy dan crédito. En este sentido se estrenan diciendo que nadie entiende la actitud de San Gil; que el texto definitivo había aceptado todas las enmiendas y propuestas por ella realizadas; que en esta decisión hay gato encerrado y que desde luego detrás de San Gil está Jaime Mayor Oreja. Es tal el estupor que provoca la marcha de San Gil, que el aparato de Génova deberá ir elaborando a toda prisa teorías, doctrinas, justificaciones que expliquen lo ocurrido. Pero el remedio es mucho peor que la enfermedad. El adiós de María San Gil es un desastre para el PP, y las mentiras que difunden sobre ella después lo dicen todo. "Si sobre María son capaces de hacer esto, qué no harán sobre los demás", comentan muchos dirigentes indignados con lo que está pasando.
 
En aquella ma√Īana de estupor, la primera en salir a la palestra es Esperanza Aguirre. La presidenta de la Comunidad de Madrid, claramente afectada por la historia, pide a Mariano Rajoy que "reflexione sobre lo que est√° pasando. (‚Ķ) Mar√≠a San Gil no es una persona que tome esta decisi√≥n de manera fr√≠vola, todo lo contrario, y si ha discrepado y ha decidido no firmar la ponencia es que tiene sus razones". Y Aguirre vuelve a recordar a Rajoy que Mar√≠a San Gil es "un referente moral para todos". Con Aguirre se escuchan m√°s apoyos. √Āngel Acebes o el vasco Antonio Basagoiti son algunos de los que no ofrecen duda en el apoyo a la presidenta del PP Vasco. Incluso el propio Basagoiti pide a Rajoy que "recapacite" sobre lo que est√° pasando.
 
En esta cadena de reacciones de este primer d√≠a hay una que irrumpe con especial fuerza. Es la concejala del Ayuntamiento de Madrid Ana Botella, quien sin rodeos dice: "Yo estoy con Mar√≠a San Gil (‚Ķ) Es una persona que defiende, sin duda, los intereses del partido". Detr√°s de esta contundencia, muchos quieren ver, muchos escuchan a Jos√© Mar√≠a Aznar. Todo el mundo sabe que el presidente de honor del partido tiene una relaci√≥n excelente con San Gil, a quien siempre ha valorado y apoyado en su trabajo pol√≠tico. Las palabras de Ana Botella son de nuevo la se√Īal inequ√≠voca de que la crisis del PP parece no tener final. En estas horas posteriores al anuncio se van conociendo muchos detalles de una historia que hasta ese momento hab√≠a pasado desapercibida para la mayor√≠a. Muchos detalles, algunos ya descritos antes y otros que no dejan de ser escalofriantes. Uno de esos ejemplos son los p√°rrafos que el propio Lasalle quer√≠a imponer a Mar√≠a San Gil. En algunos de ellos se quer√≠an dulcificar las negociaciones ‚Äďa escondidas‚Äď de Carod Rovira con ETA en Perpignan, o por ejemplo la reducci√≥n a un simple pacto parlamentario del aberrante Pacto del Tinell, que supuso en la anterior legislatura un acuerdo por escrito de una verdadera persecuci√≥n pol√≠tica contra el Partido Popular. Eran detalles que no hac√≠an m√°s que complicar la ya cruda realidad de la crisis. Hasta diez art√≠culos decisivos pretend√≠a cambiar Jos√© Mar√≠a Lasalle, art√≠culos b√°sicos en la historia de los populares y que este "reci√©n llegado", como le calificaban ya muchos de puertas adentro, ten√≠a intenci√≥n de laminar. En el PP surge una sensaci√≥n de incredulidad y de indignaci√≥n que no se conoc√≠a desde la refundaci√≥n del Congreso de Sevilla. "Yo no estoy en el PP por el cambio clim√°tico. Aqu√≠ hay un problema de suicidio colectivo", se escucha decir. Y desde luego m√°s claridad no se puede pedir.
 
El hurac√°n est√° en marcha y no hay quien lo pare. El martes 13 de mayo irrumpe desde Bruselas Jaime Mayor Oreja. Su defensa absoluta de Mar√≠a San Gil no ofrece dudas: "La literalidad de una ponencia no es el test. Para m√≠, es la verdad de las personas. Y estoy convencido de que Mar√≠a San Gil ha podido ver que hab√≠a una idea sustancial de cambiar claramente su posici√≥n. (‚Ķ) Espero que no entremos en el PP en la carrera de qui√©n miente mejor. (‚Ķ) Lo importante es saber qui√©n dice la verdad. Mar√≠a San Gil no se va a inventar una posici√≥n, es incapaz de hacerlo". Adem√°s, el l√≠der del PP en Europa lanza una clara advertencia sobre el peligro evidente que ten√≠an los populares de caer en un Congreso de divisi√≥n y de enfrentamientos como fueron los que √©l vivi√≥ en la UCD. Palabras muy duras de Jaime Mayor Oreja que son contestadas en primera persona por el presidente del PP. Mariano Rajoy, desde los pasillos del Congreso, advierte de manera informal que ha aconsejado a los suyos que no hablen y que no se metan en l√≠os: "Estoy bien y con responsabilidad, la √ļnica forma de actuar en estos momentos. Y punto". Lo cierto es que un acto en Vitoria que estaba previsto para el jueves con la participaci√≥n de San Gil y de Rajoy es suspendido. La tensi√≥n as√≠ lo aconseja.
 
Desde la calle G√©nova se intenta amortiguar el choque de la mejor manera posible, pero con un desacierto tangible. Esta misma ma√Īana, en distintas entrevistas televisivas y radiof√≥nicas, Esteban Gonz√°lez Pons y Jorge Moragas repiten lo mismo. Las palabras de Gonz√°lez Pons son especialmente pomposas y no muy afortunadas, como √©l mismo ha reconocido. De aquel d√≠a son esas afirmaciones que colorean el drama: "Mar√≠a somos todos. Mar√≠a es de todos. Mar√≠a es un s√≠mbolo, no s√≥lo moral sino pol√≠tico. Donde est√© Mar√≠a all√≠ tiene que estar el Partido Popular". En fin, declaraciones directamente desautorizadas con el paso de los d√≠as con la actitud de Rajoy, que incluso en el Congreso Nacional de Valencia fue incapaz de citar, de mencionar, de saludar a la gran ausente: Mar√≠a San Gil.
 
