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Autor Tema: Ismael Medina, Golpismo continuado (I)  (Leído 1314 veces)
RosaNegra
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« : Viernes 31 de Octubre de 2008, 18:26 »

viernes 31 de octubre de 2008
Golpismo continuado (I)

Ismael Medina

驴 SE caracteriza el gobierno Rodr铆guez por la pr谩ctica de un golpismo continuado? Mi respuesta es afirmativa. Pero debo explicarlo dada la complejidad conceptual del golpe de Estado.

Es lo habitual y t贸pico que se identifique el golpe de Estado con una acci贸n militar encaminada a un cambio radical de las instituciones y, por consiguiente, del sistema pol铆tico establecido. Pero existen numerosas aportaciones de las ciencias pol铆ticas y sociales que hacen posible distinguir diversas formas de golpismo sin intervenci贸n o con el respaldo de las Fuerzas Armadas, sea 茅ste expreso o t谩cito. Tambi茅n una acci贸n revolucionaria equivale a un golpe de Estado en cuanto subvierte el sistema institucional e impone el suyo. Pero no siempre un proceso revolucionario requiere de la violencia y del cambio de sistema pol铆tico. Se dan procesos revolucionarios positivos y negativos favorecidos desde el poder del Estado.

El concepto de golpe de Estado, nacido en Francia, tard贸 en ser adoptado en Espa帽a, sustituyendo al propio de pronunciamiento. Para el caso es lo mismo en cuanto vulneraci贸n o sustituci贸n del orden institucional definido por la Constituci贸n o Ley Suprema. Lo cual propone la cuesti贸n de si existe de hecho un golpismo practicado desde la Jefatura del Estado, del gobierno o partes de la estructura estatal. Es lo que se ha dado en llamar autogolpe.

DE LAS DIVERSAS FORMAS DE GOLPE DE ESTADO

CURZIO MALAPARTE se anticip贸 con su 鈥淭ecnica del colpo di Stato鈥 (1930), traducido al espa帽ol a帽os m谩s tarde, a muchos polit贸logos y soci贸logos en la distinci贸n entre diversas formas de golpismo. Distingu铆a Malaparte entre acciones de cambio institucional ejecutadas por partes integradas institucionalmente en el Estado y las realizadas por sectores pol铆ticos, y por ende civiles, mediante operaciones encaminadas desestabilizar el gobierno, provocar la inestabilidad social y ocupar el poder. Y no fue el el protagonizado por Hitler y su partido el 煤nico cuyo golpismo estuvo precedido por una inequ铆voca legitimaci贸n electoral. El golpe de Estado incruento del general Primo de Rivera, al que Malaparte dedica muy sugestivas p谩ginas, lo fue a instancias del monarca Alfonso XIII, es decir, desde la Jefatura del Estado.

Existen, adem谩s, golpes de Estado que modifican el orden constitucional sin necesidad de cambiar el gobierno ni derivar de una coacci贸n militar. Conviene aludir a algunas de estas otras formas de golpismo. Una de ellas es el llamado golpe de Estado t谩cito. Se trata de acciones de cambio m谩s o menos revolucionarias ejecutadas desde el gobierno a instancias de grupos de presi贸n a los que se debe. Con independencia de que la proclamaci贸n de la II Rep煤blica fue la consecuencia de una golpe de Estado revolucionario, favorecido por la huida del monarca, conviene recordar que el radical laicismo de la Constituci贸n de 1931, am茅n de otras perturbadoras incorporaciones, se debi贸 a la imperativa exigencia del Gran Oriente de Espa帽a, un poderoso grupo de presi贸n al que pertenec铆an, cuando menos, 146 diputados de las Cortes Constituyentes.

