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Autor Tema: Ismael Medina, Golpismo contunuado, (II)  (Leído 1609 veces)
RosaNegra
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« : Viernes 31 de Octubre de 2008, 15:01 »

viernes 31 de octubre de 2008
Golpismo continuado (II)

Ismael Medina

Y A expliqu√© en otras cr√≥nicas que la Leyes Fundamentales del Estado Nacional, una forma de constituci√≥n abierta en alguna medida similar a la brit√°nica, dejaba la puerta abierta para sucesivas reformas del sistema pol√≠tico, incluso la traslaci√≥n a uno de partidos pol√≠ticos. Franco era consciente de su inevitabilidad una vez que muriera. Lo impon√≠an los poderes mundialistas, ansiosos por generalizar en todo el orbe reg√≠menes democr√°ticos convencionales y domesticados, aunque lo fueran s√≥lo en la forma y no en la plenitud de ejercicio. La m√°xima preocupaci√≥n de Franco era que el traslado se realizara progresivamente, de manera pac√≠fica y con un Jefe de Estado permanente como centinela y √°rbitro. Fue la causa de que se decidiera tempranamente por la forma mon√°rquica en la esperanza de que una buena educaci√≥n dispensada a su sucesor bloquear√≠a los genes mal√©ficos de los Borbones. Franco, en definitiva, crey√≥ que en la futura e inevitable democratizaci√≥n ser√≠a √ļtil la funci√≥n de una monarqu√≠a al estilo brit√°nico.

CARRERO NO ERA UN OBST√ĀCULO PARA EL POSTFRANQUISMO DEMOCR√ĀTICO

EL nombramiento del almirante Carrero Blanco obedec√≠a al antedicho planteamiento. Contrariamente a las interpretaciones que proliferaron tras el transacionismo democratizador, la misi√≥n encomendada por Franco a Carrero no era la de perpetuar el r√©gimen, sino garantizar un cambio pac√≠fico con el respaldo de las instituciones y de las Fuerzas Armadas en particular. Conviene releer con atenci√≥n en este aspecto su breve y enjundioso testamento pol√≠tico en el que ped√≠a para el futuro rey la misma confianza de que √©l hab√≠a gozado. Fue la causa de que Carrero y su entorno liberalista ‚Äďson ilustrativas al respecto las memorias de L√≥pez Rod√≥, por ejemplo- se dieran durante los √ļltimos a√Īos de vida de Franco, con la inestimable ayuda del SECED, al dise√Īo nuclear de los futuros partidos, incluido el llamado socialismo del interior, encabezado por Felipe Gonz√°lez. El mecanismo dispuesto lo sintetizar√≠a Torcuato Fern√°ndez Miranda con su aseveraci√≥n de que a la Ley suceder√≠a la Ley, remedo del ‚Äúatado y bien atado‚ÄĚ de Franco del que tan falaces interpretaciones menoscabadoras han proliferado.

Otra enigm√°tica frase de Franco tambi√©n ha sido objeto de burlescas interpretaciones. Me refiero al ‚Äúno hay mal que por bien no venga‚ÄĚ en ocasi√≥n de la muerte del presidente del gobierno, Carrero Blanco, cuyos inductores, partidarios de la ruptura en vez de la reforma, creyeron err√≥neamente que con su asesinato se hundir√≠a el franquismo y se dar√≠a paso a un refer√©ndum sobre monarqu√≠a o rep√ļblica, tal y como se hab√≠a pactado a√Īos antes con Juan de Borb√≥n y Battenberg y sucedi√≥ en Grecia. Lo expliqu√© en una lejana cr√≥nica, pero conviene recordarlo.

Franco hab√≠a conocido poco antes que Carrero, tan tenazmente mon√°rquico como antifalangista, hab√≠a ofrecido su dimisi√≥n al Pr√≠ncipe de Espa√Īa si as√≠ lo quer√≠a cuando fuese proclamado rey. Franco estaba informado de la frivolidad y los manejos de su sucesor, aunque ya era tarde para dar marcha atr√°s. El desconcertante nombramiento de Carlos Arias tras el asesinato de Carrero no obedeci√≥ a presiones palaciegas como se ha dicho, sino al convencimiento de que defender√≠a con denuedo lo previsto para el cambio del sistema pol√≠tico mediante sucesivas reformas de las Leyes Fundamentales. El c√©lebre ‚Äúesp√≠ritu del 12 de febrero‚ÄĚ, patrocinado por Arias, persegu√≠a allanar el camino en esa direcci√≥n. Mi gran amigo Lu√≠s Ja√ļdenes, que particip√≥ en su redacci√≥n junto a Gabriel Cisneros, entre otros, me relat√≥ posteriormente el intr√≠ngulis aperturista de su elaboraci√≥n, no otro que el garantizar el deseo de Franco de cambio progresivo y pac√≠fico.