Mientras, aquella ma√Īana el rid√≠culo y la paranoia hab√≠an aterrizado en la sala de prensa de la calle G√©nova. Ese martes estaba prevista la presentaci√≥n del texto de la ponencia pol√≠tica, y as√≠ lo hacen Jos√© Manuel Soria y Alicia S√°nchez-Camacho. Balbuceantes, indecisos, poco concretos, evasivos. Todo menos convincentes. Los dos ante una concurrencia inusitada, lanzan balones fuera, pero con tan poca credibilidad que los resultados son nefastos. Pretenden hacer creer a los presentes que Mar√≠a San Gil acepta la totalidad del texto de la ponencia y que adem√°s el PP en ning√ļn momento se ha planteado cambiar la orientaci√≥n ideol√≥gica de sus principios. Afirmaciones que se las lleva el viento cuando de nuevo son preguntados y repreguntados: "Entonces, ¬Ņcu√°les son las razones de la ausencia de Mar√≠a San Gil?". La respuesta no existe y el esperpento no puede ser mayor.
 
(...)
 
El mi√©rcoles 14 de mayo Espa√Īa amanece con el terrorismo etarra en portada. La banda terrorista ETA ha intentado provocar una masacre en la localidad alavesa de Legutiano. Ha asesinado a Juan Manuel Pi√Īuel, un guardia civil destinado en la casa cuartel, que es absolutamente destruida; es un atentado terrorista dise√Īado para ser una aut√©ntica masacre. En el PP vasco la reacci√≥n es, como tantas otras veces, de condena al terrorismo etarra y a todo su entramado. El atentado certifica que la banda terrorista, como hab√≠a denunciado el PP durante meses, ha utilizado la tregua de la negociaci√≥n pol√≠tica con Zapatero para reorganizarse con mayor capacidad operativa. Los hechos as√≠ lo demuestran.
 
De todas formas, la crisis del PP no para. Ese mi√©rcoles est√° anunciada una comparecencia de Mar√≠a San Gil en San Sebasti√°n. En ella, San Gil, sin pelos en la lengua, se despacha con claridad. La presidenta del PP se da entonces cuarenta d√≠as para recuperar la confianza en Mariano Rajoy. Se siente enga√Īada y burlada, y eso no lo va a consentir. Si no se rectifica, Mar√≠a San Gil abandonar√° la Presidencia del PP vasco. Con el titular encima de la mesa, San Gil va desbrozando muchas de las presiones que ha tenido que aguantar, de forma incomprensible, durante las √ļltimas semanas. Para empezar, habla de Lasalle:
Si la persona que Mariano Rajoy me pone como interlocutor me discute hasta el concepto de Naci√≥n, pues me preocupo. (‚Ķ) Empez√≥ una lucha de titanes. Discut√≠a y rebat√≠a el an√°lisis pol√≠tico del momento en que vivimos, y discut√≠a y rebat√≠a la necesidad de plasmar de una forma clara y evidente c√≥mo tiene que ser la propuesta de proyecto de esa gran Espa√Īa de ciudadanos libres e iguales.
 A√Īade San Gil que Lasalle, hasta el √ļltimo momento, intenta cambiar la redacci√≥n:
Se dio una lucha por intentar modificarme, cambiarme o suprimir algunos art√≠culos. (‚Ķ) Se me intenta imponer una nueva redacci√≥n, y a la vista de que no lo consiguen porque yo soy muy tenaz, muy tozuda, a rega√Īadientes y de mala manera se admite al final el texto.
Y también tiene unas palabras para Mariano Rajoy:
Les confieso que yo le tengo un enorme afecto a Mariano Rajoy, le tengo un enorme afecto personal, pero sí es verdad que hay determinadas decisiones y actuaciones que a mí me sorprenden. No es una quiebra en lo personal, pero sí es una incertidumbre con el proyecto político y con la forma de defenderlo. (…) Nosotros tendríamos que estar haciendo una oposición muy firme, no replanteándonos principios, valores o cambios de estrategia.
 Como se ve, en esa comparecencia ante los medios de comunicaci√≥n Mar√≠a San Gil habla con absoluta nitidez, como tantas otras veces. Tambi√©n habla de su futuro:
El PP para m√≠ es mi casa, y en este partido nos hemos dejado la piel, y nos hemos dejado muchos compa√Īeros. El partido no se puede romper, pero tampoco se pueden asumir determinados cauces pol√≠ticos que aqu√≠ no apoyamos. Yo no desaf√≠o a nadie, ni me retiro. Lo √ļnico que digo es que si no me siento c√≥moda, entonces me retiro y no me presento.
Después de esta rueda de prensa, ya no le quedan dudas a nadie. La crisis es irreversible. La marcha de María San Gil, inevitable. Y la incapacidad de Rajoy para solucionar la papeleta, absoluta.
 
[...]

Lo cierto es que la herida de San Gil no est√° cerrada y tardar√° mucho en cicatrizar. Eso es evidente en el PP vasco, pero lo es m√°s todav√≠a en la calle G√©nova. Todos los responsables de este triste cap√≠tulo, de esta dram√°tica historia, han quedado sin duda se√Īalados por mucho tiempo. No se pueden hacer peor las cosas. No se puede actuar con m√°s crueldad. No se puede acumular tanta torpeza. No se puede dilapidar en tan poco tiempo tanto capital humano cuidado y mimado durante d√©cadas. La marcha de San Gil ‚Äďoficializada ya en el mes de septiembre‚Äď y tambi√©n la de Jos√© Antonio Ortega Lara han hecho de la crisis del PP una crisis siniestra en lo pol√≠tico y en lo humano. Y eso que Mariano Rajoy hab√≠a pretendido que Mar√≠a San Gil fuera su gran fichaje en Madrid para las generales. ¬°C√≥mo cambian las cosas cuando alguien como San Gil sencillamente defiende principios y s√≥lo principios!