Tambi茅n existe el llamado golpe de Estado t茅cnico en buena medida similar al anteriormente descrito. Nada cambia en apariencia respecto a la estructura institucional preexistente. Subsisten formalmente las instituciones b谩sicas del Estado real o presuntamente democr谩tico. Pero uno o varios poderosos grupos de presi贸n, distintos de la Jefatura del Estado y del Ejecutivo, consiguen que 茅stos den forma legal a sus intereses y conveniencias. Es frecuente, asimismo, que en este tipo de golpes de Estado t谩cticos jueguen un papel determinante la arbitrariedad, la incompetencia o la debilidad de quienes ostentan las altas magistraturas del Estado. La interconexi贸n entre esas distintas fuerzas, a las que no son ajenas como instrumentos de presi贸n las crisis econ贸micas provocadas o estimuladas, golpe de Estado especulativo se dice, desemboca en procesos an谩rquicos que desguazan de contenido y solidez al Estado de Derecho que encuentra respaldo y justificaci贸n dial茅ctica en subordinados o vendidos grupos de presi贸n medi谩ticos.

Otra forma de golpe de Estado es el llamado institucional. Se trata del promovido por quienes ostentan el poder pol铆tico, encaminado a un cambio de sistema sin que ello implique el desplazamiento de la autoridad que lo incita ni de las instituciones bajo su control, aunque s铆 la debilitaci贸n de aqu茅llas que por su capacidad operativa, caso de las Fuerzas Armadas, podr铆an poner freno a sus desmanes. Es el motivo, por ejemplo, de que desde un principio yo decidiera llamar acci贸n institucional a lo sucedido el 23 de febrero de 1981.

DEL GOLPISMO CONSTITUCIONAL RETROACTIVO

LA ejecutoria de Rodr铆guez desde que accedi贸 al poder nos sit煤a ante un proceso encadenado de golpismo en el que comparecen y se mezclan varias de las formas anteriormente enumeradas. Es el motivo de que me haya detenido en la descripci贸n sucinta de las diversas teor铆as sobre el golpe de Estado.

El fallecimiento de Juan Manuel Reol Tejada, primer presidente de la comunidad aut贸noma de Castilla y Le贸n ha dado ocasi贸n para un amplio y tard铆o despliegue sobre su personalidad y ejecutoria pol铆tica. De la exhumaci贸n de algunos de sus textos creo oportuno recoger 茅ste: 鈥淪e est谩 perdiendo el esp铆ritu de consenso de la Transici贸n. Ahora el Gobierno se fija en la Constituci贸n de 1931, no tanto en la de 1978. Es un error. El T铆tulo VIII no acert贸 al dejar la puerta abierta a este tipo de carrera por usurpar m谩s competencias del Estado鈥.

驴Y por qu茅 no acertaron los redactores de la Constituci贸n de 1978 a cerrar esas cr铆ticas puertas hacia la disoluci贸n del Estado y de Espa帽a? Por la sencilla raz贸n de que tambi茅n para ellos, o para los m谩s influyentes, fueron referencia la Constituci贸n de 1931 y el modelo marxista de 鈥渄emocracia avanzada鈥. De ah铆, por ejemplo, la introducci贸n del perturbador t茅rmino 鈥渘acionalidades鈥 a instancias de Enrique Tierno Galv谩n y del siempre corrosivo Miguel Rodr铆guez y Herrero de Mi帽贸n, hombre de la Trilateral y hoy asociado al soberanismo vascongado. Exist铆a el compromiso previo, ya pactado durante la lejana reuni贸n de Munich, del restablecimiento de los estatutos de Catalu帽a y Vascongadas. Pero su reconocimiento constitucional requer铆a enmascararlo de alg煤n modo. La soluci贸n la ofreci贸 el arribista Adolfo Su谩rez con su famoso 鈥渃af茅 para todos鈥. Aunque eso s铆, de calidad para Catalu帽a y Vascongadas y de achicoria para los dem谩s. El desalmado T铆tulo VIII, fustigado por Reol, desat贸 la presumible carrera en pelo entre unas y otras taifas. Las de achicor铆a quer铆an el caf茅 de calidad de catalanes y vascongados. Y a medida que se les conced铆an algunas, estas otras exig铆an m谩s para mantener su condici贸n privilegiada. Un lamentable sistema electoral que convierte a las minor铆as secesionistas en imperativos grupos de presi贸n ha facilitado el progreso hacia un impreciso y nefando federalismo, o confederalismo, mediante el que Rodr铆guez pretende enlazar con el modelo sovietizador del primitivo socialismo y su sue帽o de reinstaurar la II Rep煤blica como si la historia se hubiese parado en 1936 贸 1939.