LA PUERTA ABIERTA AL CAMBIO DE LAS ASOCIACIONES POL√ćTICAS

MURI√ď Franco y, tras su solemne e incumplido juramento de fidelidad a las Leyes Fundamentales del Reino, el monarca se dio con empe√Īo a forzar la dimisi√≥n de Carlos Arias. Y finalmente lo consigui√≥ al tiempo que se coc√≠an el enjuague y el enga√Īo para nombrar presidente del gobierno a Adolfo Su√°rez, convencido el monarca de que √©ste har√≠a lo que √©l quisiera, como as√≠ ser√≠a. Se produjo dentro del sistema un golpe de Estado t√°ctico, el cual cont√≥ con el respaldo previo del club de Bilderberg, seg√ļn qued√≥ claro en su reuni√≥n extraordinaria de septiembre de 1975 en Palma de Mallorca.

La aprobación por las Cortes de la Ley de Reforma Política y su posterior ratificación mediante referéndum desembocó en la legalización del sistema de partidos políticos, tal y como estaba previsto. Pero convienen algunas precisiones sobre como se fraguó tras las bambalinas.

La inexorabilidad del retorno al sistema de partidos pol√≠ticos era una convicci√≥n generalizada de la que, como he escrito, participaba el propio Franco. Y no s√≥lo se cocinaba a extramuros del r√©gimen. Tambi√©n, y de manera m√°s efectiva, desde su interior, aunque con criterios dispares. Los hab√≠a, sobre todo desde el acceso de Carrero Blanco a la presidencia del gobierno, que lo preparaban para la creaci√≥n de partidos que garantizasen el cambio progresivo y pac√≠fico deseado por Franco. Ya lo he explicado en m√°s de una ocasi√≥n. Pero los hubo que, incluso con anterioridad, se entend√≠an con los representantes en el exilio de los vencidos en la guerra, incluidos los comunistas. No eran dem√≥cratas ideol√≥gicamente consistentes, sino pol√≠ticos ambiciosos, no pocos con biograf√≠a de saltarines, que so√Īaban con aposentarse en los centros de poder una vez derribado o muerto Franco. Algunos de ellos en sus tiempos de embajadores en las naciones m√°s influyentes. Y otros, ex ministros o no, desde posiciones empresariales. Tampoco faltaron los que, desde la proximidad al todav√≠a Pr√≠ncipe de Espa√Īa o a su padre, negociaron con Santiago Carrillo. Entre √©stos, quienes se incorporaron a la llamada Junta Democr√°tica, contrarios a la reforma y postuladores de la ruptura. Un batiburrillo de ambiciones personales al acecho de las oportunidades que les pudiera proporcionar el cambio. ¬ŅFue en ese periodo cuando algunos de ellos se iniciaron en una u otra ramas de la francmasoner√≠a?

NO SE RESPET√ď EL TODOS MENOS LOS COMUNISTAS

LA √ļnica condici√≥n tajante de Franco respecto del futuro r√©gimen de partidos pol√≠ticos, o democracia inorg√°nica, fue que en ning√ļn caso existiera un partido comunista. Y si, como es de sobra conocido, Carrero Blanco era un anticomunista radical, resulta dif√≠cil entender que a sus espaldas, o a su sombra, el futuro rey enviara correos para conectar con Santiago Carrillo, tales que el general D√≠az Alegr√≠a. Ni que L√≥pez Bravo, a la saz√≥n ministro de Asuntos Exteriores, estableciera relaciones consulares con la Uni√≥n Sovi√©tica, tomara partido por la China comunista frente a la de Taiw√°n y algunas otras aproximaciones diplom√°tica de parejo cariz. Hombre inteligente como era L√≥pez Bravo, no pod√≠a ignorar que la existencia en Espa√Īa de consulados del otro lado del ‚Äútel√≥n de acero‚ÄĚ servir√≠a de plataforma para que sus agentes favorecieran al aparato comunista del interior que dominaban las ilegales Comisiones Obreras y contaba con nada ocultos apoyos en ambientes intelectuales e incluso cat√≥licos filiados a las teor√≠as postconiliares, a la Teolog√≠a de la Liberaci√≥n y, por supuesto, al taranconismo. ¬ŅFormaba parte ya del deshielo de la ‚Äúguerra fr√≠a‚ÄĚ que unas d√©cadas m√°s tarde desembocar√≠a en el desfondamiento de la URSS? ¬ŅO acaso interpretaron como opci√≥n estrat√©gica de pol√≠tica exterior el consejo que Franco diera a monse√Īor Cirarda durante el Concilio Vaticano II?