NOTA: Este texto está tomado del capítulo 7 de PROHIBIDO PASAR, la más reciente obra de IGNACIO VILLA, que acaba de publicar La Esfera de los Libros.

Pinche aquí para ver a IGNACIO VILLA en LA HORA DE FEDERICO

http://findesemana.libertaddigital.com/maria-san-gil-el-capitulo-mas-negro-de-la-crisis-1276235681.html
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« Respuesta #2 : Lunes 03 de Noviembre de 2008, 12:39 »

lunes 3 de noviembre de 2008
EUROPA BAJO LOS ESCOMBROS
Martes de Carnaval
Por Fernando Paz
 Las temperaturas eran bajas, como correspond√≠a al mes de febrero en Centroeuropa. Pese a ello ‚Äďy a la delicad√≠sima situaci√≥n por la que atravesaba el pa√≠s‚Äď, los testarudos sajones de Dresde se hab√≠an precipitado a las calles a celebrar las fiestas de Carnaval tal y como tradicionalmente hab√≠an venido haciendo. (...)

Los habitantes de Dresde, hasta ese momento, hab√≠an tenido buenos motivos para sentirse optimistas. Conocida como "la Florencia del Elba", Dresde albergaba uno de los centros hist√≥ricos m√°s logrados y mejor conservados de Europa, y la relaci√≥n de sus tesoros art√≠sticos la situaba a la altura de las m√°s ricas ciudades alemanas. Por eso ‚Äďcalculaban los dresdenieses‚Äď, mientras una tras otra ard√≠an las urbes a lo largo de todo el pa√≠s, su ciudad merec√≠a quedar al margen de la destrucci√≥n que asolaba el Reich.

Los sajones estaban seguros de sobrevivir a esa desolaci√≥n generalizada, como una isla en un oc√©ano de ruinas. Regiones completas de Alemania, como el Ruhr, hab√≠an sido devastadas por los bombardeos angloamericanos, y todas las grandes ciudades del pa√≠s eran poco m√°s que un manojo de edificios derruidos, con los esqueletos de sus construcciones alz√°ndose temblorosos ‚Äďlos que a√ļn se manten√≠an en pie‚Äď, testimoniando la org√≠a de una destrucci√≥n que no parec√≠a encontrar satisfacci√≥n. La vecina Leipzig, a menos de cien kil√≥metros, se hab√≠a visto sometida a intensos bombardeos en repetidas ocasiones, hasta borrar el trazado de sus calles; m√°s de la mitad de sus edificios se hab√≠an venido abajo, un mar de llamas se hab√≠a ense√Īoreado de cada uno de sus rincones y el p√°nico generado hab√≠a dado lugar a un colapso en las carreteras de tal magnitud que a las autoridades les hab√≠a costado varios d√≠as dominarlo.

Sin embargo, Dresde no era Leipzig. Ciertamente, la ciudad pose√≠a algunas industrias de valor para el esfuerzo de guerra alem√°n, entre ellas la sider√ļrgica, que desde hac√≠a d√©cadas hab√≠an hecho de la poblaci√≥n la s√©ptima ciudad del Reich. Pero su categor√≠a como emporio cultural, el esplendor neocl√°sico de sus palacios y el n√ļcleo de su ciudad antigua oficiaban de escudo antia√©reo con m√°s efectividad que cien escuadrones de la menguante Luftwaffe. Sus ciudadanos hac√≠an toda clase de c√°balas en torno a la supervivencia de sus hogares y sus familias. Eran muchas, en verdad, las razones que explicaban tales consideraciones, pero sobre todas una: la ignorancia, que una razonable tendencia humana a recurrir a la superstici√≥n ‚Äďalimento de las m√°s descabelladas esperanzas‚Äď nutr√≠a d√≠a tras d√≠a.

La monumentalidad de la ciudad no era la √ļnica raz√≥n que sosten√≠a sus esperanzas. Tambi√©n su condici√≥n de capital de Sajonia, que, por fuerza, har√≠a plantearse a aquellos ingleses, primos suyos de las islas brit√°nicas al fin y al cabo, la conveniencia de una tal aniquilaci√≥n. Incluso corr√≠a el rumor de que en la ciudad moraba la t√≠a favorita de Churchill, nada menos, de modo que jam√°s permitir√≠a el l√≠der brit√°nico ponerla en peligro. Resulta curioso que los habitantes de Hiroshima, a tantos miles de kil√≥metros de distancia, fundasen en el rumor de que una t√≠a del presidente Truman resid√≠a en la ciudad el haber quedado, hasta la misma v√≠spera del 6 de agosto de 1945, al margen de los objetivos de la Fuerza A√©rea norteamericana. El horror nuclear sacudir√≠a con espanto sus esperanzas una soleada ma√Īana de verano de ese mismo 1945.

El que unas fechas antes la Usaaf bombardease las afueras de Dresde tampoco hab√≠a servido para abrirles los ojos. Apenas hab√≠an muerto unas 300 personas, la mayor√≠a trabajadores residentes en las casas que el r√©gimen nacionalsocialista hab√≠a construido en las zonas de los suburbios. Los dresdenieses lo achacaban a errores de navegaci√≥n; seguramente ni siquiera sab√≠an aquellos extra√Īos e ignorantes americanos qu√© ciudad estaban atacando, o quiz√° equivocaran el objetivo, buscando las industrias del extrarradio.