Un sustancioso art铆culo de Franciso Sosa Wagner (鈥淓l Tribunal de Garant铆as y otras a帽oranzas鈥. 鈥淓l Mundo鈥, 12.09.2008) nos sit煤a ante la equivalencia politizada de aquel Tribunal de Garant铆as con el actual Tribunal Constitucional, al que tambi茅n cabr铆an los juicios emitidos sobre el primero por el diputado Royo Villanova (un Tribunal inncesario, pues para ejercer su funci贸n valdr铆a mejor el Tribunal Supremo, como en los Estados Unidos) o por Indalecio Prieto ( 鈥淓l Tribunal equivaldr谩 en el sistema institucional al ap茅ndice en el sistema intestinal: no servir谩 m谩s que para producir c贸licos鈥). Tambi茅n recuerda Sosa Wagner, como lo hizo a帽os atr谩s Juli谩n Mar铆as y he recordado m谩s de una vez, que las garant铆as constitucionales estuvieron suspendidas durante casi todo el periodo republicano mediante leyes de excepci贸n, como la de Orden P煤blico, que convert铆an en un 贸rgano ocioso aquel pintoresco Tribunal de Garant铆as, un traje institucional confeccionado con retazos partidistas. El actual Tribunal Constitucional responde a parejos criterios pol铆ticos, aunque se hayan edulcorado con exigencias m谩s o menos aleatorias de cualificaci贸n jur铆dica de sus componentes. Lo confirman sus reiteradas sentencias partidistas, en ocasiones escandalosas.

DEL GOLPE DE ESTADO REVOLUCIONARIO DE 1931 Y DE LOS QUE SIGUIERON

HEMOS llegado a la actual situaci贸n a trav茅s de un largo rosario hist贸rico de golpes de Estado. Pero como lo que pretende Rodr铆guez con descaro es el empalme con la II y la III Rep煤blicas me limitar茅 a enumerarlos a partir de su instauraci贸n en 1931.

El c贸mputo final de las elecciones de abril de 1931 daban el triunfo a los partidos mon谩rquicos. Pero los primeros resultados en grandes ciudades, favorables a los partidos de izquierda, fueron aprovechados por 茅stos para la ocupaci贸n revolucionaria de las calles, cuyo 茅xito se vio completado por el abandono de Alfonso XII al verse desasistido por aquellos que gozaban de su confianza. Se trat贸 sin duda alguna de un golpe de Estado revolucionario al que se pretendi贸 otorgar patente de legitimidad con la convocatoria de Cortes Constituyentes.

La izquierda no se resign贸 a que unas futuras elecciones dieran el triunfo a la derecha y amenaz贸 reiteradamente con lanzarse a la revoluci贸n si esa eventualidad se produc铆a. Y como ese fuera el signo de las elecciones de 1933, la prepararon de inmediato con alijos de armas, organizaci贸n de sus milicias y huelgas generales cuyas dilaciones t谩cticas aguaron en buena parte de Espa帽a el entusiasmo de los muchos llamados a protagonizarlas. Fue la causa de que la sangrienta revoluci贸n de octubre de 1934 s贸lo tuviera el eco presumido en Asturias y Catalu帽a. La equ铆voca pusilanimidad de Alcal谩 Zamora impidi贸 que la derrota de los revolucionarios sirviera de purga disuasoria. No tardaron los partidos y sindicatos de izquierda en organizarse para la revancha, mientras los grupos de acci贸n de su milicias se entrenaban con insistentes atentados y cr铆menes pol铆ticos ante la pasividad permisiva del gobierno Lerroux, condicionado por el pernicioso maniobrerismo del Presidente de la Republica.