D√≠as atr√°s en el blog que, en Periodista Digital, mantiene Jos√© Francisco Fern√°ndez de la Cigo√Īa, inclu√≠a √©ste un breve y h√°bil obituario de monse√Īor Cirarda. Uno de los comentarios que suscit√≥, sin duda alguna escrito por buen conocedor de los entresijos pol√≠tico-eclesiales, relataba que en ocasi√≥n de un encuentro en El Pardo con monse√Īor Cirarda, Franco le aconsej√≥ que en el Concilio no condenaran el comunismo, sino el materialismo y el ate√≠smo. As√≠ sucedi√≥, aunque no creo que influyera este recado de Franco, el cual ven√≠a a decir que la condena del comunismo era materia que correspond√≠a al poder pol√≠tico y a la Iglesia lo que contraven√≠a los valores morales y su ortodoxia. La condena del materialismo y el ateismo no s√≥lo afectaba al marxismo y sus derivados, sino a cualesquiera otras ideolog√≠as que los practicaban y difund√≠an desde otras √≥pticas.

LOS HIJOS DEL FRANQUISMO Y LA REVOLUCI√ďN DEL 68

LA revoluci√≥n del 68 en Par√≠s, un gran fiasco ideol√≥gico protagonizado por universitarios de origen burgu√©s convertidos a√Īos despu√©s en clase dirigente capitalista o pont√≠fices de un progresismo deshuesado, se benefici√≥, no obstante, de una gran resonancia medi√°tica y del proclive altavoz de intelectuales con gran predicamento en la izquierda. Fue un producto pol√≠tico de exportaci√≥n del que se hicieron propagadores incendiarios numerosos profesores universitarios y de otros niveles educativos y del que se prendaron multitud de estudiantes que mimetizaron asimismo la moda desgarbada y anarcoide de la protesta norteamericana nacida en Berkeley.

Apuntaba Mart√≠n Prieto en ‚ÄúEl Mundo‚ÄĚ que no s√≥lo bastantes pol√≠ticos del centroderecha tuvieron padres franquistas de relieve. Tambi√©n numerosos dirigentes socialistas y de otras izquierdas anteriores y actuales proven√≠an de familias franquistas m√°s o menos relevantes o profesionalmente acomodadas al r√©gimen y que gracias a su posici√≥n familiar, pudieron estudiar y doctorarse en en las m√°s elitistas universidades norteamericanas y europeas. Una realidad innegable que explica el esfuerzo exasperado de unos y otros en hacer a Franco culpable de todos los males y en ocultar que la presunta democracia presente hered√≥ una Espa√Īa moderna, econ√≥mica y socialmente avanzada.

LOS BALBUCESO DEL CAMBIO

ERRARON quienes indujeron a ETA para que asesinara a Carrero Blanco, aunque a la postre sirviera ETA de pantalla para desviar la atenci√≥n de los que realmente volaron su autom√≥vil con una precisi√≥n y potencia explosivas muy afinadas. Carec√≠an asimismo de realismo pol√≠tico aqu√©llos que acusaban a Carlos Arias de ser una barrera para el tr√°nsito a la democracia de partidos. El mecanismo hacia una traslaci√≥n cautelosa, como pretend√≠a Franco, hab√≠a comenzado a√Īos antes, bajo la direcci√≥n de Carrero Blanco y era imparable. Los instigadores principales de las arremetidas contra Carlos Arias persegu√≠an forzar su dimisi√≥n para dejar al monarca libre de ataduras y convertir la reforma progresiva en ruptura encubierta. En autogolpe de Estado.