Justamente en las √ļltimas semanas, aunque por otros motivos, hab√≠an comenzado a percibir que la guerra se acercaba a su ciudad. Desde que el 12 de enero de 1945 saltara por los aires la l√≠nea defensiva de la Wehrmacht en Baranow, el ej√©rcito sovi√©tico hab√≠a cruzado el V√≠stula y, a una sorprendente velocidad, acampado junto al Oder. La vecina provincia de Silesia, anegada por la marea roja, arroj√≥ a muchos alemanes hasta Dresde. Durante esas pocas semanas, decenas de miles de aterrorizados silesianos atestaron la ciudad. Tan s√≥lo Breslau resist√≠a ‚Äďlo har√≠a hasta el 9 de mayo, d√≠a de la rendici√≥n alemana, de ese terrible a√Īo de 1945‚Äď los poderosos embates de las tropas sovi√©ticas; el resto de la regi√≥n, con sus ricas minas y su industria de guerra, se hab√≠a perdido definitivamente para el Reich. Los habitantes del Oriente germ√°nico sab√≠an bien lo que pod√≠an esperar de la avalancha que se les ven√≠a encima, rugiendo desde los maizales ucranianos, desde las estepas del Donetz, desde las torrenteras del Volga. G√∂bbels no ahorraba a los alemanes el conocimiento de las atrocidades que comet√≠an los ej√©rcitos de Stalin; por el contrario, envi√≥ a sus compa√Ī√≠as de propaganda a los lugares que la Wehrmacht hab√≠a reconquistado de las garras sovi√©ticas, a fin de publicitar los cr√≠menes del gigantesco y vengativo dispositivo militar rojo. En la conciencia alemana permaneci√≥ ‚Äďy a√ļn resuena‚Äď el eco de las matanzas de Nemmersdorf, con sus ancianas y ni√Īas violadas, sus hogares saqueados y reducidos a cenizas y sus criaturas de pecho estrelladas contra las paredes o crucificadas en las puertas de los graneros.

El terror que hab√≠a propiciado la evacuaci√≥n masiva de Prusia Oriental, el √©xodo de millones de personas procedentes de todas las provincias orientales ‚Äďque no cesar√≠a hasta muchos meses despu√©s‚Äď y un interminable desplazamiento por numerosos campos de toda Centroeuropa comenzaba a sentirse por aquellas fechas, recorriendo como un escalofr√≠o la conciencia colectiva germano-oriental. Pero, como siempre sucede en las guerras, la mayor√≠a estaba persuadida de que la marea del horror refluir√≠a antes de entrar en su ciudad. C√≥mo imaginar que las esperanzas depositadas en la t√≠a de Churchill no s√≥lo no iban a salvaguardarlos, sino que iba a ser, precisamente, el sobrino quien les condenara al tormento de una terrible devastaci√≥n.
 
***

Unos d√≠as antes de la celebraci√≥n de aquel martes de carnaval, unos 1.500 kms. al sureste, en el antiguo balneario zarista de Yalta, se hab√≠a celebrado una reuni√≥n al m√°s alto nivel entre los dirigentes de los pa√≠ses enemigos de Alemania. Roosevelt, Churchill y el anfitri√≥n Stalin hab√≠an dibujado toscamente el futuro de Europa jugando con unas cerillas y unas servilletas. A√Īadiendo porcentajes junto al nombre de un buen n√ļmero de pa√≠ses europeos, se repart√≠an las esferas de influencia entre unos y otros. Aquellos brit√°nicos que hab√≠an entrado en la guerra para no ver trastocado el equilibrio europeo observaban, impotentes, c√≥mo se hund√≠a toda una ordenaci√≥n del mundo por la que hab√≠an jurado batirse. Y con ese orden, su imperio. Unos meses m√°s tarde, bajo arresto en N√ļremberg, G√∂ring resumir√≠a gr√°ficamente la situaci√≥n escupiendo a los brit√°nicos: "Ustedes nos declararon la guerra para que Alemania no conquistase el Este y ahora se encuentran con el Este en el Elba".

Stalin, el verdadero vencedor de aquella cumbre que sell√≥ el destino de Europa para varias d√©cadas, se sinti√≥ en disposici√≥n de renovar sus demandas a los angloamericanos. Estos le entregaban Polonia, cuya libertad nacional hab√≠a sido esgrimida como la raz√≥n para declarar la guerra a Alemania; a cambio, los occidentales nada exig√≠an. A√ļn m√°s, Stalin hab√≠a impuesto sus puntos de vista en un sinn√ļmero de cuestiones mientras Roosevelt acced√≠a, complacido, a las peticiones sovi√©ticas. Churchill se encontraba en franca inferioridad, espantado ante la actitud aquiescente de los norteamericanos y la posibilidad de que medio continente fuera entregado a los comunistas.

Sin embargo, la hora de Gran Breta√Īa hab√≠a pasado. Los ingleses se sent√≠an relegados entre los dos grandes, aspirando a obtener la aceptaci√≥n de sus socios en un pie de igualdad que sab√≠an ya imposible y tratando de prolongar una situaci√≥n ficticia que enmascarase la creciente postergaci√≥n a la que le somet√≠an sus aliados. La presencia de los sovi√©ticos en el Oder, mientras los occidentales se encontraban a√ļn lejos de cruzar el Rhin, reforzaba las pretensiones de la URSS. Los sovi√©ticos se pod√≠an permitir toda clase de juegos, como asegurar virtuosamente no tener inter√©s alguno en Berl√≠n, cuando en realidad Stalin estaba obsesionado con la captura de la capital germana. Por su parte, los norteamericanos explicitar√≠an posteriormente su renuncia a Berl√≠n, alegando que no constitu√≠a un objetivo militar que mereciera el esfuerzo que su conquista supondr√≠a. Churchill no daba cr√©dito a lo que o√≠a.