En v铆speras de las elecciones de febrero de 1936 se cre贸 el Frente Popular en el que se un铆an todas las fuerzas de la izquierda. No se trat贸 de una iniciativa interna sino de un miembro del espionaje sovi茅tico (el libro en que lo relata no lo encuentro ahora entre mi revuelta biblioteca) destacado en Francia y, que para librarse de ser v铆ctima de una de las purgas estalinianas, ofreci贸 al Kremlin el estudio de ese operativo para adue帽arse de Espa帽a. Aquellas elecciones, que el Frente Popular gan贸 por reducida diferencia de votos sobre la derecha, estuvo jalonada por multitud de falseamientos de actas a punta de pistola u otras formas de coacci贸n o de trampas. Hubo sobrados motivos para declararlas nulas. Pero ya el gobierno estaba aquejado de una debilidad extrema. El proceso revolucionario comenz贸 de inmediato bajo el gobierno frentepopulista. Aquellas elecciones desembocaron en un golpe de Estado revolucionario impulsado desde el gobierno. Hab铆a nacido de hecho la III Rep煤blica, consumada en toda su dimensi贸n revolucionaria y sovietizadora en julio de 1936.

DE C脫MO EN 1936 LOS REVOLUCIONARIOS ESTIMULARON QUE SE PRECIPITARA LA ACCI脫N CONTRARREVOLUCIONARIA

NO es cosa de entrar en mayores datos confirmatorios. Pueden encontrarse en los libros de P铆o Moa y Ricardo de la Cierva, entre otros, con superabundancia de pruebas documentales. Pero s铆 anotar que el asesinato del diputado mon谩rquico Jos茅 Calvo Sotelo fue un inequ铆voco crimen de Estado. El gobierno y en particular el ministro de Gobernaci贸n, Casares Quiroga, e Indalecio Prieto eran conocedores d铆a a d铆a de los preparativos del general Mola, otros mandos militares y pol铆ticos de la derecha para un pronunciamiento que restableciera el orden constitucional de la Rep煤blica vulnerado por el Frente Popular. Con el asesinato de Calvo Sotelo se pretend铆a provocar esa reacci贸n frente al caos revolucionario en la convicci贸n de que su organizaci贸n era todav铆a incompleta y podr铆a ser f谩cilmente aplastada por los sectores militares afines al gobierno, por las fuerzas de orden publico, en particular la Guardia de Asalto, y de las milicias de los partidos y sindicatos del Frente Popular , sobre todo, preparadas y armadas para emprender una devastadora acci贸n revolucionaria en la primera quincena de agosto, bajo la direcci贸n de los 鈥渃onsejeros鈥 sovi茅ticos que hab铆a llegado subrepticiamente a Espa帽a durante los meses anteriores. No salieron las cosas como estaban programadas y la situaci贸n desemboc贸 en una guerra civil cuya prolongaci贸n durante tres a帽os se vio favorecida por los intereses estrat茅gicos de las grandes potencias que se preparaban para afrontar una inminente guerra mundial. La Uni贸n Sovi茅tica quer铆a una Espa帽a roja y subordinada a la espalda de Europa. Alemania una Espa帽a af铆n que cerrara el acceso al Mediterr谩neo. Francia una Espa帽a socialista a su medida. Y Gran Breta帽a y los Estados Unidos nada de eso, motivo por el que apoyaron de manera encubierta y muy eficaz al naciente Estado Nacional encabezado por Franco.