Al mecanismo de liberalizaci√≥n econ√≥mica iniciado por los tecn√≥cratas con el Plan de Desarrollo se unir√≠a el pol√≠tico, aunque de manera m√°s o menos cautelosa y entrecortada. La primera iniciativa en este sentido fue la elecci√≥n popular en las circunscripciones provinciales de los procuradores en Cortes del tercio familiar. Se produjo al propio tiempo una marcha hacia la europeizaci√≥n que culmin√≥ en el acuerdo preferencial con la Comunidad Econ√≥mica Europea logrado por Ullastres, muy ventajoso para Espa√Īa. Incluso m√°s que luego con integraci√≥n en la misma en tiempo del gobierno Calvo Sotelo. El primer gobierno de Carlos Arias promulg√≥ en 1974 la Ley de Asociaciones Pol√≠ticas. Configuraba un primer reconocimiento de los partidos pol√≠ticos, aunque formalmente en el seno de la Secretar√≠a General del Movimiento. Hay quien sostiene que el reconocimiento de las asociaciones pol√≠ticas equivali√≥ a un golpe de Estado t√°ctico, aunque en realidad se trat√≥ de una reforma facilitada por la Leyes Fundamentales. Carlos Arias declaraba en enero de 1976 su creencia en la virtualidad y conveniencia de dicha reforma y su decisi√≥n de hacerla firme en el plazo m√°s breve posible.

Y en este punto conviene un inciso destinado a recordar que bajo el manto unificador del Movimiento Nacional, surgido del Decreto de Unificaci√≥n de 1937, conviv√≠an , conservando sus se√Īas de identidad, las fuerzas pol√≠ticas que se hab√≠an unido al alzamiento de julio de 1936 contra la sovietizaci√≥n de Espa√Īa. Las Apuntaciones de Antonio Castro Villaca√Īas sobre los gobiernos de Franco confirman que √©stos eran en realidad de coalici√≥n cuyo equilibrio se ajust√≥ en cada momento a las circunstancias internas y a exigencias de pol√≠tica internacional.

LOS MU√ĎIDORES DE LA RUOPTURA DESARBOLARON LAS PREVISIONES

EL esquema de partidos para el postfranquismo dise√Īado en tiempos de Carrero Blanco se ahormaba, como ya expliqu√©, sobre dos grandes partidos, uno de corte gaullista, es decir, neofranquista, y otro socialista del interior de corte socialdem√≥crata, a los que dar√≠an cr√©dito democr√°tico Fuerza Nueva, por la derecha, y alguna minor√≠a pseudomarxista, como la de Tierno Galv√°n, por la izquierda. Pero la Ley de Asociaciones Pol√≠ticas de Carlos Arias provoc√≥ una floraci√≥n de peque√Īos partidos conservadores, reformistas, liberales, progresistas y veladamente radicales promovidos por personajes que, en su mayor√≠a, hab√≠an jugado provechosamente sus cartas en el seno del franquismo.

Uni√≥n del Pueblo Espa√Īol, presidido por Adolfo Su√°rez, agrupaba en su direcci√≥n a un buen n√ļmero de ex ministros y personajes conocidos del Movimiento Nacional, del que Su√°rez se erigir√≠a en secretario general una vez desparecido Herrero Tejedor. Aparec√≠a como el partido dominante que capitanear√≠a la transici√≥n tranquila hacia una convencional democracia parlamentaria de partidos Se daba por seguro que tendr√≠a tras de s√≠ una masa consistente de los votos de lo que luego se dio en llamar el ‚Äúfranquismo sociol√≥gico‚ÄĚ. Se presum√≠a, asimismo, que, conforme al esquema de Carrero Blanco y a los deseos del monarca, el PSOE encabezado por Felipe Gonz√°lez (el socialismo del interior nacido en el seno del r√©gimen y desprendido del socialismo hist√≥rico en el exilio), acaparar√≠a los votos de la izquierda y cumplir√≠a la funci√≥n de partido de alternativa en el gobierno. Una r√©plica a la sueca que atra√≠a a Juan Carlos I desde a√Īos antes de la muerte de Franco y que consideraba esencial para la consolidaci√≥n de la monarqu√≠a.

La multitud de los otros y min√ļsculos partidos emergidos al socaire de la Ley de Asociaciones estaban irremisiblemente destinados al fracaso electoral, a su absorci√≥n por los partidos dominantes o a una funci√≥n parlamentaria de merco acompa√Īamiento minoritario. La peor parte se la llevar√≠a Falange Espa√Īola de las JONS, reconstituida bajo la direcci√≥n de Raimundo Fern√°ndez Cuesta y Manuel Vald√©s, una vez que su posible base electoral la acaparaba Uni√≥n del Pueblo Espa√Īol y al propio tiempo se la disputaba Fuerza Nueva que torpemente hab√≠a asumidos los signos externos derivados del Decreto de Unificaci√≥n de 1937. Esa otra Falange testimonial, desprovista de cobertura oficial y enrocada en un retorno a los or√≠genes en vez de definir una opci√≥n ideol√≥gica de futuro, no tardar√≠a en sufrir excisiones m√°s o menos puristas, favoreciendo el juego ‚Äúdemocr√°tico‚ÄĚ que precisaba enarbolar el coco de un extremismo presuntamente de ultraderecha en el que justificarse.