Stalin hac√≠a valer el sacrificio de m√°s de 20 millones de ciudadanos sovi√©ticos en la presente guerra, mientras los norteamericanos secundaban ‚Äďsin aparente contrariedad‚Äď los prop√≥sitos de Stalin. El propio presidente Roosevelt hab√≠a mostrado una franca indignaci√≥n por la escala de la destrucci√≥n observada al sobrevolar las estepas ucranianas sobre las que se hab√≠a dilucidado la gigantesca partida librada entre la Wehrmacht y el Ej√©rcito Rojo. Desde√Īando el esfuerzo militar occidental, el dictador comunista presion√≥ para que las fuerzas angloamericanas facilitasen el avance del ej√©rcito rojo en el este. Apenas unos meses antes ‚Äďen el verano de 1944‚Äď, los occidentales hab√≠an solicitado el permiso sovi√©tico para utilizar los aer√≥dromos polacos a fin de abastecer a la insurgencia antinazi de Varsovia. Stalin hab√≠a dado orden de prohibir el aterrizaje de cualquier aparato aliado en el suelo de la Polonia conquistada por sus tropas. Los polacos dem√≥cratas ‚Äď"los polacos de Londres", como despectiva y significativamente los denominaban los comunistas‚Äď deb√≠an ser sacrificados con tal de no importunar a Stalin, incluso si eso supon√≠a la renuncia a una ordenaci√≥n de posguerra que preservase la independencia del pa√≠s.

Pese a estos antecedentes, los occidentales accedieron a satisfacer a Stalin. En el Frente del Este la aviaci√≥n nunca se hab√≠a revelado como un arma decisiva. Las distancias eran demasiado grandes y la escala de las bajas era inmensa en comparaci√≥n con los est√°ndares de la lucha entre los alemanes y los anglosajones; quienes m√°s cualificados estaban ‚Äďlos alemanes‚Äď hac√≠a tiempo que dedicaban el grueso de sus fuerzas a√©reas a la defensa del Reich, mientras que los sovi√©ticos apenas hab√≠an desarrollado el concepto de bombardeo estrat√©gico, en favor del apoyo a las tropas de tierra, tal y como los alemanes hac√≠an desde las primeras etapas de la guerra.

Así pues, los aliados occidentales debían contribuir al esfuerzo soviético de forma directa; lo que Stalin proponía era que los angloamericanos bombardeasen la retaguardia alemana; pero la del Frente Oriental, no la correspondiente a la suya propia.
 
***

Aquel martes, 13 de febrero de 1945, la predicci√≥n meteorol√≥gica del ej√©rcito brit√°nico vaticinaba que la masa de nubes que se desplazaba por el centro del Reich comenzar√≠a a resquebrajarse sobre Turingia, produciendo grandes claros hacia el este, donde se encontraba Dresde. En la ciudad, los refugiados abarrotaban las calles, los centros de asistencia, los barracones que hab√≠an habilitado las autoridades con la m√°xima celeridad posible para acogerlos. Ya sumaban cientos de miles los procedentes de Silesia, acompa√Īados de una aut√©ntica barah√ļnda de carritos, lloros infantiles y lamentos.

Los reci√©n llegados se maravillaban de la magnificencia y la normalidad de la ciudad, de su estado particularmente ajeno a la guerra. Desde luego, no exageraba el F√ľhrer cuando se hab√≠a referido a la capital sajona como a una "perla" que engarzar en el conjunto de la naci√≥n. Sin duda lo era, y los silesianos ‚Äďque tantas idas y venidas hab√≠an experimentado desde que el Reich perdiera la guerra veintisiete a√Īos atr√°s‚Äď envidiaban en secreto el pac√≠fico aspecto del que tambi√©n ellos hab√≠an gozado hasta hac√≠a apenas unas semanas, antes de que la cat√°strofe se precipitara sobre sus vidas.

Los j√≥venes destinados a las escasas bater√≠as antia√©reas de la ciudad a√Īoraban, en la monoton√≠a de su desempe√Īo, los tiempos en los que participaban de las celebraciones de carnaval. Las ocasionales bombas que hab√≠an ca√≠do les ratificaban en la idea de inmunidad; la cercan√≠a del frente y la preservaci√≥n de Dresde hab√≠an propiciado el rumor de que la ciudad iba ser la capital de la administraci√≥n del pa√≠s una vez ocupado por el enemigo. De cuando en cuando disparaban al cielo m√°s bien a ciegas, porque la aviaci√≥n inglesa no se adentraba hasta el coraz√≥n de la ciudad. Y ello, resultaba indudable, no pod√≠a deberse sino a un deliberado prop√≥sito de preservarla de la destrucci√≥n.

Los refugios eran muy escasos. Al parecer, tampoco las autoridades sentían la necesidad de construir más. En la vecina Leipzig, por ejemplo, la ratio de refugios era muy superior. Una noche particularmente despejada, unas cuantas semanas atrás, los incendios de Leipzig habían iluminado la oscuridad hacia el oeste. El resplandor de las llamas elevándose al cielo podía apreciarse sin dificultar desde casi cualquier punto de la ciudad, pese a lo cual las baterías de la zona occidental las contemplaban sin especial aprensión. Las fotos de la devastación causada por los bombardeos circulaban profusamente por toda Alemania, pero palidecían frente a la enormidad de los incendios y las explosiones en el momento álgido de los ataques. Los jóvenes de la Luftwaffe que servían en Dresde podían suponerlo, pero nadie que no hubiera vivido un ataque aéreo de la gigantesca magnitud de los que sufrían las ciudades alemanas era verdaderamente capaz de hacerse una idea cabal de lo que aquello representaba.

La tranquilidad reinaba sobre Sajonia en el crep√ļsculo del 13 de febrero de 1945. Los reclutas de la fuerza a√©rea se aburr√≠an mortalmente, como cualquier otra noche, exhaustos despu√©s de los ejercicios de defensa ensayados por en√©sima vez. Hac√≠a fr√≠o en aquel rinc√≥n de Europa, y el viento hab√≠a barrido las nubes, tachonando el oscuro firmamento de finas estrellas, duras como agujas. Los soldados bostezaban y se desperezaban, alternativamente. Muchos de ellos repet√≠an mentalmente la lecci√≥n que al d√≠a siguiente, a√ļn sin haber ido a dormir, deber√≠an recitar en la escuela. En el III Reich la juventud guiaba a la juventud ‚Äďhab√≠a jurado el F√ľhrer‚Äď, pero los maestros segu√≠an dando cuenta a los padres de los progresos de aquellos chavales, de quienes depend√≠a la seguridad de la patria.
 