Franco eludi贸 entrar en la guerra mundial. Pese a m煤ltiples y onerosas circunstancias adversas (la menor no fue la necesidad de superar las terribles carencias de un pa铆s asolado por la contienda) el naciente Estado Nacional se fue dotando de un sistema constitucional abierto, las Leyes Fundamentales, y del esfuerzo colectivo favorecido desde el gobierno, del cual result贸 un positivo proceso revolucionario. Me refiero a la creaci贸n de una extensa y nueva clase media al amparo de un sostenido desarrollo econ贸mico y social. Una clase media sin cuya existencia, como m谩s de una vez he se帽alado, habr铆a sido imposible la transici贸n pac铆fica desde un r茅gimen peculiar de presidencialismo vitalicio al impuesto por los poderes internacionales de totalitarismo partitocr谩tico coronado.

DE LA ABERRANTE TENTACI脫N DE HACER VIRTUAL LO QUE NO FUE

A uno y otro lado de las trincheras pol铆ticas se ha especulado con la posible evoluci贸n de los acontecimientos si el Frente Popular revolucionario hubiese ganado la guerra. Lo que no fue se convierte en fantasmogor铆a por mucho que Rodr铆guez y sus secuaces se empecinen en restaurar lo que perdieron sus abuelos. Con independencia de que se habr铆an reproducido en el resto de Espa帽a las matanzas indiscriminadas y selectivas que protagonizaron en los espacios territoriales bajo el dominio del Frente Popular, poco se ha dicho de lo que habr铆a acaecido en el plano internacional, especialmente respecto de la guerra mundial desatada pocos meses despu茅s de terminada la nuestra.

El contenido del volumen dedicado a Espa帽a de los Archivos Secretos de la Wilhemstrasse, publicados en los cincuenta bajo patrocinio norteamericano, pone de manifiesto que la ayuda del III Reich y de la URSS a una un otra zona durante nuestra contienda no s贸lo se hac铆a bajo la exigencia de contrapartidas econ贸micas inmediatas: con cesiones mineras sobre todo en el caso del III Reich y el expolio de los recursos financieros (el llamado 鈥渙ro de Mosc煤鈥) por parte sovi茅tica. Tambi茅n, y me parece m谩s importante, esa ayuda fluctuaba en la misma medida que avanzaban o se retrasaban las negociaciones entre Ribbentrop y Molotov para el pacto entre ambas potencias que finalmente se suscribir铆a. Al amparo de ese acuerdo una Espa帽a definitivamente roja habr铆a colaborado parad贸jicamente con el III Reich de igual manera que hicieron los partidos comunistas europeos, en particular el franc茅s, hasta que Hitler cometi贸 el error estrat茅gico de invadir la URSS. 驴Habr铆an eludido los aliados occidentales asentar sus fuerzas expedicionarias en Espa帽a? No lo creo. Los ej茅rcitos sovi茅ticos estaban lejos y ocupados plenamente en resistir el empuje alem谩n. Habr铆amos sido v铆ctimas de un situaci贸n de inestabilidad y confusi贸n similar a la de la Italia tras la invasi贸n. Fue la causa de que las potencias occidentales prefirieran sostener a Franco como garant铆a de que su neutralidad les resultar铆a a la postre m谩s beneficiosa.

Franco muri贸 en la cama como Jefe del Estado espa帽ol y dejando tras de s铆 un proceso de evoluci贸n interna que, a trav茅s de la aplicaci贸n de las Leyes Fundamentales, conducir铆a de manera progresiva al establecimiento del r茅gimen de partidos impuesto por el poder mundialista y comprometido por su sucesor a t铆tulo de Rey. Pero tales previsiones se alteraron tras la aprobaci贸n de la Ley de Reforma Pol铆tica y desembocaron en el autogolpe de Estado de 1977. Pero de lo acontecido a partir del mismo y de los que se han urdido desde entonces a hoy me ocupar茅 la semana pr贸xima. Hacerlo ahora desembocar铆a en una cr贸nica extensa en demas铆a.
 
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« : Viernes 31 de Octubre de 2008, 18:26 »

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