COMIENZA EL BAILE DESEADO POR EL MONARCA

RESULTAR√ćA enojoso enumerar los m√°s de doscientos partidos que emergieron en aquel periodo. Aludir√© si acaso a los que integraron el Partido Popular, nacido en noviembre de 1976. Su germen estaba en el en el grupo democristiano que firma publicaba sus art√≠culos en el diario ‚ÄúYa‚ÄĚ bajo la firma colectiva de T√°cito. Parad√≥jicamente, y muestra de la confusi√≥n ideol√≥gica que prevalec√≠a, el citado Partido Popular lo encabezaban Jos√© Mar√≠a de Areilza y P√≠o Cabanillas que de democristianos ten√≠an lo que yo de budista. Dos marrajos pol√≠ticos con brillante trayectoria durante el r√©gimen de Franco y encaramados al gobierno Su√°rez (Partido Popular que tras el congreso de febrero de 1977 se convertir√≠a en Centro Democr√°tico), el primero saltimbanqui pol√≠tico descarado y el segundo sinuoso como una serpiente, casi siempre tras de Manuel Fraga, pero que al propio tiempo hab√≠a montado un eficaz grupo pol√≠tico-financiero del que, entre otros, formaban parte el incombustible Rodolfo Mart√≠n Vila y Juan Jos√© Ros√≥n. Pero el Centro Democr√°tico, en el que el Partido Popular hab√≠a perdido sus se√Īas de identidad democristianas, comprendi√≥ que su viabilidad electoral era harto limitada sin pactar con Su√°rez.

El monarca deseaba desarbolar el neofranquismo impl√≠cito en Uni√≥n del Pueblo Espa√Īol y disponer de un partido de masas bajo su control. Lo satisfizo mediante una doble operaci√≥n conjuntada: el enga√Īo al Consejo Nacional del Movimiento para hacer a Su√°rez presidente del Gobierno; y su escapada de la presidencia de Uni√≥n del Pueblo Espa√Īol para crear y encabezar un partido propio. As√≠ nacer√≠a el Centro Democr√°tico, luego Uni√≥n de Centro Democr√°tico, en el que se integrar√≠an otros peque√Īos partidos, algunos de ellos, como el de Francisco Fern√°ndez Ord√≥√Īez, de un sedoso y oportunista te√Īido socialdem√≥crata.

El monarca se vali√≥ de Torcuato Fern√°ndez Miranda, estudioso y admirador de Maquiavelo, para llevar a Su√°rez a la presidencia del gobierno. No lo ocult√≥ tras la reuni√≥n del Consejo Nacional que compon√≠an, por este orden de votos, Federico Silva Mu√Īoz, Gregorio L√≥pez Bravo y Adolfo Su√°rez. Dijo a los periodistas: ‚ÄúEstoy en condiciones de ofrecer al Rey lo que el Rey me ha pedido‚ÄĚ.

Muchos ignaros de la personalidad de Su√°rez se han preguntado por la confianza extrema que el monarca deposit√≥ en Su√°rez, de quien Tr√≠as Segnier ha recordado que nunca hab√≠a escrito una cuartilla a lo largo de su vida pol√≠tica. Pues por eso precisamente. Hab√≠a prestado determinados servicios en las escapadas de tapadillo al Palacio de Riofr√≠o del entonces Pr√≠ncipe de Espa√Īa cuando era gobernador civil de Segovia. Y como a un Borb√≥n no se le puede negar olfato, aunque sea corto de inteligencia, Juan Carlos cal√≥ a Adolfo Su√°rez y comprendi√≥ que era el el que mejor pod√≠a servirle como correa de transmisi√≥n de su estrategia ‚Äúdemocratizadora‚ÄĚ.

Sin entrar en un detallado relato de otros entresijos de la sucesión de golpes de Estado tácticos y técnicos, que desembocarían el el golpe de Estado constitucional, y para una mejor comprensión de todo lo antedicho, concluiré esta segunda entrega cnn una relación cronológica de los hechos más significativos.

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