***

Otros j√≥venes, apenas unos a√Īos mayores, cruzaban a toda prisa las pistas de los aer√≥dromos en Norfolk. Altos, espigados, brincaban a las carlingas, comprobaban las municiones de la posici√≥n artillera de cola (...) y la carga explosiva que pre√Īaba el vientre del aparato. Encend√≠an los motores, a la espera de que calentasen lo suficiente mientras se aseguraban de que cada cosa estuviera en su sitio, los aparatos de navegaci√≥n crecientemente sofisticados que les indicaban la posici√≥n sobre el objetivo, las gu√≠as de ruta, todo.

La misi√≥n no parec√≠a f√°cil, ya que Dresde se hallaba casi en el l√≠mite de la m√°xima penetraci√≥n de la RAF. El viaje de ida y vuelta sumaba 2.800 kms., por lo que s√≥lo podr√≠an permanecer sobre el objetivo unos veinte minutos. Se anunciaba una noche despejada, lo que facultaba la navegaci√≥n pero tambi√©n la temible caza alemana y la acci√≥n de los antia√©reos. Los Lancaster deb√≠an pasar diez horas en vuelo, buena parte de las cuales sobre territorio enemigo. Aunque la incursi√≥n terminar√≠a siendo poco m√°s que un ejercicio de tiro al blanco, sobre el papel parec√≠a cualquier cosa menos sencilla. Muchas j√≥venes tripulaciones maldec√≠an su suerte, al no comprender por qu√© raz√≥n deb√≠an volar tan lejos para aniquilar un objetivo que carec√≠a de importancia. Ignoraban que Churchill hab√≠a jurado vengarse por el lanzamiento de las V1 y V2 alemanas sobre Gran Breta√Īa. Y que ellos eran los llamados a ejecutar tal venganza.

(...)

En Inglaterra, los j√≥venes pilotos escuchaban las √≥rdenes que se les impart√≠an en las salas donde se concentraban antes de subir a los aparatos. Les hablaron de las l√≠neas telef√≥nicas que se controlaban en Dresde, del tendido ferroviario que converg√≠a en la ciudad, de la colaboraci√≥n con las tropas de Koniev que se acercaban a Sajonia para quebrar el frente en su punto m√°s sensible. Al final de la charla, las √≥rdenes dejaban caer que uno de los objetivos de la operaci√≥n ‚Äďsubsidiariamente, eso s√≠‚Äď era "que los sovi√©ticos sepan, cuando lleguen all√≠, lo que es capaz de hacer el Mando de Bombardeo". Los pilotos, acostumbrados a escuchar todo tipo de razones militares y pol√≠ticas, nada preguntaron. Se trataba de una misi√≥n m√°s, eso era todo.


NOTA: Este texto est√° tomado del cap√≠tulo 2 de EUROPA BAJO LOS ESCOMBROS, de FERNANDO PAZ, que acaba de publicar la editorial √Āltera

http://findesemana.libertaddigital.com/martes-de-carnaval-1276235683.html
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« Respuesta #3 : Lunes 03 de Noviembre de 2008, 12:43 »

lunes 3 de noviembre de 2008
El siglo del exterminio 
   C√©sar Vidal

 Para millones de personas, la referencia a los campos de concentraci√≥n en los que la vida humana carec√≠a de valor y los encarcelados se extingu√≠an irremisiblemente en medio de un infierno de trabajos forzados, malos tratos e incluso medidas encaminadas directamente a ocasionar la muerte remite de manera ineludible a la Alemania nazi. Sin embargo, a pesar del terrible y sobrecogedor drama que signific√≥ el nazismo y el Holocausto, lo cierto es que no fueron Hitler y sus seguidores los √ļnicos que se valieron de los campos como sistema de represi√≥n o que llegaron a utilizarlos como m√©todo directo de exterminio.

El comunismo, bendecido por el papanatismo, el silencio y la maldad de millares de comentaristas e historiadores, tambi√©n cont√≥ con su red de campos de concentraci√≥n que creci√≥ en paralelo a otros destinados meramente al exterminio. Bikin, Vinitza, Katyn o Zhabarovsk deber√≠an despertar en nuestras conciencias la misma repulsi√≥n que Treblinka, Chelmno o incluso Auchswitz. Si no es as√≠ se debe a la acci√≥n combinada de la ignorancia y de la defensa (¬°a estas alturas!) de un sistema que ocasion√≥ m√°s de cien millones de muertos y es que, lamentablemente, Lenin y la URSS s√≥lo fueron el inicio de un sistema represivo de campos que inspir√≥ posteriormente a chinos y polacos, h√ļngaros y yugoslavos, norcoreanos y vietnamitas, cubanos y camboyanos. Sin embargo, no s√≥lo los totalitarismos se aprovecharon de este universo concentracionario.

Monarqu√≠as liberales como la brit√°nica y la espa√Īola ya dieron pasos en esa direcci√≥n durante las guerras de los boers y de Cuba respectivamente. Ni una ni otra persegu√≠an exterminar a sus oponentes sino tan s√≥lo quebrar su capacidad de resistencia. El resultado fue empero desastroso, como tambi√©n sucedi√≥ en relaci√≥n con los japoneses internados en Estados Unidos despu√©s de Pearl Harbor. La presente obra constituye una gu√≠a muy detallada sobre ese siglo de los campos ‚Äďtriste sobrenombre para un per√≠odo de cien a√Īos‚Äď en el que los culpables principales fueron los reg√≠menes totalitarios (primero el comunista, luego en repugnante imitaci√≥n el nazi) pero en el que las democracias no siempre supieron resistir a la tentaci√≥n de contribuir con sus c√≠rculos particulares a la creaci√≥n de un infierno sin precedentes hist√≥ricos.


J. Kotek y P. Rigoulot, Los campos de la muerte. Cien a√Īos de deportaci√≥n y exterminio, Barcelona, Salvat, 845 p√°ginas.
 
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« Respuesta #3 : Lunes 03 de Noviembre de 2008, 12:43 »

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« Respuesta #4 : Lunes 03 de Noviembre de 2008, 12:54 »

El Caso Arriola     
 
 
 
 1. Quince preguntas sin respuesta 
   Federico Jim√©nez Losantos


1. ¬ŅPor qu√©, tras comprobar que su despacho hab√≠a sido asaltado, el asesor presidencial Pedro Arriola no present√≥ inmediatamente ante la polic√≠a la correspondiente denuncia?

2. ¬ŅPor qu√© todav√≠a hoy no sabemos qui√©n la present√≥ y qu√© d√≠a y qu√© se denunci√≥?

3. ¬ŅPor qu√© el Ministro del Interior, Angel Acebes, rest√≥ importancia al robo sin haber atrapado a los culpables ni saber el uso que hab√≠an hecho de la informaci√≥n robada?

4. ¬ŅPor qu√© se pidi√≥ (con √©xito) a tres periodistas que no contaran la noticia del robo, y por qu√© se trat√≥ de impedir posteriormente (sin √©xito) que la publicara El Mundo?

5. ¬ŅPor qu√©, unos d√≠as antes de saltar el esc√°ndalo, ABC denunci√≥ editorialmente el espionaje a que se estaba sometiendo a algunos aspirantes a la sucesi√≥n de Aznar y se pidi√≥ ‚Äďno quedaba claro a qui√©n‚Äď que se dedicara a sus asuntos de despacho?

6. ¬ŅPor qu√© Rato denunci√≥ a algunos medios de comunicaci√≥n, pero no a la polic√≠a, que se le quer√≠a implicar en un l√≠o de faldas con una joven... que result√≥ ser su hija? ¬ŅQui√©n le quer√≠a implicar, c√≥mo lo hab√≠an fotografiado, qui√©n se lo cont√≥ a √©l?

7. ¬ŅPor qu√© se dijo que los ladrones pod√≠an buscar datos sobre las conversaciones del Gobierno y ETA (que los etarras tienen y han publicado), sobre las relaciones del Gobierno y Telef√≥nica en tiempos de Villalonga (que tiene Villalonga) o sobre una ‚Äúmacroencuesta‚ÄĚ sobre la popularidad de los sucesores de Aznar (de las que se publican todas las semanas en todos los medios), cuando lo √ļnico que pod√≠a tener inter√©s para los ladrones era el informe reservado sobre los candidatos que acompa√Īaba a la encuesta?

8. ¬ŅQui√©n investig√≥ y con qu√© fondos a tres o siete candidatos a la sucesi√≥n de Aznar para elaborar ese informe de Arriola reservado al presidente del PP y del Gobierno?

9. ¬ŅParticip√≥ el CESID o participaron agentes suyos en la elaboraci√≥n de datos para ese informe confidencial de Arriola al Presidente? ¬ŅLo sab√≠a Dezcallar? ¬ŅLo hizo saber?

10. ¬ŅSe espi√≥ a los posibles sucesores de Aznar con mandamiento judicial o con la excusa de protegerlos? ¬ŅSe avis√≥ a los interesados ‚Äúpara que no se preocuparan‚ÄĚ?

12. ¬ŅSe utiliz√≥, para elaborar estos informes, alguna agencia de investigaci√≥n privada, como la Krol para el ‚ÄúInforme Crillon‚ÄĚ sobre Mario Conde? ¬ŅEspa√Īola o extranjera?

13. ¬ŅEstaba al tanto el CESID de que Arriola guardaba informaci√≥n confidencial en su despacho? ¬ŅTen√≠a alguna clase de vigilancia? ¬ŅPudo filtrarse este hecho a Marruecos?

14. ¬ŅPor qu√© desde Moncloa y desde G√©nova han filtrado intoxicaciones como que s√≥lo se hab√≠a robado una colecci√≥n de plumas o que hab√≠a sospechas sobre Celia Villalobos?

15. ¬ŅCu√°l es el papel de Fernando Vilches en la empresa de Arriola, en la denuncia y en la investigaci√≥n de los candidatos a la sucesi√≥n? ¬ŅQu√© relaci√≥n conserva con Aznar?

 
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« Respuesta #5 : Lunes 03 de Noviembre de 2008, 13:22 »

CR√ďNICA NEGRA
Criminales que se benefician de sus crímenes
Por Francisco Pérez Abellán
 Estamos desorientados en lo relacionado con el mundo de la delincuencia. Los m√°s agudos se han quedado en los tiempos de Maricasta√Īa, cuando Concepci√≥n Arenal se vest√≠a de hombre para ir a la universidad. No nos pasa lo mismo a los que hemos le√≠do los cuentos polic√≠acos de la Pardo Baz√°n y adorado la triste ternura de Rosal√≠a de Castro.

Hemos visto a los criminales pasar de dar muerte a los que estorban a hacerlo por mero placer, hemos pasado de los a√Īos del franquismo al galismo gallin√°ceo de los GAL. Los grandes hombres empezaron a robar, como Luis Rold√°n, director general de la Guardia Civil, y a cometer otros delitos, como el doctor honoris causa Mario Conde. A los delincuentes de cuello blanco no se les aplic√≥ la misma justicia que a los espa√Īoles de a pie: aunque no devolvieron el beneficio, fueron pronto excarcelados.
 
Se dice que un presunto espía sabe presuntamente dónde está el botín del director de la Guardia Civil. Se llama Paesa y lo localizaron los periodistas en París, pero la maquinaria judicial no se ha engrasado para capturarle. Nadie ideó un aparataje similar al que capturó al abogado Rodríguez Menéndez en Buenos Aires querido, cuando yo te vuelva a ver.
 
Las calles est√°n trufadas de chicos en te√≥rica reinserci√≥n, es decir, adscritos por la burocracia reinante al proyecto de mejor√≠a silenciosa. El Asesino de la Catana trabaja en Asturias por obra y gracia de una asociaci√≥n evang√©lica. El Asesino de Orihuela, que cumple los dieciocho a√Īos, despu√©s de haber estrangulado a los catorce a la princesita asi√°tica de su colegio, sale reinsertado como si tal cosa. Los criminales de Sandra Palo se preparan para un juicio por desacato mientras el m√°s peque√Īo deambula por ah√≠ sin siquiera una pulsera de situaci√≥n.
 
Los centros de menores, donde no hay necesidad de mayor control, son una m√°quina de reinserciones como la c√°rcel apagada, quieta y velada a los periodistas, con sus misterios y tr√°ficos. Pasas unos a√Īos tras las rejas y sales como nuevo, reformado, amable y con estudios.
 
Lo √ļltimo es la magnificaci√≥n de un asesino, el Solitario: se presta gran atenci√≥n a las palabras de su madre conmovida y se leen las cartas que compuso en su celda portuguesa, unas misivas pretendidamente po√©ticas que revelan un descarnado antisocial que trata de presentarse como libertador. Un hombre solo contra la banca. Habr√≠a colado de no ser porque le condenaron por el  asesinato de dos guardias civiles, dos agentes de tr√°fico que le dieron el alto porque velaban por la seguridad en las carreteras. Ni siquiera pensaban estar ante el buitre humano que disparaba a los empleados de los bancos que atracaba si no le daban suficiente dinero.
 
Incluso hay periodistas que se presentan como amigos de los asesinos y son encumbrados por el circo medi√°tico. Se hacen especialistas en arrebatar confidencias a asesinos comunes o a criminales terroristas. Todos ellos encuentran consuelo y comprensi√≥n. Con estos Tuc√≠dides verborreicos y de v√≠a estrecha se embellecen los actos horrorosos, se rebaja la culpa sat√°nica, se endulza el af√°n de venganza. Los criminales tienen voz en prime time y la sociedad, perpleja, intenta comprender por qu√© se habla de grandes psic√≥patas con las manos manchadas de sangre como si fueran personajes del mundo del coraz√≥n. El Solitario se las da de rockero heavy-metal y no renuncia del todo a la chuler√≠a que exhib√≠a en sus asaltos. Le pillaron con la barba, el arma del crimen, el chaleco y todo lo dem√°s cuando se dispon√≠a a entrar en un banco, pero todav√≠a hay quien duda: ¬Ņpretend√≠a atracar o estaba dando un paseo? ¬ŅEra d√≠a de atraco o la fiesta de Halloween? La furgoneta en la que dorm√≠a cuando sal√≠a a cosechar euros llevaba placas falsas, ¬Ņpara despistar o por capricho?
 
Hace tiempo que la cr√≥nica rosa se ti√Īe de negro, como cuando se filtraron las fotos policiales de la Pantoja, o los negocios turbios de Juli√°n Mu√Īoz, por cierto la entrevista mejor pagada de la televisi√≥n. En otros pa√≠ses las leyes impiden que los criminales se beneficien de sus cr√≠menes. En Espa√Īa los grandes ladrones no devuelven nada, e incluso a veces cobran por contarnos sus noches fr√≠as, en las que toda incomodidad tiene su asiento. Los plat√≥s son el patio de Monipodio, al que los partidos env√≠an a sus servidores y la c√°rcel a sus reinsertados. Se practica el matonismo, la complacencia, el morbo m√°s descarado por parte del que m√°s tiene que ocultar. En plena salsa de coraz√≥n, se piden a√Īos de c√°rcel por estafa y en un tel√©fono m√≥vil suena el taconeo de Farruquito, otro reinsertado despu√©s de atropellar hasta la muerte a un peat√≥n mientras circulaba sin carn√©. "¬°Ay, qu√© buen recluso fue Farruco entre tacones y palmas!".
 
Todo empez√≥ en Am√©rica, con el Bandido de la Luz Roja, que escrib√≠a libros desde su celda para que le produjeran enormes beneficios econ√≥micos. ¬ŅEra Caryl Chessman el verdadero bandido? Brigitte Bardot pon√≠a morritos, como cuando defiende a los animales contra los peleteros, y Sartre, lleno de n√°usea, abanderaba a la intelectualidad pasada de victimolog√≠a para escudarse en el rechazo de la pena de muerte. En Europa hicieron campa√Īa para que Chessman no cumpliera la m√°xima pena. Mientras, √©l romp√≠a las listas de best sellers con sus novelas de desheredado que se ve obligado a delinquir. La primera llevaba por t√≠tulo el n√ļmero de su celda, las siguientes hablaban de que el chico era un asesino y de que la ley lo quer√≠a muerto. La miseria le hab√≠a empujado a vigilar a los novios cuando se amaban dentro de un coche, a sacarlos a rastras, a violar a las chicas. Todo fue fruto de un pasado de carencias, hay que comprenderlo.

El Solitario tenía una colección de armas letales. Planeaba sus asaltos con una perfección muy profesional. Ahora ha encandilado periodistas, a los que trata de convencer de que, a pesar de todo, encarna a un bandido romántico. Como el Vivillo o Candelas. Ni él ni el desalmado de la luz roja tienen nada de sentimentales. Tras el Solitario hay currantes heridos de bala, servidores de la ley asesinados; bajo la luz roja del hombre de la linterna, mujeres que quedaron rotas, vivas pero muertas. Traumatizadas e inservibles para una existencia normal. Chessman bajó por ello a la cámara de gas; el Solitario, en cambio, sube al cielo de la popularidad. Los periodistas no son inocentes.



FRANCISCO P√ČREZ ABELL√ĀN, presentador del programa de LIBERTAD DIGITAL TV CASO ABIERTO.

http://findesemana.libertaddigital.com/criminales-que-se-benefician-de-sus-crimenes-1276235679.html
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